Tras dejar la fruticultura y enfrentar pérdidas, plagas y desafíos técnicos, un productor de El Zanjón convirtió el cultivo de claveles en una alternativa que hoy abastece mercados del departamento de Santa Cruz

Entre montañas, caminos rurales y parcelas trabajadas durante años en la comunidad El Zanjón, en el municipio de El Mataral de Pampagrande, comenzó a crecer una historia distinta. Donde antes predominaban los cultivos tradicionales de fruticultura y horticultura, hoy el paisaje se llena de color con cientos de claveles que florecen como resultado de la perseverancia, la paciencia y la capacidad de volver a empezar.

Detrás de este emprendimiento está Don Santos Menacho, productor que decidió cambiar el rumbo de su trabajo agrícola para apostar por un cultivo poco común en la región: las flores.

No fue una decisión improvisada. Fue una idea que nació hace años, acompañada de sueños, pruebas y también de tropiezos. Lo que hoy se observa como una producción consolidada tuvo un inicio difícil, marcado por pérdidas y aprendizajes.

“Esta ha sido una idea que siempre teníamos, el anhelo de tener estas flores y lo hemos cumplido. Pero nos ha costado bastante, eso sí que nos ha costado muela, como se dice, aquí en los valles”, cuenta entre risas, aunque detrás de esas palabras se perciben años de insistencia y trabajo.

El primer intento no tuvo el resultado esperado. Las plantas no lograron prosperar y gran parte de la producción se perdió. Sin embargo, lejos de abandonar el proyecto, Don Santos decidió buscar nuevas alternativas y volver a intentarlo.

Recuerda que uno de los primeros pasos fue reunir recursos para invertir nuevamente.

“Lo primero que hicimos fue juntar platita para hacer las compras de los plantines o de los esquejes de España”.

Aquella decisión significó apostar nuevamente por un sueño que ya antes habían intentado construir. Hace aproximadamente quince años también habían cultivado claveles.

“Ya habíamos plantado claveles que nos vendió el señor Jaime Pinto, pero no duró mucho. Tuvimos inconvenientes por las plagas, todas esas cosas, y no pudimos progresar mucho. Ahora estas son plantas nuevas, hemos dejado la agricultura y ya estamos en este rubro nomás metidos”.

Con nuevos esquejes traídos desde España y aplicando mejores prácticas de manejo, el proyecto comenzó a cambiar. El monitoreo constante, el cuidado diario y la experiencia acumulada permitieron que las plantas se adaptaran y empezaran a producir flores de buena calidad.

Aunque hoy la producción muestra resultados alentadores, el camino también exigió incorporar aspectos técnicos que antes no formaban parte de su rutina agrícola.

Uno de los primeros pasos fue estudiar el comportamiento del terreno.

Don Santos explica que iniciaron realizando análisis de suelo para conocer si las plantas podían adaptarse a las condiciones del lugar. Los resultados fueron favorables y comprobaron que el suelo era adecuado para el cultivo.

Sin embargo, apareció otro desafío inesperado: el agua.

Descubrieron que contenía cierto nivel de salinidad que afectaba el desarrollo de las plantas. Con ajustes y correcciones lograron superar el problema y convertir esa experiencia en conocimiento para las siguientes campañas.

“Esta ha sido una idea que siempre teníamos, el anhelo de tener estas flores y lo hemos cumplido. Pero nos ha costado bastante, eso sí que nos ha costado muela, como se dice, aquí en los valles”

Los esqueje los hizo traer de España/ Foto: Red Valles, Radio y TV
Los esqueje los hizo traer de España/ Foto: Red Valles, Radio y TV

Como ocurre en muchos cultivos, las plagas y enfermedades también pusieron a prueba la continuidad del emprendimiento.

“Normalmente conocemos aquí como la polilla, el pájaro, la roya y también en cuestión de bichos, el trip y el gusanito que es de la mosca de la fruta, eso, y cuesta eso sacarlo”.

Controlar estos factores se convirtió en una tarea permanente, porque en la producción floral cada detalle importa.

Don Santos explica que la calidad final define la aceptación del producto en el mercado.

“Lo que tiene que estar es sanita, la vara, todo eso, y no hay problema. Pero si tiene enfermedades, ahí tiene problema ya uno¨.

Actualmente, los claveles producidos en El Zanjón abastecen principalmente al mercado de Santa Cruz, además de llegar a Vallegrande, Samaipata, Comarapa y otras zonas.

La cosecha se realiza dos veces por semana durante todo el año y cada plantación mantiene su productividad entre dos y tres años.

En Bolivia, la producción de claveles todavía es limitada y gran parte de las flores comercializadas llegan desde Cochabamba, región que comparte características climáticas similares con los valles cruceños. Por ello, iniciativas como la de Don Santos muestran nuevas oportunidades de diversificación productiva para las familias agricultoras.

Pero más allá de las cifras y los mercados, esta historia habla de algo más profundo: de aprender después del fracaso, de insistir cuando las plantas se pierden, de cambiar de rubro cuando el corazón todavía cree en una idea.

“Al inicio es muy difícil, hasta conocer el cultivo, hasta llegar a acostumbrarse con este tipo de plantaciones, porque eso es lo que ha costado bastante, el mercado y con las plagas, con las enfermedades”.

Hoy, en medio de los valles de Pampagrande, las flores no solo representan una cosecha. También son la prueba de que algunos sueños necesitan tiempo, paciencia y muchas temporadas para finalmente florecer.

Fuente: Red Valles, Radio y TV

Redacción: Publiagro