
Desireé Hastenpflug Moller, vice presidente de la Asociación Brasilera de Criadores de Búfalos y Presidente de la Asociación Gaucha de Criadores de Búfalos, describe un sector en crecimiento que combina tradición y modernidad, con Murrah y Mediterráneo liderando el cambio







Brasil tiene una relación profunda con el búfalo. Según Desireé Strelau Moller, presidenta de la Asociación Brasileña de Criadores de Búfalos, el país cuenta con cerca de 3 millones de búfalos, frente a una población bovina de unos 250 millones — lo que sitúa al búfalo en aproximadamente 1 % del total del ganado. Aunque esa proporción parezca pequeña, su relevancia crece cada año, especialmente en lo lechero.
Las razas que más dominan en Brasil son Murrah y Mediterráneo, utilizadas principalmente para producción de leche y derivados como mozzarella, burrata, yogur, mantequilla, etc. Según estudios recientes, el rendimiento de búfalas lecheras en Brasil en 270 días de lactancia ronda los 1.600-1.700 kg, dependiendo de manejo, genética y alimentación.
Para Desireé, un reto cultural ha sido cambiar la percepción de la carne búfalina: muchas personas consideran que es carne dura, de baja calidad o solo de subsistencia, sin apreciar su valor real. Ella comenta que en Brasil ya se hacen demostraciones de carne entera en ferias, gastronomía, para mostrar su terneza, sabor y características sanas.
En Bolivia, Desireé ha observado con agrado que productores están innovando, especialmente con productos artesanales como quesos de leche de búfala, lo que demuestra el crecimiento de la cultura búfalina. Además menciona un aspecto técnico relevante: la leche de búfala tiene proteínas del tipo A2A2, que habría menos probabilidades de causar molestias digestivas en comparación con la proteína A1A1 de muchas leches bovinas.
En cuanto al perfil de la carne búfalina, Desireé destaca que ésta tiene menos calorías, menor colesterol, menor grasa, lo que la hace atractiva para consumidores que buscan alternativas saludables. También resalta la rusticidad del animal: tolera suelos inundados o pantanosos, pasturas más rudas, menor incidencia de garrapatas, adaptación al calor, lo que le da ventaja en circunstancias climáticas adversas o en territorios marginales.
Finalmente, para ella, este simposio internacional es el momento de intercambio: observar quiénes crían búfalos, cómo hacen queso, cómo terminan animales, conocer experiencias extranjeras para adaptar al contexto brasileño y latinoamericano. Como lo dice, “es un paso más para el desarrollo de nuestra cultura búfalina”.
Los búfalos en Brasil en datos







“Con casi 3 millones de búfalos, Brasil consolida su liderazgo en producción láctea búfalina y explora mercados de carne y productos lácteos diferenciados, mientras impulsa la cultura búfalina y la genética adaptada”





Análisis
- Brasil ya tiene una base consolidada para producción de leche búfalina: genética especializada, razas adaptadas, mercados internos que valoran la mozzarella, yogur y quesos artesanales.
- El mayor desafío de Brasil no es solo producir, sino posicionar la carne de búfalo como alternativa sustancial al consumo de bovino, cambiando prejuicios y demostrando su calidad sensorial y nutricional.
- Lo lechero tiene un ritmo de crecimiento más rápido, con mejoras genéticas, manejo de pasturas, suplementaciones, buenas prácticas sanitarias. La carne crece más despacio, debido a cultura, costos de procesamiento, comercialización.
- La proximidad climática y cultural con países como Bolivia ofrece oportunidades de colaboración: intercambio genético, capacitación técnica, desarrollo de productos diferenciados. El simposio internacional funciona como plataforma ideal para esto.
Brasil muestra que el búfalo ya no es una curiosidad agrícola, sino un actor relevante en producción láctea y con gran potencial para la carne. Con razas fuertes como Murrah y Mediterráneo, genética bien trabajada, mercados en expansión y una cultura búfalina que se defiende, Brasil marca el camino.
Para otros países latinoamericanos, incluido Bolivia, la lección es clara: la genética importa, los productos diferenciados importan, y el respeto al animal (su manejo, adaptación, bienestar) define si el búfalo será realmente “oro negro” como lo llama Desireé, tanto para leche como para carne.





Redacción: Publiagro


























































































