Mientras se alista una zafra con altas expectativas productivas, los arroceros benianos advierten que el ingreso ilegal de arroz pone en riesgo los precios, la rentabilidad y la estabilidad del sector

El departamento del Beni entra en semanas decisivas para su economía agrícola. Según Roberto Paz, gerente de la Cámara Agropecuaria del Beni, el sector arrocero ya se encuentra en plena preparación para el inicio de la cosecha, que arrancará a principios del próximo mes y se extenderá por al menos dos o tres meses de intensa zafra.

“En realidad estamos ya en los preparativos para la campaña de cosecha de arroz. Se va a empezar a iniciar ya a principios de este mes que viene, para adelante. En los próximos dos o tres meses es puro zafra”, explicó Paz, al describir el escenario inmediato para los productores del grano básico.

Sin embargo, junto con la expectativa productiva surge una preocupación central: el contrabando de arroz, un problema que se ha vuelto estructural y que amenaza con desordenar el mercado interno justo cuando los productores esperaban recuperar márgenes.

“Nos preocupan dos elementos básicos. Uno, que hay un fuerte ingreso de arroz de contrabando, que eso va a generar una corrupción, la incontención en los precios, que nosotros teníamos grandes expectativas para poder mejorar y equilibrar todo lo que ha significado la subida del combustible”, señaló el ejecutivo.

El ingreso ilegal de arroz —principalmente por fronteras permeables— provoca una presión directa a la baja en los precios, en un contexto donde los costos de producción han aumentado por el encarecimiento del transporte, los insumos y la energía. Para los arroceros, esto rompe la lógica del mercado: se produce con mayores costos, pero se vende compitiendo con un producto que no paga impuestos ni cumple normas sanitarias.

La herida del 2025

El contrabando no es un fenómeno nuevo, pero el año 2025 dejó una huella profunda en el sector. Durante esa gestión, el ingreso masivo de arroz ilegal coincidió con problemas logísticos y energéticos, lo que generó un triple impacto: caída de precios en finca, dificultades para comercializar la producción nacional y pérdidas económicas para pequeños y medianos productores.

En varias zonas arroceras del Beni, el grano quedó almacenado por semanas sin salida comercial, mientras el mercado se abastecía con arroz de procedencia extranjera, más barato y sin trazabilidad. Para muchos productores, ese año significó vender por debajo del costo de producción o asumir deudas para sostener la siguiente campaña.

“Eso nos tiene bastante preocupados”, insistió Paz, al advertir que el problema no es coyuntural, sino estructural. “No sabemos cómo lo vamos a conseguir, es algo endémico en el país, es muy peligroso de aquí para adelante, de acuerdo a nuestra nueva visión de desarrollo y a la visión que el Estado, a partir de esta nueva gestión administrativa, está planteando”.

Desde las mesas técnicas impulsadas por el comité multisectorial, el Confeagro y otros sectores productivos, se ha planteado con firmeza al Estado la necesidad de regular el contrabando como una prioridad nacional. La lectura del sector es clara: sin control fronterizo y sin sanciones efectivas, cualquier política de incentivo productivo pierde sentido.

El Beni se prepara para una cosecha importante de arroz, pero el contrabando vuelve a ser el mayor enemigo del productor, tras un 2025 marcado por pérdidas económicas y distorsión del mercado

Optimismo productivo, alerta comercial

A pesar de este escenario, el sector mantiene una visión positiva sobre el volumen de cosecha. “Somos optimistas de que va a haber una gran producción de arroz y eso ha de permitir que el país tenga una buena solución en la canasta”, afirmó Paz.

El arroz es uno de los pilares de la seguridad alimentaria boliviana, y el Beni cumple un rol estratégico en su abastecimiento. Una buena campaña permitiría cubrir el mercado interno e incluso generar excedentes, siempre y cuando el contrabando no desplace al producto nacional.

Para los productores, el desafío es doble: producir bien y vender en condiciones justas. Y eso solo es posible si el Estado acompaña con controles efectivos y políticas coherentes.

Diésel: del golpe de 2025 al alivio parcial de 2026

El tema del combustible también marcó la agenda arrocera. En 2025, los productores enfrentaron problemas de abastecimiento y, además, una caída en la calidad del diésel y la gasolina, lo que afectó el rendimiento de la maquinaria agrícola y elevó los costos de operación.

“Hubo inicialmente una caída por la calidad del producto en el tema de gasolina y en el tema de diésel también”, recordó Paz. Esto provocó retrasos en labores de campo y mayores gastos en mantenimiento de equipos.

Para esta gestión, la situación muestra señales de mejora. “Creemos que eso se ha estabilizado, se ha cambiado el producto y eso nos permite tener la garantía de que para la cosecha que ya se nos viene encima no hayan sorpresas críticas”, explicó.

No obstante, el alivio llega con un matiz: el diésel es hoy más estable en suministro, pero más caro, lo que vuelve a presionar los costos del arroz. Así, el productor enfrenta un escenario en el que la logística es más previsible, pero la rentabilidad depende, otra vez, de que el contrabando no termine de hundir los precios.

Redacción: Publiagro