La soya, el maíz y el trigo alcanzan sus niveles más altos en meses impulsados por el petróleo y la incertidumbre global, un escenario que podría trasladarse gradualmente a los precios internos del agro boliviano

La escalada del conflicto en Medio Oriente está generando una fuerte reacción en los mercados internacionales de materias primas, llevando a los principales commodities agrícolas como la soya, el maíz y el trigo a sus niveles más altos en varios meses. Este escenario internacional no solo impacta en las grandes potencias agrícolas, sino que también puede tener efectos indirectos en economías productoras como Bolivia.

Según reportes de mercados internacionales, el precio de la soja superó los 440 dólares por tonelada en la Bolsa de Chicago, alcanzando su nivel más alto en casi dos años, mientras que el maíz y el trigo también registraron incrementos significativos, ubicándose en máximos de los últimos diez meses.

Uno de los principales factores que explica este comportamiento es la fuerte subida del petróleo, que llegó a incrementarse cerca de un 25 % ante la incertidumbre sobre el suministro energético global. Este aumento genera un efecto directo en los granos, especialmente en aquellos vinculados a la producción de biocombustibles, como la soja y el maíz.

Además, la incertidumbre geopolítica provoca que fondos de inversión internacionales se refugien en materias primas agrícolas, aumentando la demanda especulativa en los mercados de futuros. En las últimas semanas, los fondos incrementaron de manera significativa su posición compradora en commodities agrícolas, impulsando las cotizaciones de los granos en el mercado internacional.

“El aumento de los commodities agrícolas por el conflicto en Medio Oriente podría mejorar el valor de exportaciones, pero también presionar los costos y precios de alimentos en Bolivia”

Para Bolivia, país con una fuerte producción de soya, maíz y trigo, este escenario puede tener efectos mixtos. Por un lado, un incremento en los precios internacionales puede representar una oportunidad para los productores, ya que mejora la rentabilidad potencial de las exportaciones de granos y subproductos, especialmente del complejo sojero que es uno de los principales motores de la economía agroindustrial del país.

Sin embargo, también existe el riesgo de que estos incrementos terminen presionando los precios internos, particularmente en cadenas productivas que dependen de estos granos como insumos. En Bolivia, el maíz y la soya son fundamentales para la elaboración de alimentos balanceados destinados a la producción de carne de pollo, cerdo y ganado, por lo que cualquier variación significativa en su valor puede trasladarse al costo de producción pecuaria.

Otro aspecto a considerar es que el aumento del petróleo también impacta en costos logísticos, fertilizantes y transporte, lo que podría encarecer aún más la producción agrícola en la región. En el mercado internacional, por ejemplo, algunos fertilizantes como la urea han mostrado incrementos importantes en medio del conflicto, debido a las tensiones en las rutas comerciales energéticas.

A corto plazo, el impacto en Bolivia dependerá de factores internos como políticas de exportación, disponibilidad de granos en el mercado local y condiciones climáticas de la campaña agrícola. Si bien el alza internacional puede favorecer al productor, también exige una gestión equilibrada para evitar efectos inflacionarios en la cadena alimentaria.

En este contexto, los analistas coinciden en que el comportamiento de los commodities agrícolas seguirá marcado por la volatilidad, mientras el conflicto internacional continúe generando incertidumbre en los mercados globales. Para países productores como Bolivia, el desafío será aprovechar las oportunidades del mercado externo sin descuidar la estabilidad del abastecimiento interno.

Redacción: Publiagro