Mantener un cultivo libre de malezas desde el inicio del ciclo productivo se ha convertido en uno de los principales desafíos de la agricultura actual. Si bien años atrás el control previo a la siembra era relativamente sencillo gracias a la alta eficacia del glifosato, la realidad ha cambiado debido a la aparición y expansión de malezas resistentes que han evolucionado genéticamente y ya no pueden ser controladas mediante una sola herramienta química.
Lucas Paterlini, ingeniero agrónomo y especialista en manejo de malezas, señala que el concepto tradicional de barbecho ha quedado atrás para dar paso a lo que hoy se conoce como «barbecho moderno», una estrategia que exige mayor planificación, integración de tecnologías y el uso combinado de distintos mecanismos de acción para lograr resultados efectivos.
«En el pasado, una aplicación de glifosato era suficiente para controlar la mayoría de las malezas, independientemente de su tamaño o estado de desarrollo. Sin embargo, la creciente presencia de especies resistentes ha obligado a los productores a modificar sus esquemas de manejo», explicó.
Actualmente, el barbecho debe iniciarse con mezclas de herbicidas que complementen la acción del glifosato, generen sinergias y amplíen el espectro de control tanto sobre malezas de hoja ancha como sobre gramíneas.
El especialista destacó que una de las prácticas que ha ganado terreno es el denominado «doble golpe», una estrategia que consiste en realizar una primera aplicación con glifosato combinado con herbicidas sistémicos o de translocación y, posteriormente, entre siete y doce días después, efectuar una segunda aplicación con herbicidas de contacto o desecantes. Esta segunda intervención permite eliminar aquellas plantas que lograron sobrevivir al primer tratamiento.
Además, recomienda incorporar en esa segunda aplicación herbicidas residuales preemergentes.
«Estos productos forman una barrera protectora sobre el suelo que impide o reduce la germinación de nuevas malezas, disminuyendo la presión de infestación durante las etapas iniciales del cultivo, cuando el control de especies resistentes suele ser más complejo y costoso», indicó.
Barbecho moderno e integración de estrategias
El barbecho moderno también promueve una visión más integral del manejo agrícola. En este sentido, la incorporación de cultivos de cobertura juega un papel fundamental. Estas especies generan una capa de residuos vegetales o paja sobre la superficie del suelo que actúa como una barrera física contra la emergencia de malezas, al mismo tiempo que aporta beneficios relacionados con la conservación de la humedad, la protección del suelo y la mejora de su estructura.
«La combinación de cultivos de cobertura, herbicidas postemergentes, herbicidas residuales preemergentes y la rotación de mecanismos de acción constituye actualmente una de las estrategias más eficientes para enfrentar el problema de las malezas resistentes», afirmó Paterlini.

«No tenemos que pensar solamente en matar la planta. Tenemos que evitar que nazca. Debemos actuar de manera proactiva y también aplicar productos que impidan su germinación, al menos durante el período inicial después de la siembra, para que la soya pueda ganar la competencia en los primeros días de su desarrollo»


Este enfoque integrado no solo mejora la eficacia del control, sino que también contribuye a prolongar la vida útil de las herramientas químicas disponibles y a construir sistemas productivos más sostenibles a largo plazo.
La resistencia, una consecuencia de la capacidad de adaptación de las malezas
Las malezas poseen una amplia base genética que les permite adaptarse rápidamente a las distintas prácticas de manejo implementadas por los productores. Esta característica explica por qué la resistencia a herbicidas se ha convertido en uno de los principales desafíos de la agricultura moderna.
«Cuando un mismo herbicida se utiliza de manera repetitiva durante varios años, se genera una fuerte presión de selección sobre las poblaciones de malezas. Aunque la mayoría de las plantas son controladas, siempre existe un pequeño porcentaje que logra sobrevivir debido a características genéticas particulares», señaló.
Esas plantas sobrevivientes producen semillas y transmiten esa capacidad de tolerancia a las nuevas generaciones. Con el paso del tiempo, los individuos resistentes se multiplican, se dispersan por los lotes y pueden transformar una infestación aislada en un problema generalizado dentro de una finca. Cuando esto ocurre, el herbicida que antes era eficaz deja de ofrecer resultados satisfactorios.
«La clave no está en depender de una sola herramienta, sino en diversificar permanentemente las estrategias de control», enfatizó el especialista.
Nuevas especies de malezas en Sudamérica
Además de las malezas resistentes tradicionales, en varios países de Sudamérica también preocupa el avance de especies emergentes que anteriormente tenían poca importancia económica. Entre ellas se encuentra Euphorbia hirta, una maleza que ha comenzado a ganar presencia en distintas regiones agrícolas debido a su elevada capacidad de adaptación y reproducción.
Paterlini explicó que algunas malezas que en Brasil tienen una incidencia menor se han convertido en problemas de gran relevancia para los productores bolivianos debido a las diferencias climáticas y agroecológicas.
«Estas malezas no tienen la misma importancia en Brasil que tienen aquí. Probablemente se deba al clima y a las condiciones agroecológicas de la agricultura boliviana, que son diferentes. Estas condiciones han favorecido la selección de especies que son más difíciles de controlar», sostuvo.
Actuar antes de que las malezas nazcan
Para el especialista, uno de los errores más frecuentes es enfocar el manejo únicamente en eliminar las malezas que ya están presentes en el lote.
«No tenemos que pensar solamente en matar la planta. Tenemos que evitar que nazca. Debemos actuar de manera proactiva y también aplicar productos que impidan su germinación, al menos durante el período inicial después de la siembra, para que la soya pueda ganar la competencia en los primeros días de su desarrollo», concluyó.
Según el experto, el futuro del manejo de malezas pasa por estrategias preventivas e integradas que combinen herbicidas, cultivos de cobertura y rotación de mecanismos de acción, reduciendo así la presión de selección y preservando la productividad de los sistemas agrícolas.
Fuente: Lucas Paterlini
Redacción: Publiagro


















