Especialista advierte que su impacto va desde la transmisión de enfermedades hasta pérdidas económicas millonarias

En el marco del Seminario Internacional de Bioseguridad y Productividad Avícola organizado por la Asociación Departamental de Avicultores de Santa Cruz (ADA), el gerente internacional de negocios de Carvalho, Freddy Martínez, abordó una de las amenazas más subestimadas en la producción avícola: el Alphitobius, conocido comúnmente como “coquito de cama”, “cucarrón” o escarabajo de la harina.

Durante su exposición, el especialista alertó que este insecto suele pasar desapercibido en las granjas, pese a su alto impacto en la sanidad de las aves y en la sostenibilidad del negocio.

“Muchas veces se lo ve como algo normal, pero es un enemigo clave dentro de la industria avícola”, sostuvo.

Un insecto altamente resistente y persistente

El Alphitobius es un coleóptero con gran capacidad de supervivencia, adaptado a condiciones adversas y difícil de erradicar. Su principal fuente de alimento es el estiércol de las aves, lo que explica su presencia constante en galpones con parvadas.

Además de su resistencia, su importancia radica en su rol como vector de enfermedades. Puede transmitir patologías virales como Marek, Gumboro y Newcastle, así como bacterianas como la salmonelosis, esta última de carácter zoonótico.

A esto se suma un impacto emergente en la salud humana, ya que se han detectado reacciones alérgicas en operarios expuestos, asociadas a un aumento de inmunoglobulina E.

“El Alphitobius no es un problema menor: es un vector silencioso que puede comprometer la sanidad, la productividad y la reputación de toda la operación avícola”

Condiciones que favorecen su proliferación

El desarrollo del insecto se acelera en ambientes con altas temperaturas y humedad, condiciones frecuentes en regiones tropicales. Asimismo, los galpones oscuros y de ambiente controlado favorecen su reproducción, ya que se trata de una especie fotosensible.

“Cuando hay calor y humedad, el ciclo de vida se acorta, lo que significa una infestación más rápida”, explicó Martínez.

Impacto económico y productivo

Las consecuencias del Alphitobius no solo se limitan a la sanidad. Según datos citados por el especialista, se han reportado pérdidas superiores a 190 millones de dólares en infraestructura, sin considerar los efectos en la conversión alimenticia ni en la productividad.

En infestaciones severas, las aves pueden reducir su consumo de alimento debido a la incomodidad generada por la presencia masiva del insecto, afectando directamente la ganancia de peso.

A nivel comercial, también existe un riesgo reputacional: la presencia de larvas o adultos en el producto final puede comprometer la imagen de la empresa frente al consumidor.

Control integral: la clave está en el manejo

El control del Alphitobius debe ser integral y estratégico. Martínez recomendó aplicar un sistema dual que combine larvicidas (para controlar las fases inmaduras) e insecticidas de contacto (para los adultos), siempre utilizando productos aprobados para uso en instalaciones pecuarias.

Advirtió además sobre el uso indebido de insecticidas agrícolas, que pueden dejar residuos peligrosos y contaminar el ambiente de producción.

El monitoreo constante también es fundamental, especialmente en épocas de alta humedad. Evaluar el nivel de infestación tras cada lote permite ajustar los programas de control y mejorar su eficacia.

Recomendación para el avicultor

El especialista resumió su mensaje en tres acciones clave:

“Primero, reconocer el problema; segundo, medir el nivel de infestación; y tercero, aplicar programas de control efectivos y aprobados para la avicultura.”

Redacción: Publiagro