La falta de control efectivo y el uso indebido de tratamientos antiparasitarios agravan el impacto de las garrapatas en la salud animal y la rentabilidad del sector

Foto: Publigro
Foto: Publigro

Los ectoparásitos representan uno de los principales desafíos sanitarios para la ganadería comercial en América Latina y otras regiones del mundo. Organismos como garrapatas, moscas, piojos y ácaros afectan directamente la salud y el bienestar animal, pero también generan pérdidas significativas en términos productivos, reproductivos y económicos. Su impacto puede verse reflejado en la disminución de la calidad de la carne y la leche, menor eficiencia en los sistemas ganaderos y altos costos en tratamientos sanitarios.

El especialista en parasitología animal, Dr. Gustavo López Valencia, advierte que la situación en Bolivia es especialmente preocupante.

“Estamos en una situación muy difícil debido a la cantidad de garrapatas que existen y no se han hecho los estudios suficientes”, señaló. Según sus investigaciones, de las aproximadamente 232 especies de garrapatas que deberían estar presentes en el país, solo se conocen 38, lo que evidencia una gran brecha de conocimiento sobre la diversidad parasitaria y su potencial de daño.

López destacó que las garrapatas pueden producir pérdidas cuantiosas, tanto en ganado de carne como de leche, al ser vectores de enfermedades infecciosas de alto impacto. En particular, hizo referencia a dos de las más comunes y graves: la anaplasmosis bovina y la babesiosis.

Sobre esta última, el especialista explicó que existen dos especies de Babesia que afectan al ganado. Una de ellas tiene una acción más severa sobre el sistema nervioso central, afectando principalmente el cerebro, lo que la hace especialmente peligrosa. “Se la encuentra difícilmente en los procesos que se realizan para la identificación”, explicó, haciendo alusión a las limitaciones diagnósticas en campo. La otra especie, Babesia divergens, también reviste gran importancia sanitaria y económica, sobre todo por su capacidad de transmisión intergeneracional: “Hay que recordar que si unas garrapatas se le pegan a un animal, la pueden transmitir a sus descendientes”, advirtió.

«Los estudios que yo he hecho muestran que las larvas en el pasto pueden durar hasta 8 meses, entonces resulta imposible que se tenga descansando un potrero durante ese tiempo. Por lo tanto, no hay efecto real”
Foto: Publigro
Foto: Publigro

López también explicó que una garrapata común puede poner hasta 4.000 huevos, y si se considera que el 90% de esa población puede ser agresiva o portadora, se está ante un escenario altamente riesgoso para la salud del hato. “Son un 90% de garrapatas que pueden transmitir enfermedad a los animales”, remarcó.

En cuanto a las estrategias de control, el experto cuestionó la eficacia de una de las prácticas más tradicionales: la rotación de potreros. Si bien la literatura técnica la considera útil, su experiencia en campo arroja otros resultados.

“Los estudios que yo he hecho muestran que las larvas en el pasto pueden durar hasta 8 meses, entonces resulta imposible que se tenga descansando un potrero durante ese tiempo. Por lo tanto, no hay efecto real”, afirmó. Ante esa realidad, propuso una alternativa más práctica: “Lo mejor es estar pendiente de los animales y tratarlos si tienen un número de garrapatas suficiente para justificar el control”.

Finalmente, el doctor López hizo una observación clave sobre la administración de tratamientos en ganado cebú. Explicó que estos animales pueden tolerar hasta 10 garrapatas sin que ello afecte su rendimiento, por lo que no sería necesario aplicar medicamentos en todos los casos. Sin embargo, señaló que en muchas zonas se aplica una droga antiparasitaria cada mes, lo que provoca resistencia en los ectoparásitos y pérdidas económicas innecesarias. “Se pierde dinero tanto en la recogida de los animales como en la aplicación misma”, concluyó.

Las palabras del Dr. López reflejan la urgencia de adoptar un enfoque más racional y basado en evidencia para el control de ectoparásitos. El uso excesivo de productos químicos, la falta de monitoreo y el desconocimiento sobre la biología de las especies presentes, podrían estar favoreciendo una situación de resistencia y pérdida de efectividad que amenaza directamente la rentabilidad del sector ganadero.

Fuente: Gustavo López Valencia
Redacción: Publiagro