Un hecho poco común llamó la atención de la industria porcina internacional. En la Granja Cotia, ubicada en Piedade de Ponte Nova, estado de Minas Gerais (Brasil), una cerda en su cuarto parto registró 46 lechones nacidos vivos, una cifra muy superior a los parámetros habituales de la producción comercial. La unidad cuenta con alrededor de 1.800 madres reproductoras, convirtiéndose en una de las granjas tecnificadas de la región.
De acuerdo con la información difundida por medios especializados brasileños, la hembra pertenece a la línea genética Camborough (Agroceres PIC) y en sus tres partos anteriores había mantenido un promedio de 18,5 lechones nacidos vivos, por lo que el resultado obtenido superó ampliamente las expectativas.
Especialistas coinciden en que este tipo de eventos no responde a un solo factor. La mejora genética desarrollada durante las últimas décadas ha permitido obtener cerdas hiperprolíficas con una mayor tasa de ovulación y una elevada capacidad reproductiva. Sin embargo, para que ese potencial se exprese plenamente es indispensable acompañarlo con programas de nutrición, sanidad y manejo altamente especializados.
La porcicultura moderna trabaja sobre tres pilares fundamentales: genética, alimentación y bienestar animal. La combinación de estos elementos permite incrementar el número de lechones destetados por cerda al año, uno de los principales indicadores de rentabilidad en las explotaciones comerciales.
Aunque camadas tan numerosas representan un hito productivo, también plantean importantes desafíos. Una cerda dispone normalmente de entre 14 y 16 pezones funcionales, por lo que el manejo de una camada de esta magnitud requiere protocolos especiales para garantizar la supervivencia de todos los animales.
En granjas altamente tecnificadas se implementan estrategias como el uso de cerdas nodrizas, la lactancia rotativa, el monitoreo permanente de los lechones más pequeños y el suministro oportuno de calostro, medidas que permiten reducir la mortalidad neonatal.

Para la industria porcina latinoamericana, este caso representa una demostración del camino que sigue la producción moderna: animales con mayor potencial genético acompañados por equipos técnicos capaces de manejar sistemas cada vez más complejos.
Más allá del récord, el nacimiento de 46 lechones vivos confirma que la inversión en genética, manejo reproductivo y capacitación continúa siendo una de las herramientas más importantes para mejorar la eficiencia y competitividad del sector porcino.
La asistencia a los lechones débiles es clave para aprovechar el potencial genético
Cuando una camada supera la capacidad natural de lactancia de la madre, el trabajo del personal de la granja se vuelve determinante para la supervivencia de los lechones.
Los especialistas recomiendan que durante las primeras horas de vida todos los animales tengan acceso al calostro, ya que este aporta las inmunoglobulinas necesarias para desarrollar su sistema inmunológico. Los lechones más pequeños o débiles suelen recibir asistencia directa para encontrar un pezón y comenzar a mamar.
En camadas muy numerosas también es frecuente utilizar sistemas de lactancia por turnos, donde algunos lechones son retirados temporalmente para permitir que los más pequeños accedan a la leche materna, además del traslado de animales hacia cerdas nodrizas con menor número de crías.
El control de temperatura, la desinfección del ombligo, el secado inmediato del recién nacido y el monitoreo constante durante las primeras 48 horas forman parte del protocolo habitual en las granjas tecnificadas. Estas prácticas permiten que los avances logrados mediante la mejora genética se traduzcan en mayores tasas de supervivencia y mejores resultados productivos.
Redacción: Publiagro



















