
La historia de Jacto no comenzó en una gran fábrica ni con una importante inversión de capital. Su origen se remonta a un pequeño taller mecánico en la ciudad de Pompeia, Brasil, donde un inmigrante japonés convirtió el ingenio, el trabajo y la perseverancia en el punto de partida de una de las empresas de maquinaria agrícola más reconocidas de América Latina.
Durante una conferencia, Shiro Nishimura relató cómo su padre, el fundador de la compañía, inició un camino que hoy continúa siendo ejemplo de innovación y de continuidad familiar.
Un inmigrante que encontró en Brasil una oportunidad
La familia Nishimura recuerda 1948 como el año de fundación de Jacto, fecha registrada en el primer libro de admisión de empleados de la empresa. Sin embargo, la historia comenzó una década antes, cuando el padre de Shiro llegó desde Japón a la pequeña localidad de Pompeia.
«Nosotros tenemos un recuerdo, un libro de admisión de empleados datado de 1948. Entonces, adoptamos este libro de registro de empleados como la fundación de Jacto. Pero mi papá llegó a Pompeia, donde vivimos hasta hoy, diez años antes. Y ese diez años antes, Pompeia era una pequeña villa que el ferrocarril estaba desarrollando, en la última estación de tren, en 1938. Ahí empezó la vida de mi papá en Brasil, en Pompeia».
Formado como técnico mecánico en Japón, encontró en Brasil la oportunidad de poner en práctica sus conocimientos abriendo un pequeño taller donde reparaba automóviles, camiones y todo tipo de equipos.
Una pregunta que cambió la historia
En aquella época, Brasil enfrentaba dificultades para acceder a repuestos de maquinaria agrícola, por lo que numerosos productores acudían al taller de Nishimura para reparar sus equipos.
Su habilidad como mecánico hizo que un agricultor le planteara una pregunta que marcaría el futuro de la empresa.
«Mire, usted repara todos los equipos de otras compañías y todos funcionan después. ¿Por qué no hace uno?’ Esta pregunta fue el inicio de Jacto».
Con creatividad y pocos recursos, el fundador construyó su primer equipo utilizando una lata de querosén, que sirvió como depósito para el pulverizador que daría origen a la empresa.
«Y ahí empezó ya, en 1948, con una lata de querosene, que era usada para iluminación. Esa lata dio un recipiente para empezar la construcción del equipo y así fue su vida entera mi papá hizo cosas que eran más difíciles de hacer, pero fue, muy curioso, muy habilidoso».

Un legado que se fortalece con cada generación
Con el paso de los años, aquel pequeño emprendimiento familiar se transformó en un grupo empresarial que continúa bajo el liderazgo de la familia Nishimura.
Shiro explicó que su padre tuvo siete hijos, de los cuales cinco permanecen vinculados a la empresa. Hoy, ese legado involucra a cerca de 70 descendientes entre hijos, nietos y bisnietos.
La gobernanza familiar como clave del éxito
Actualmente, la tercera generación participa activamente en la conducción estratégica del grupo. Alessandra Nishimura, hija, explicó que, desde 2019, la empresa pasó oficialmente a manos de esta nueva generación, aunque con una estructura basada en órganos de gobernanza.
«Una empresa que comenzó con mi papá pasó para la segunda generación y ahora, desde 2019, es la tercera generación la que está al comando del grupo. Nosotros no estamos en posiciones ejecutivas; participamos en los consejos de dirección, consejo de familia y consejo de socios».
Más que la administración del negocio, Alessandra destacó que el mayor desafío ha sido preservar la unidad familiar a medida que la familia crecía.
«Yo creo que es un aprendizaje que tenemos en nuestra familia de trabajar las relaciones para que todo vaya bien o para que todo vaya un poco más fácil, porque convivir con personas… una familia está hecha de personas, personas que tienen deseos, sueños y diferentes voluntades. Para que podamos ajustar todo eso, es necesario trabajar».
Por ello, la familia realiza encuentros anuales donde fortalecen la comunicación, la convivencia y la visión compartida sobre el futuro de la empresa.
«Nosotros trabajamos en nuestro encuentro anual de familia, donde trabajamos comunicación, unión, aprender a estar juntos, trabajar y también jugar juntos».
Aprender entre generaciones
Para Alessandra Nishimura, la permanencia de Jacto durante más de siete décadas no solo responde a la innovación tecnológica, sino también a la capacidad de cada generación para aportar nuevas ideas sin perder de vista los valores que dieron origen a la empresa.
«No es mi generación o su generación, o una es mejor que la otra. Cada generación tiene su contribución. Si nosotros tenemos una cabeza más abierta de ‘yo voy a aprender con ellos, ellos van a aprender conmigo’, seguimos juntos. Juntos somos más fuertes y juntos podemos seguir adelante».
La historia de Jacto demuestra que detrás de una empresa exitosa no solo existen innovación y tecnología, sino también una familia que ha sabido convertir el trabajo, la confianza y la unión en el motor que impulsa un legado que continúa creciendo generación tras generación.
Fuente: Shiro Nishimura y Alessandra Nishimura
Redacción: Publiagro




















