martes, julio 21, 2026
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Las DEPs transforman la selección genética y aceleran el progreso de la ganadería

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Ciencia aplicada al campo, la nueva ruta/ Foto: Publiagro
Ciencia aplicada al campo, la nueva ruta/ Foto: Publiagro

La herramienta permite identificar el potencial de transmisión de los toros y elegir animales capaces de generar mayor productividad en sus descendientes

Una cría más puede marcar la diferencia en la rentabilidad/ Foto: Publiagro
Una cría más puede marcar la diferencia en la rentabilidad/ Foto: Publiagro

La incorporación de tecnología y herramientas de evaluación genética se convierte en un factor determinante para mejorar la competitividad de la ganadería moderna. Entre estas herramientas destacan las Diferencias Esperadas en la Progenie (DEPs), un indicador que permite conocer el potencial de transmisión genética de un reproductor y tomar decisiones más precisas dentro de los programas de mejoramiento animal.

Las DEP permiten estimar cuánto puede aportar un toro a sus descendientes en características productivas como peso al destete, crecimiento, fertilidad u otros parámetros de importancia económica. En términos prácticos, ayudan al productor a identificar qué animales tienen mayor capacidad genética para generar una descendencia superior.

Por ejemplo, si un toro presenta una DEP de más de 10 kilos al destete y otro una DEP superior a 20 kilos, al utilizar ambos reproductores sobre vacas con características similares se espera que la descendencia del segundo toro tenga, en promedio, 10 kilos más de peso al destete respecto al primero.

Es decir, las DEP muestran cuánto mejor puede ser un reproductor en comparación con el promedio de una población determinada, convirtiéndose en una herramienta fundamental para acelerar el progreso genético de los rodeos.

El médico veterinario y genetista Argeu Silveira destacó que la ganadería debe avanzar hacia una mayor adopción tecnológica para lograr mejores niveles de eficiencia y rentabilidad, siguiendo el camino de otros sectores productivos que ya incorporaron herramientas avanzadas.

«Cuando observamos las actividades que compiten con la ganadería, por ejemplo, la soya, el maíz o el eucalipto, que disputan el mismo espacio físico de producción, o incluso otras actividades como la producción de cerdos o bovinos que compiten en el mercado de la carne, vemos que todas ellas trabajan con alta tecnología. Ya no se discute más si esas tecnologías son buenas o no. En la ganadería necesitamos cambiar y mejorar nuestra tecnología, incorporando herramientas que realmente nos permitan obtener una mayor rentabilidad», afirmó.

Productividad como camino para mejorar la rentabilidad

El especialista explicó que uno de los principales desafíos de la actividad pecuaria es mejorar los márgenes económicos en un escenario donde gran parte de los costos de producción están condicionados por factores externos.

«Un aspecto importante es que necesitamos mejorar la rentabilidad de nuestra actividad, porque los costos de producción, como los fertilizantes, las vacunas y otros insumos, no podemos controlarlos. En muchos casos son costos determinados por el mercado internacional. Lo que sí podemos cambiar es nuestra productividad», señaló.

En este sentido, Silveira remarcó que el productor tiene una mayor capacidad de decisión sobre variables internas del sistema productivo, como la selección genética, el manejo y la eficiencia reproductiva, factores que pueden traducirse en más kilos producidos y mejores resultados económicos.

La genética debe priorizar la producción antes que la apariencia

Dentro de los criterios de selección, el especialista destacó que el primer objetivo debe ser garantizar que los animales elegidos tengan una productividad comprobada, antes de enfocarse únicamente en características visuales.

«Invertir en ciencia es fundamental. Si observamos, todas las personas y todos los sectores que han apostado por la ciencia, hasta hoy, en ninguna actividad han salido perdiendo»

La ganadería del futuro se construye con datos/ Foto: Publiagro
La ganadería del futuro se construye con datos/ Foto: Publiagro

«Lo primero es la garantía genética, es decir, la seguridad de que ese animal tenga una productividad comprobada mediante una evaluación. Después sí, se puede mirar el aspecto del animal, porque existe esa cultura de querer animales bonitos», explicó.

Según el genetista, la conformación física y la belleza del animal pueden ser características deseables, pero no deben estar por encima de los indicadores productivos que generan retorno económico.

«Primero debo asegurar mi garantía financiera, que es la productividad, y luego buscar que, además de ser un animal altamente productivo, también tenga una buena conformación y sea atractivo desde el punto de vista fenotípico», sostuvo.

La precocidad reproductiva genera ingresos más rápidos

Otro aspecto destacado por el especialista fue la importancia de la precocidad reproductiva, especialmente en las hembras, debido al impacto directo que tiene sobre la cantidad de terneros producidos durante la vida útil del animal.

Explicó que una hembra que alcanza su primera preñez a una edad convencional puede tardar varios años antes de generar su primer retorno económico.

«La precocidad es un factor muy importante. Cuando tengo una hembra, normalmente la primera preñez ocurre alrededor de los 24 meses de edad y su primer parto llega aproximadamente a los 36 meses. Es decir, si voy a vender su ternero unos meses después del nacimiento, recién alrededor de los 42 o 43 meses de edad de esa vaca obtendría su primera rentabilidad. En otras palabras, pasan casi cuatro años para recibir el primer ingreso generado por ese animal», explicó.

Sin embargo, al seleccionar animales con mayor precocidad, el productor puede aumentar la cantidad de crías obtenidas durante la vida productiva de la vaca.

«Si busco mayor precocidad, puedo obtener una cría adicional durante su vida útil. Es decir, si logro preñarla a los 14 meses de edad, puede tener su primer parto cerca de los dos años y su segunda cría alrededor de los tres años. Eso significa obtener un ternero más», indicó.

El especialista destacó que ese ternero adicional representa un ingreso económico concreto para el productor.

«¿Cuánto vale ese ternero adicional? Según una estimación de precio comercial, aproximadamente 5.000 bolivianos, considerando un promedio entre machos y hembras. Entonces, esa es una ganancia adicional que ya podemos calcular; lo que queda por determinar es cuánto más debemos invertir para lograr esa primera parición temprana», explicó.

La ciencia como herramienta para producir más y mejor

Para Silveira, la inversión en ciencia y tecnología es una condición necesaria para que la ganadería pueda competir con otros sectores productivos y mejorar sus indicadores económicos.

«Invertir en ciencia es fundamental. Si observamos, todas las personas y todos los sectores que han apostado por la ciencia, hasta hoy, en ninguna actividad han salido perdiendo», afirmó.

Sin embargo, aclaró que la ciencia debe tener un propósito práctico dentro del sistema productivo y estar orientada a generar resultados medibles para el productor.

«La ciencia por sí sola no es la solución. La ciencia debe ayudarnos a aumentar nuestra productividad y, en consecuencia, mejorar nuestra rentabilidad», concluyó.

La aplicación de herramientas como las DEP, la selección de animales productivos, la búsqueda de mayor precocidad y la incorporación de tecnología representan, según el especialista, pilares fundamentales para construir una ganadería más eficiente, competitiva y preparada para los nuevos desafíos del mercado.

Fuente:  Argeu Silveira 

Redacción: Publiagro