
Comprender los sistemas digestivo, respiratorio y sensorial de las aves permite optimizar alimentación, bienestar y rendimiento

El conocimiento de la fisiología y anatomía de las aves constituye un pilar fundamental para el desarrollo eficiente y sostenible de la producción avícola. Comprender el funcionamiento de los sistemas digestivo, respiratorio, reproductivo y cardiovascular permite a los productores tomar decisiones más acertadas en aspectos clave como la alimentación, el manejo sanitario, el bienestar animal y la optimización de los índices productivos.
La doctora Elizabeth Santin señala que, a diferencia de otros animales de producción, las aves presentan particularidades fisiológicas que influyen directamente en su rendimiento. Por ejemplo, su sistema digestivo está altamente especializado para procesar alimentos de rápida asimilación, mientras que su sistema respiratorio, aunque más eficiente, también es más sensible, lo que las hace vulnerables a factores ambientales como la ventilación deficiente o la alta concentración de gases. Asimismo, su anatomía liviana y adaptada al vuelo impacta directamente en su metabolismo y en sus requerimientos nutricionales.
“Gracias a la anatomía de las aves, entendemos la importancia de muchos manejos que hacemos en campo, entendemos como debe ser la nutrición y entendemos que eso es fundamental para tener una mejor productividad de los animales. Cuando se sabe cómo funciona el organismo animal, es más fácil adaptar las condiciones para que tengan la mejor performance”.
Sistema respiratorio del ave
El sistema respiratorio de las aves difiere significativamente del de los mamíferos, ya que se trata de un sistema abierto. Esto implica que, cuando el ave respira, el aire no solo cumple una función respiratoria, sino que también se relaciona con otros sistemas del organismo, como el digestivo y el reproductivo.
“Si tenemos un aire limpio, libre de amoníaco, un galpón que tenga una buena ventilación, va a ayudar a esos animales a no tener problemas por cuenta de un aire que no está adecuado a sus condiciones fisiológicas”.
Una de las principales ventajas de este sistema es su capacidad para extraer mayor cantidad de oxígeno de la atmósfera en comparación con los mamíferos, lo que favorece su alto metabolismo. Sin embargo, esta misma característica representa una desventaja, ya que cualquier agente contaminante o patógeno que ingrese por el aire puede afectar rápidamente a otros sistemas del organismo. Por ejemplo, el aire inhalado puede tener impacto directo en el intestino o en el tracto reproductivo, comprometiendo la salud y la productividad de las aves.

“Si tenemos un aire limpio, libre de amoníaco, un galpón que tenga una buena ventilación, va a ayudar a esos animales a no tener problemas por cuenta de un aire que no está adecuado a sus condiciones fisiológicas”


Sistema digestivo de las aves
El sistema digestivo de las aves se caracteriza por ser relativamente corto, lo que exige una alta eficiencia en los procesos de digestión y absorción de nutrientes. Para lograr esta eficiencia, es fundamental proporcionar alimentos con estructuras adecuadas que estimulen un correcto movimiento peristáltico y antiperistáltico, así como mantener un equilibrio óptimo de la microbiota intestinal y su relación con el sistema inmunológico.
En este contexto, las papilas gustativas del pollo, aunque poco visibles, cumplen un rol importante dentro de su fisiología, ya que influyen directamente en el consumo de alimento, la selección de dietas y, en consecuencia, en el rendimiento productivo.
A diferencia de los humanos, los pollos poseen un número reducido de papilas gustativas, estimado entre 200 y 350, localizadas principalmente en la lengua, el paladar y la base de la cavidad oral. Esta menor cantidad explica por qué su sentido del gusto es menos desarrollado; sin embargo, sí son capaces de percibir sabores básicos como dulce, salado, amargo y ácido.
En la producción avícola, es importante considerar que, aunque el pollo no es altamente selectivo, sí responde a ciertas características del alimento. Por ejemplo, tiende a rechazar sabores amargos o rancios, generalmente asociados a alimentos en mal estado o con presencia de toxinas. Por el contrario, muestra preferencia por sabores equilibrados o ligeramente dulces, lo que puede favorecer el consumo voluntario y mejorar los resultados productivos.
Conclusión
En este contexto, el dominio de estos conocimientos no solo permite mejorar la productividad —ya sea en carne o en postura—, sino también prevenir enfermedades, reducir pérdidas y garantizar condiciones adecuadas de manejo. Por ello, la formación técnica en fisiología y anatomía aviar se consolida como una herramienta estratégica para fortalecer la competitividad del sector avícola y responder a las crecientes demandas del mercado.
Redacción: Publiagro














