Edward Peña plantea un modelo de agricultura sustentable basado en pasturas, consorcios y rotaciones que apuntan a mejorar la materia orgánica y controlar la salinidad

Edwar Peña, un impulsor de hacer una agricultura sustentable desde el suelo / Foto: Publiagro
El nabo forrajero es uno de los mayores infiltradores en el suelo / Foto: Publiagro
Muestras de los diferentes sistema radiculares de los cultivos de cobertura / Foto: Publiagro
Una de las opciones es consorciar Sorgo y pasturas / Foto: Publiagro
En invierno consorciar con Girasol es una propuesta interesante / Foto: Publiagro

Edward Peña, gerente de Agroprecisión, fue enfático: el futuro de la agricultura en el norte de Bolivia depende de volver a cubrir los suelos.

El campo desnudo, explicó, se convierte en un enemigo silencioso. Bajo el sol, la superficie alcanza temperaturas de hasta 50 °C, lo que dispara la evaporación de agua y provoca que las sales de las napas freáticas asciendan y se cristalicen en superficie. El resultado: suelos cada vez más salinos y dañados por el sodio.

La primera línea de defensa es la materia orgánica y la cobertura. Pasturas como la braquiaria ruziziensis, decumbens, piatá o marandú actúan como una “alfombra protectora” que regula la temperatura, evita evaporación excesiva y mejora la infiltración de agua.

“Una braquiaria puede aportar hasta 21 toneladas de materia seca por hectárea en 5 meses, y eso se traduce en una tonelada más de rendimiento en la soya del verano siguiente”, puntualizó Peña.

Pero no se trata solo de lo que se ve arriba. Hasta la mitad de esa biomasa queda en las raíces, alcanzando profundidades de 2,5 a 3 metros, lo que multiplica la descompactación y la capacidad del suelo de almacenar nutrientes.

Siempre tenemos que tomar cuidado con la fertilización, la pastura se puede convertir en una competencia, como una maleza, y me afecta más de un 20% en el maíz y en el sorgo, si no se controla en el desarrollo, puede afectar hasta un 50% del potencial productivo del cultivo.

El desafío de la materia orgánica

Los suelos del norte apenas tienen 1,3% de materia orgánica, cuando lo ideal es superar el 2,5%. Subir ese indicador no es tarea fácil: se necesitan 100 toneladas de rastrojo seco por hectárea para incrementar apenas 0,5%.

Por eso, Peña insiste en que no se trata de soluciones rápidas, sino de una estrategia de largo plazo, combinando cultivos de servicio, pasturas y rotaciones ordenadas. La meta es lograr mayor infiltración, más microorganismos activos y menor dependencia de herbicidas gracias a la supresión de malezas que ofrece el rastrojo.

Consorcios de cultivos: la doble cosecha

Una de las propuestas más sólidas de Peña es el uso de consorcios de gramíneas y leguminosas.

  • En verano: maíz, sorgo o girasol consorciados con pasturas (braquiarias o ruziziensis).
  • En zafriña (60-70 días entre cosecha de soya y soya de invierno): cultivos de cobertura de alto aporte radicular como capín sudán, mijo o braquiarias.
  • Más adelante: incorporar leguminosas que fijan nitrógeno y aporten a la estructura del suelo.

La lógica es clara: el productor obtiene granos de renta y, al mismo tiempo, gana biomasa aérea y radicular que fortalece al suelo.

“El consorcio es una doble partida: cosechamos grano y producimos cobertura. Pero requiere manejo, porque si no controlo la pastura, puede competir y reducir hasta un 20% del rendimiento en maíz y hasta un 50% en sorgo”, advirtió Peña.

Comparación de temperatura en el suelo

Producción de biomasa de braquiaria (este de Bolivia)

Materia orgánica en suelos del norte

“La solución al deterioro de los suelos no pasa por más químicos, sino por entender cómo la cobertura, la biomasa y los consorcios de cultivos pueden devolver vida y productividad al campo”

La agricultura sustentable en el norte del país solo será posible si se rompe con el monocultivo y se avanza hacia esquemas de rotación, consorcio y cobertura permanente. De esta manera, se mantiene la salinidad bajo control, se fortalece la estructura del suelo y se asegura la productividad a largo plazo.

Ningún monocultivo es sustentable. La cobertura y la biomasa son nuestra mejor herramienta para devolverle vida al suelo”, remarcó.

Redacción: Publiagro