
En la comunidad de San Antonio, en el municipio de Yapacaní, la historia de vida de don Claudio Quiebra Chiri refleja el camino de muchos productores que han sabido reinventarse frente al paso del tiempo y las dificultades del entorno rural. Antiguo productor arrocero y pequeño ganadero, hoy, ya en una etapa de mayor edad, ha encontrado en la piscicultura una nueva forma de sustento y continuidad de trabajo familiar.
Su vida ha estado siempre ligada al campo, a la producción y al esfuerzo diario. Sin embargo, como él mismo relata, fue el contacto con nuevas experiencias laborales lo que despertó su interés por la crianza de peces, un oficio que aprendió de manera práctica y que, con el tiempo, se convirtió en su principal actividad productiva.
«Trabajaba yo como empleado mensual, pero he visto la vida del pescador… y he aprendido ahí cómo hacer prácticas técnicas. Entonces me decidí, pero no tenía mi capital, pero me decidí a buscar… Entonces aquí tenemos ocho pozas, no solamente de mí, sino toda mi familia trabaja con todos mis hijos».
Ese paso hacia la piscicultura no fue sencillo. Sin capital propio, don Claudio comenzó de a poco, con esfuerzo y apoyo de terceros, construyendo un pequeño emprendimiento que hoy involucra a toda su familia. En su relato, se percibe no solo la historia de un productor, sino la de un hombre que apostó por no rendirse.
Sin embargo, como muchos productores del país, enfrenta actualmente un escenario económico complejo que impacta directamente en su actividad.
«Ahorita nos ha afectado todo: el diésel, la gasolina también, que necesitamos para bombear con motobomba, y ahora para traslado de alimentos, la movilidad también que yo tengo¨.
Señala que también el alimento para los peces subió de precio, antes costaba 70, 80 la bolsa, y ahora cuesta 180.

El incremento de costos ha reducido los márgenes de ganancia y ha puesto a prueba la sostenibilidad de la producción piscícola. Aun así, don Claudio insiste en que el esfuerzo continúa, aunque con mayores dificultades para mantener el ritmo productivo.
Más allá de los desafíos económicos, su trabajo también está guiado por un enfoque técnico y natural de la producción. En su pequeña unidad productiva, apuesta por una crianza sin químicos, basada en alimentos naturales y prácticas tradicionales adaptadas a su experiencia.
«La vida del pescado es para mucho de hablar, técnicamente. Ahora tenemos que ver la alimentación para el pueblo o para la gente que consume el pescado más dulce… como técnico sabemos cómo criar, especialmente este pescado, como natural y no utilizamos químicos, solamente alimentos».
Incluso en momentos de escasez, don Claudio recurre a alternativas sencillas para sostener la alimentación de los peces, reflejando la creatividad y resiliencia de los pequeños productores rurales.
«Y a veces cuando los alimentos escasean, siempre nos da plátano y con eso alimentamos a los peces, les gusta el plátano».
La historia de don Claudio Quiebra Chiri no es solo la de un piscicultor, sino la de un hombre de campo que ha transitado distintas etapas de la producción rural, que ha enfrentado cambios económicos, y que hoy, junto a su familia, sigue apostando por el trabajo honesto en la tierra y el agua.
En medio de dificultades, su experiencia refleja una realidad compartida por muchos pequeños productores del país: la capacidad de adaptarse, reinventarse y seguir adelante, aun cuando las condiciones no siempre juegan a favor.
Fuente: Claudio Quiebra Chiri, Radio y TV Ichilo
Redacción: Publiagro




















