
La nutrición de precisión se consolida como una herramienta estratégica para la producción avícola, al permitir ajustar los niveles de energía, proteína, aminoácidos y otros nutrientes de acuerdo con las características de las líneas genéticas, la calidad de las materias primas y las exigencias del mercado.
Deivi Vargas Marquina, gerente técnico de Ilender Bolivia, explicó que este concepto va más allá de formular una dieta, ya que involucra también el conocimiento de los insumos disponibles, los procesos de fabricación del alimento y su manejo en granja.
“La nutrición de precisión no solamente es un acto de formulación, sino que implica también que eso vaya paralelo en los procesos de fabricación y que en granja el alimento producido sea con la misma especificación del formulador”, explicó.
Según Vargas, mientras mayor sea la precisión en el conocimiento de materias primas como maíz, sorgo y soya, mayor será la capacidad de cubrir las necesidades nutricionales de las aves y alcanzar mejores indicadores productivos, como ganancia de peso, conversión alimenticia y reducción de la mortalidad.
Menos energía y más precisión en aminoácidos
Uno de los cambios que destaca Vargas es la posibilidad de trabajar con niveles menores de energía en las dietas, sin afectar significativamente parámetros como el peso final o la conversión alimenticia.
Explicó que diferentes ensayos realizados en el sector han mostrado que la reducción de energía no necesariamente genera una disminución significativa en el desempeño de las aves. Esto representa una oportunidad, considerando que la energía constituye uno de los componentes de mayor impacto en el costo de una fórmula.
“Si no tenemos afectación en conversión y en ganancia y podemos ajustar mucho más estos niveles de energía, nos permite tener una mejor diferenciación en lo que es costo de producción”, señaló.
La tendencia apunta además a compensar una menor concentración energética con un mayor aporte de aminoácidos, especialmente lisina, bajo el concepto de proteína ideal.
La energía de las dietas proviene de diferentes ingredientes, entre ellos maíz, sorgo, soya integral y aceites. La combinación y proporción de estos insumos permite alcanzar el nivel energético requerido, pero con una formulación más eficiente.
La calidad de la soya, un factor crítico
Otro de los puntos señalados por el especialista fue la variabilidad en el contenido de fibra de la soya utilizada en las formulaciones.
Vargas consideró que la producción local de soya representa una oportunidad para el sector, pero advirtió que la variación entre proveedores debe ser tomada en cuenta al momento de adquirir la materia prima.
Según explicó, se han encontrado niveles de fibra que van aproximadamente del 4% al 8%, cuando el nivel máximo aceptable debería situarse alrededor del 5%.
Un exceso de fibra puede afectar la disponibilidad de nutrientes y reducir el aporte efectivo de proteína, por lo que recomendó establecer indicadores de control que permitan evaluar la calidad de la soya antes de incorporarla a las fórmulas.

Dosificación y mezclado: puntos donde se pierde precisión
La precisión nutricional también depende de que la formulación sea correctamente ejecutada en la planta de alimentos. En este proceso, Vargas identificó dos puntos críticos: la dosificación y el mezclado.
Los errores de pesaje, ya sean humanos o derivados de problemas de proceso o maquinaria, pueden alterar la composición final del alimento. A ello se suma el tiempo de mezclado, que resulta determinante para conseguir una distribución homogénea de los nutrientes.
“Estos mezcladores son tan buenos que la variación de 30 segundos te puede complicar o te puede empeorar la mezcla. Entonces ahí necesitamos precisión, precisión en sentido de operación”, sostuvo.
El especialista señaló que se han encontrado coeficientes de variación de mezcla de hasta 35%, considerado un nivel elevado, mientras que el objetivo debería ser inferior al 8% y, como máximo, alrededor del 10% para considerarse aceptable.
El peletizado abre una oportunidad para mejorar resultados
Otro aspecto analizado fue el uso de alimento peletizado, que puede generar ventajas productivas frente al alimento en harina, especialmente durante las primeras etapas de crecimiento.
De acuerdo con Vargas, ensayos realizados han registrado mejoras de hasta dos días en la edad de llegada al peso de mercado y una reducción cercana al 2,9% en la conversión alimenticia.
El beneficio estaría relacionado con la fisiología del ave y con la estimulación de la molleja, lo que favorece procesos posteriores de digestión y absorción de nutrientes.
El especialista destacó que Bolivia cuenta con condiciones favorables para aprovechar esta tecnología, debido a la disponibilidad de infraestructura moderna en la industria avícola, incluyendo instalaciones climatizadas que permiten acompañar las exigencias de las líneas genéticas actuales.
Sin embargo, señaló que el alimento en harina presenta una debilidad especialmente importante durante los primeros días de vida del pollito, cuando el consumo es reducido.
“El pollito come 25% de su peso vivo el primer día, y ese es el primer día que marca mucho la pauta para un buen inicio”, explicó.
Por ello, consideró que el peletizado puede contribuir a cubrir esta brecha al facilitar que el ave consuma de manera más eficiente la cantidad de alimento que necesita durante una etapa determinante para su desarrollo.
En este contexto, la nutrición de precisión se presenta como una estrategia integral que combina formulación, calidad de materias primas, procesos industriales y manejo en granja. El objetivo final es que cada nutriente llegue al ave en la cantidad y condiciones necesarias para transformar el alimento en mayor crecimiento, eficiencia productiva y mejores resultados económicos para el productor.
Fuente: Deivi Vargas
Redacción: Publiagro



















