Fallas en la dosificación y el mezclado impactan directamente en la eficiencia productiva y la rentabilidad de la granja

En la producción pecuaria moderna, donde cada punto de conversión alimenticia cuenta, la calidad del alimento balanceado se convierte en un factor determinante para la rentabilidad. Sin embargo, muchas veces los problemas no provienen de grandes fallas estructurales, sino de pequeños errores en la manufactura que pasan desapercibidos, pero que terminan generando pérdidas en la producción pecuaria muchas veces no son evidentes en su origen, pero sí contundentes en sus resultados. Desde variaciones mínimas en la dosificación de ingredientes, problemas en la molienda o mezclado, hasta fallas en el peletizado o en el almacenamiento, cada detalle en el proceso puede impactar directamente en el desempeño productivo de los animales. Estos errores no solo afectan la ganancia de peso y la conversión alimenticia, sino que también pueden comprometer la salud intestinal y la uniformidad de los lotes.

El doctor Federico Torres, de Serveco, señala que los pequeños errores comienzan desde el diseño de las plantas, pasando por la compra de materias primas —que en ocasiones ya presentan problemas—, aunque el punto más crítico se encuentra en la producción dentro de la planta, especialmente en la molienda, la dosificación y el mezclado, considerados el “cerebro” de la fabricación de alimentos.

«Si no hay una buena dosificación y un buen mezclado, de ahí estamos partiendo de algo mal. Es importante la supervisión constante, el monitoreo de la eficiencia del mezclado y la calibración de las balanzas para la dosificación. De esa manera estaríamos evitando o disminuyendo fuertemente esos pequeños errores que al final se transforman en grandes errores a nivel de granja».

Impacto en los parámetros productivos

Estos errores pueden traducirse en menores rendimientos debido a la baja eficiencia alimenticia. La ganancia de peso se reduce y la mortalidad puede incrementarse, ya sea por problemas de toxicidad o por la ineficacia en la incorporación de aditivos diseñados para mejorar los parámetros productivos.

La dosificación: precisión que marca la diferencia

En cuanto a la dosificación, es fundamental que cada materia prima esté adaptada al sistema utilizado en la planta.

«Se refiere a que debe dosificarse tomando en cuenta la tolerancia. En el caso de los macroingredientes, la tolerancia es un poquito mayor, pero en el caso de los microingredientes —y de allí su nombre, porque se agregan en pequeñas cantidades— la tolerancia es menor».

Esto implica la necesidad de un ajuste fino, especialmente en la inclusión de microingredientes. Incluso pequeñas variaciones pueden generar impactos significativos, sobre todo en el caso de aditivos como las vitaminas.

“No se pueden utilizar parámetros proximales, por ejemplo, la proteína. Tiene que ser elementos pequeños, generalmente entre 0.05%, para que pueda darnos un indicio de si está bien mezclado o no”

«En la medida que respetemos las tolerancias y que estemos ajustados a lo que es capaz de producir esa planta, porque a veces si exigimos agregar 50.5 kilos de maíz, pero nuestras balanzas van de 5 en 5 gramos, ahí no lo vamos a poder agregar».

Asimismo, se advierte que dosificaciones por debajo de 500 gramos de lisina pueden afectar de manera importante la ganancia de peso y la conversión alimenticia.

«Eso quiere decir que siempre va a estar impactado ese laboratorio que al final es el animal, porque es el que nos va a decir si estuvo bien o estuvo mal».

Un sistema que debe funcionar en equilibrio

En la producción de pollos de engorde, el desafío es claro: producir en menos tiempo, con una alta ganancia de peso y una óptima eficiencia alimenticia, es decir, cuánto se produce por cada kilo de alimento consumido. A esto se suma un factor crítico: la mortalidad.

«Digamos que tiene que ir de la mano con todos los parámetros, es como un sistema, un engranaje; si se pierde uno de esos componentes, al final las pérdidas van a ser mayores».

Mezclado y uniformidad: indicadores clave

Uno de los problemas más comunes está relacionado con el mezclado. Cuando este es deficiente, la uniformidad del alimento también lo será, afectando directamente el desempeño de los animales.

Para evaluar la eficiencia del mezclado, se recomienda el uso de microtrazadores, como manganeso u otros elementos medibles en bajas concentraciones.

«No se pueden utilizar parámetros proximales, por ejemplo, la proteína. Tiene que ser elementos pequeños, generalmente entre 0.05%, para que pueda darnos un indicio de si está bien mezclado o no».

Actualmente, se establece que el coeficiente de variación en el mezclado de alimentos balanceados no debería superar el 5%, como indicador de un proceso eficiente y bien controlado.

Redacción: Publiagro