Especialistas explican que una planificación adecuada de la alimentación permite evitar estos trastornos digestivos y mejorar la eficiencia del engorde intensivo

Ambos trastornos son consecuencia de fallas en el manejo nutricional/ Foto: Publiagro
Ambos trastornos son consecuencia de fallas en el manejo nutricional/ Foto: Publiagro

La adaptación del ganado al sistema de confinamiento es una de las etapas más importantes para garantizar el éxito del engorde intensivo. Un manejo inadecuado durante este proceso puede desencadenar problemas metabólicos como la acidosis ruminal y el timpanismo, dos trastornos que comprometen la salud de los animales, disminuyen el desempeño productivo y, en casos severos, pueden provocar la muerte.

Según el ingeniero Ameth Loaiza Ibáñez, asesor tecnico de confinamiento, estos problemas son, en la mayoría de los casos, consecuencia de una mala adaptación de los bovinos a dietas con alta concentración de granos.

«Cuando tenemos una mala adaptación se generan problemas de acidosis y timpanismo. Esos son los resultados de una transición inadecuada. Una buena adaptación no tiene que reflejarse con esos problemas dentro del confinamiento. Cuando registramos cero casos de estas patologías significa que estamos haciendo bien nuestro trabajo».

La importancia de una transición gradual

El ingreso de un bovino al confinamiento implica un cambio importante en su alimentación. Los animales pasan de consumir principalmente pasturas y forrajes a recibir dietas con una elevada proporción de concentrados energéticos, especialmente maíz y otros granos, con el objetivo de acelerar la ganancia de peso.

Sin embargo, este cambio no puede realizarse de forma brusca. El rumen necesita un período de adaptación para que la población de microorganismos que interviene en la digestión pueda modificar su composición y procesar eficientemente los nuevos alimentos.

Si este proceso no se respeta, aumenta rápidamente la producción de ácidos dentro del rumen, disminuye el pH y se altera el equilibrio de la fermentación, dando origen a la acidosis ruminal.

Acidosis: un trastorno silencioso que reduce la productividad

La acidosis ruminal es un desorden metabólico provocado principalmente por el consumo excesivo y repentino de alimentos ricos en almidón y carbohidratos de rápida fermentación. Al producirse una acumulación de ácido láctico, el ambiente ruminal se vuelve más ácido, afectando la actividad de las bacterias benéficas responsables de la digestión.

Los especialistas explicaron que una de las formas más prácticas de detectar este problema es mediante la observación diaria de las heces.

«El animal tiene dificultades para procesar el grano y eso se refleja en las heces. Muchas veces vemos animales con la cola sucia, materia fecal muy líquida, de olor fétido y abundancia de moscas alrededor. Es una señal de alerta que no debe pasar desapercibida».

«Cuando tenemos una mala adaptación se generan problemas de acidosis y timpanismo. Esos son los resultados de una transición inadecuada. Una buena adaptación no tiene que reflejarse con esos problemas dentro del confinamiento. Cuando registramos cero casos de estas patologías significa que estamos haciendo bien nuestro trabajo»

Una transición inadecuada de dietas puede provocar acidosis y timpanismo/ Foto: Publiagro
Una transición inadecuada de dietas puede provocar acidosis y timpanismo/ Foto: Publiagro

Además de estos signos, los bovinos pueden presentar disminución del consumo de alimento, apatía, pérdida de peso, deshidratación, menor ganancia diaria de peso y reducción en la eficiencia de conversión alimenticia. En casos más graves pueden aparecer cojeras por laminitis, fiebre, postración e incluso la muerte.

Desde el punto de vista económico, la acidosis representa pérdidas importantes porque retrasa el crecimiento de los animales, incrementa los costos veterinarios y prolonga los días necesarios para alcanzar el peso de faena.

Timpanismo: una emergencia que requiere atención inmediata

Otro de los riesgos asociados a una mala adaptación es el timpanismo ruminal, conocido también como empaste o meteorismo. Esta condición ocurre cuando los gases producidos durante la fermentación no pueden ser eliminados normalmente mediante el eructo, acumulándose dentro del rumen y provocando una fuerte distensión abdominal.

«El bovino se muestra inquieto, se echa y se levanta constantemente porque siente dolor. Se observa el lado izquierdo del abdomen muy abultado debido a la acumulación de gases», explicó.

A medida que aumenta la presión dentro del rumen, el animal presenta dificultad para respirar, deja de comer, muestra ansiedad, salivación excesiva y respiración acelerada. Si no recibe atención oportuna, la compresión sobre los pulmones y el corazón puede provocar la muerte por asfixia en pocas horas.

En situaciones de extrema gravedad, cuando los métodos convencionales para liberar los gases no son efectivos, el médico veterinario puede recurrir a una descompresión de emergencia mediante el uso de un trocar o, en casos específicos, una intervención quirúrgica denominada rumenotomía. Se trata de procedimientos que únicamente deben ser realizados por personal capacitado para evitar complicaciones.

La prevención comienza con el manejo

Los especialistas coinciden en que tanto la acidosis como el timpanismo son enfermedades prevenibles mediante un adecuado programa de adaptación nutricional.

Para ello, recomiendan incrementar gradualmente la cantidad de concentrado durante un período de entre 14 y 21 días, mantener suficiente fibra efectiva en la dieta para estimular la rumia y la producción de saliva, garantizar agua limpia y permanente, respetar horarios regulares de alimentación y monitorear diariamente el comportamiento, el consumo y la consistencia de las heces.

Asimismo, destacan la importancia de formular las raciones con asesoramiento técnico y evitar cambios bruscos en los ingredientes o en la cantidad de alimento suministrado.

«Con una buena adaptación se evita todo esto. El objetivo del confinamiento no es únicamente lograr una alta ganancia de peso, sino hacerlo preservando la salud y el bienestar de los animales», concluyó el ingeniero Loaiza.

Fuente: Ameth Loaiza Ibáñez

Redacción: Publiagro