jueves, noviembre 5, 2026
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Mosca blanca, una pequeña plaga capaz de debilitar los cultivos y transmitir virus

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La mosca blanca afecta las hojas y puede comprometer el rendimiento de los cultivos/ Foto: Internet
La mosca blanca afecta las hojas y puede comprometer el rendimiento de los cultivos/ Foto: Internet

Al alimentarse de la savia, este insecto provoca daños en las hojas, favorece la aparición de fumagina y puede transmitir enfermedades virales

 

Aunque por su tamaño puede pasar desapercibida durante las primeras etapas de infestación, la mosca blanca es una de las plagas que puede ocasionar daños importantes en diferentes sistemas agrícolas. Su presencia en grandes poblaciones afecta la capacidad de desarrollo de las plantas, reduce su vigor y, dependiendo de la especie involucrada, también puede facilitar la transmisión de enfermedades virales.

La mosca blanca pertenece a la familia Aleyrodidae y está conformada por pequeños insectos que, debido a su apariencia y sus alas cubiertas de una sustancia blanquecina, suelen confundirse con diminutas polillas. Tanto los adultos como los estados juveniles participan en el proceso de alimentación, aunque las ninfas permanecen adheridas a las hojas durante buena parte de su desarrollo.

Uno de los principales daños ocurre cuando estos insectos introducen sus piezas bucales perforadoras y succionadoras en los tejidos vegetales para extraer la savia del floema, donde circulan los nutrientes que la planta necesita para su crecimiento.

Esta actividad de alimentación puede provocar debilitamiento progresivo, amarillamiento de las hojas, pérdida de vigor y alteraciones en el desarrollo. Cuando las poblaciones son elevadas, el daño puede reflejarse en una disminución del rendimiento y de la calidad de la producción.

La melaza favorece la aparición de fumagina

Además de extraer nutrientes, la mosca blanca genera otro problema relacionado con la secreción de melaza, una sustancia azucarada que queda depositada sobre las hojas y otras partes de la planta.

Esta sustancia favorece el desarrollo de fumagina, un conjunto de hongos que forma una capa oscura sobre la superficie vegetal. Cuando su presencia es abundante, puede reducir la cantidad de luz que llega a los tejidos foliares e interferir con el proceso de fotosíntesis.

Por esta razón, los daños ocasionados por la plaga no se limitan únicamente a la pérdida directa de nutrientes. La acumulación de melaza y el desarrollo de fumagina también afectan las condiciones fisiológicas de los cultivos y pueden agravar los efectos de una infestación.

«La identificación correcta de la especie también es importante, debido a que no todas las moscas blancas tienen la misma capacidad de transmitir virus ni presentan idéntico comportamiento frente a las estrategias de manejo»

Una nube de pequeños insectos blancos puede advertir la presencia/ Foto: Internet
Una nube de pequeños insectos blancos puede advertir la presencia/ Foto: Internet

Bemisia tabaci, una especie relacionada con la transmisión de virus

Uno de los aspectos de mayor importancia fitosanitaria es la capacidad que tienen algunas especies de mosca blanca para transmitir virus vegetales.

Entre ellas sobresale Bemisia tabaci, considerada un vector de diferentes virus de importancia económica, especialmente los pertenecientes al grupo de los begomovirus.

Estos patógenos pueden provocar enfermedades que se manifiestan mediante amarillamiento, enrollamiento, deformaciones y alteraciones en el crecimiento de las hojas. Dependiendo del virus y del cultivo afectado, las infecciones pueden ocasionar pérdidas considerables en la producción.

En este caso, el problema adquiere otra dimensión, porque el insecto no solamente debilita la planta mediante su alimentación, sino que también puede transportar agentes infecciosos de una planta a otra.

El envés de las hojas es el principal lugar de vigilancia

Para detectar oportunamente la presencia de mosca blanca, el agricultor debe prestar atención a la parte inferior de las hojas, conocida como envés. En esta superficie, las hembras depositan sus huevos y se desarrollan las ninfas, que permanecen adheridas a los tejidos vegetales.

También es importante revisar los brotes tiernos y las hojas jóvenes, donde pueden encontrarse diferentes estados de desarrollo de la plaga.

Una señal característica aparece cuando se mueve o sacude una planta infestada: los adultos levantan vuelo y forman pequeñas nubes de insectos blancos que permiten identificar su presencia.

Entre los principales indicios que deben observarse en el campo están:

  •         Pequeños insectos blancos en el envés de las hojas.
  •         Presencia de huevos y ninfas adheridas a la superficie foliar.
  •         Acumulación de melaza sobre las hojas.
  •         Aparición de fumagina o manchas oscuras.
  •         Amarillamiento, enrollamiento y deformaciones foliares que pueden estar asociados a enfermedades virales.

El manejo integrado ayuda a reducir las poblaciones

El control de la mosca blanca requiere vigilancia permanente y una estrategia de manejo integrado que considere las características del cultivo, la especie presente y el nivel de infestación.

Entre las medidas recomendadas se encuentra el monitoreo frecuente de las plantas, especialmente mediante la revisión del envés de las hojas, para identificar la presencia de adultos, huevos y ninfas antes de que las poblaciones alcancen niveles elevados.

También es importante controlar las malezas que pueden funcionar como hospederas de la plaga y conservar los enemigos naturales que contribuyen a regular sus poblaciones.

El uso de medidas de control debe realizarse de manera responsable, considerando las condiciones del cultivo y evitando prácticas que afecten innecesariamente a los organismos benéficos.

La identificación correcta de la especie también es importante, debido a que no todas las moscas blancas tienen la misma capacidad de transmitir virus ni presentan idéntico comportamiento frente a las estrategias de manejo.

En definitiva, aunque su tamaño puede dificultar su detección inicial, la mosca blanca tiene capacidad para afectar distintos componentes de la producción agrícola. Por ello, reconocer sus primeros indicios y mantener un monitoreo constante permite actuar oportunamente y reducir las pérdidas ocasionadas por esta plaga.

Fuente: Plagas y Enfermedades

Redacción: Publiagro