Los cambios bruscos de humedad, los desequilibrios nutricionales y el estrés térmico son factores clave en la aparición del rajado del fruto

El agrietamiento o rajado de la sandía es uno de los problemas más frecuentes que enfrentan los productores durante la etapa de llenado y maduración del fruto. Aunque a simple vista puede parecer un daño aislado, en realidad es el resultado de una combinación de factores relacionados con el manejo del agua, la nutrición, las condiciones climáticas y las características fisiológicas del cultivo.

Especialistas explican que el fenómeno ocurre cuando la presión interna del fruto aumenta más rápido de lo que la cáscara puede soportar. En otras palabras, cuando la pulpa se expande aceleradamente y la corteza no tiene suficiente resistencia o elasticidad para acompañar ese crecimiento, se producen grietas que afectan la calidad comercial de la sandía y generan importantes pérdidas económicas para los productores.

Los cambios bruscos de humedad, una de las principales causas

Entre los factores más determinantes se encuentran los riegos irregulares y las lluvias intensas después de periodos de sequía.

Cuando un suelo permanece seco durante varios días y posteriormente recibe una gran cantidad de agua, las raíces absorben humedad de manera rápida, provocando una expansión acelerada de la pulpa del fruto. Este aumento repentino de la presión interna puede terminar rompiendo la cáscara.

De igual manera, los cambios bruscos entre déficit y exceso hídrico generan desequilibrios en el desarrollo de la fruta, aumentando considerablemente el riesgo de agrietamiento.

El equilibrio nutricional es fundamental

La nutrición también juega un papel decisivo en la resistencia de la cáscara. De acuerdo con las recomendaciones técnicas, los excesos de nitrógeno durante la etapa de llenado pueden estimular un crecimiento demasiado rápido del fruto, mientras que las deficiencias de calcio y potasio reducen la firmeza y resistencia de los tejidos.

El calcio es esencial para fortalecer las paredes celulares y mejorar la estructura de la cáscara, mientras que el potasio participa en la regulación osmótica y en el equilibrio hídrico de la planta.

Por ello, los especialistas recomiendan disminuir las aplicaciones de nitrógeno durante las etapas finales del desarrollo del fruto y reforzar el suministro de calcio y potasio para mejorar la resistencia al rajado.

Las altas temperaturas también influyen

Otro factor asociado al problema es el estrés térmico. Las temperaturas elevadas y las fuertes variaciones entre el día y la noche pueden afectar la elasticidad natural de la cáscara, haciéndola más susceptible a las rupturas.

En condiciones de calor extremo, la planta modifica su metabolismo y la distribución del agua dentro del fruto, situación que puede favorecer la aparición de grietas, especialmente cuando se combina con fluctuaciones en la humedad del suelo.

«Cuando la pulpa se expande aceleradamente y la corteza no tiene suficiente resistencia o elasticidad para acompañar ese crecimiento, se producen grietas que afectan la calidad comercial de la sandía y generan importantes pérdidas económicas para los productores»

Problemas fisiológicos y drenaje deficiente

Los especialistas también señalan que algunos frutos presentan predisposición natural al agrietamiento debido a problemas fisiológicos, como crecimientos desiguales o la formación de cavidades internas.

A ello se suma el mal drenaje del suelo. Los terrenos saturados o con encharcamientos prolongados favorecen una absorción excesiva de agua por parte de las plantas, incrementando nuevamente la presión interna del fruto y elevando el riesgo de rajaduras.

Medidas para reducir el agrietamiento en campo

Frente a esta problemática, los técnicos recomiendan implementar estrategias de manejo preventivo que permitan mantener un crecimiento equilibrado de los frutos.

Entre las principales medidas destacan mantener una humedad constante en el suelo, evitando cambios bruscos entre sequía y exceso de agua; reducir los riegos pesados que generan saturación del perfil; y asegurar un adecuado drenaje para prevenir encharcamientos.

Asimismo, se aconseja mantener un balance nutricional adecuado, disminuyendo las dosis de nitrógeno durante el llenado de frutos y fortaleciendo los aportes de calcio y potasio para mejorar la firmeza de la cáscara. La aplicación de silicio también puede contribuir a reforzar las paredes celulares y aumentar la resistencia de los tejidos.

Un manejo integral para proteger la calidad del fruto

Los especialistas coinciden en que el agrietamiento de la sandía no responde a una sola causa, sino a la interacción de diversos factores agronómicos. Por ello, el manejo integrado del riego, la nutrición y las condiciones del suelo se convierte en la herramienta más efectiva para reducir las pérdidas.

La ecuación es clara: cuando existe un aumento de la presión interna acompañado de una baja resistencia de la cáscara, el riesgo de agrietamiento se incrementa significativamente. En consecuencia, mantener un desarrollo equilibrado del fruto es fundamental para garantizar una producción de mayor calidad y valor comercial.

Redacción: Publiagro