En el marco del lanzamiento de la cosecha del café cruceño 2026, realizado en la comunidad El Salao, el protagonismo no solo estuvo en los avances del sector, sino en quienes hacen posible esta cadena productiva: los productores.
Desde distintas experiencias, pero con un mismo objetivo —producir café de calidad—, agricultores de la región compartieron cómo trabajan día a día en sus fincas, combinando técnica, esfuerzo y una visión de sostenibilidad.
Uno de ellos es David Villegas, propietario de la Hacienda Parabanó, quien junto a su familia ha desarrollado un proceso completo que va desde la cosecha hasta el producto final.
“El café se cosecha en cereza, cuando está bien rojo, en su punto. Ahí comienza todo”, explica. A partir de ese momento, el grano pasa por un proceso que incluye lavado, despulpado, fermentación, secado natural y posterior trilla, hasta quedar listo para el tostado y consumo.
En su propiedad también elaboran café tipo “honey”, un proceso diferenciado en el que el grano se seca sin lavado, conservando azúcares naturales que aportan características especiales en taza.
Con cerca de cuatro años en la actividad, la familia Villegas pasó de experimentar con 1.500 plantines a consolidar entre tres y tres hectáreas y media de cultivo. Hoy, el café Parabanó se comercializa en ferias locales, posicionándose como un producto emergente en el mercado cruceño.
“Es un trabajo de toda la familia. Queremos dejar esto como herencia para nuestros hijos”, afirma el productor, destacando el valor del café no solo como ingreso económico, sino como proyecto de vida.
Producción agroecológica y compromiso con el entorno
Desde la comunidad San Pedro, en el municipio de El Torno, el productor Andrés Polares representa otra cara de la caficultura: la apuesta por sistemas agroecológicos.
Con siete años en el rubro y cuatro hectáreas en producción, Polares cultiva distintas variedades como java, castilla e IPR-103, bajo un enfoque que prioriza el equilibrio con el medio ambiente.
“El café es un arte, pero también es una forma de cuidar la naturaleza. Crece bajo sombra, conserva el bosque, protege el agua y la fauna”, sostiene.
Su producción se basa en el uso de insumos biológicos, como la Beauveria bassiana y caldos minerales, para prevenir plagas como la broca, evitando el uso de agroquímicos.
“Lo biológico no cura, previene. Y eso también nos cuida a nosotros”, enfatiza.

El manejo del cultivo es intensivo: requiere mantenimiento constante, limpieza periódica y una cosecha manual que se extiende por varios meses.
“No madura todo al mismo tiempo, por eso cosechamos por etapas”, explica.
Además, resalta el impacto social del café en la comunidad, especialmente en la generación de empleo. “Se ocupa mucha mano de obra, sobre todo mujeres, que son muy hábiles para la cosecha”, señala.
Desafíos y visión de futuro
A pesar de los avances, los productores enfrentan desafíos importantes. Polares recuerda que el año pasado perdió una hectárea de cultivo debido a inundaciones, lo que evidencia la vulnerabilidad del sector frente a eventos climáticos.
En ese contexto, ambos productores coinciden en la necesidad de fortalecer el apoyo institucional y, sobre todo, motivar a las nuevas generaciones a involucrarse en la caficultura.
“Muchos productores ya somos mayores y no vemos suficiente interés de los jóvenes. Si no formamos relevo, esta actividad puede desaparecer”, advierte Polares.
Sin embargo, el potencial está claro. Tanto desde la producción familiar como desde los sistemas agroecológicos, el café cruceño se consolida como una alternativa sostenible, capaz de generar ingresos, preservar el entorno y construir futuro desde el campo.
Redacción: Publiagro



















