La llegada de las bajas temperaturas representa uno de los momentos más sensibles para la producción piscícola. Durante el invierno, los peces enfrentan cambios fisiológicos que pueden afectar su crecimiento, disminuir sus defensas y aumentar el riesgo de enfermedades dentro de las pozas de cultivo.
Frente a este escenario, Yoel Rivera, asesor técnico en pozas piscícolas de Santa Cruz, destaca que el manejo adecuado del estanque puede convertirse en una herramienta fundamental para preservar la sanidad y reducir pérdidas.
La profundidad del estanque: un refugio natural frente al frío
Uno de los factores más importantes durante la temporada invernal es la profundidad de las pozas piscícolas. De acuerdo con técnicos del sector, un estanque más profundo permite conservar mejores condiciones térmicas para los peces.
La profundidad favorece un fenómeno conocido como estratificación térmica, mediante el cual el agua del fondo mantiene una temperatura relativamente más estable que la superficie.
“En invierno, entre más profunda sea la poza, mejor para el pez, ya que en esta época baja el nivel del sistema inmunológico y los peces buscan la parte más caliente del agua. Si se tiene más de metro y medio de profundidad, el agua se estratifica y conserva mayor calidez en el fondo”.
Estas condiciones permiten que los peces encuentren zonas de menor estrés térmico y reduzcan el impacto de los descensos bruscos de temperatura.
El invierno debilita el sistema inmunológico de los peces
El frío modifica directamente el funcionamiento biológico de los peces. Al disminuir la temperatura del agua, también disminuye su metabolismo.
Esto genera menor actividad física, reducción del consumo de alimento y una respuesta inmunológica menos eficiente.
Como resultado, los peces se vuelven más vulnerables frente a organismos que normalmente están presentes en el ambiente, pero que encuentran mejores condiciones para desarrollarse durante esta época.
Hongos: una de las enfermedades más frecuentes en época fría
Entre los problemas sanitarios más comunes durante el invierno se encuentran las infecciones fúngicas, especialmente la saprolegniosis.
Esta enfermedad aparece cuando hongos oportunistas colonizan peces debilitados o con pequeñas lesiones superficiales.
Los principales signos incluyen:
– Aparición de manchas blancas o grisáceas con aspecto algodonoso
– Lesiones en piel y aletas
– Menor movilidad
– Disminución del apetito
Cuando no se detecta oportunamente, la infección puede extenderse y afectar la supervivencia del lote.

Parásitos e infecciones oportunistas aumentan durante el invierno
Las bajas temperaturas también favorecen la aparición de enfermedades parasitarias que afectan principalmente piel y branquias.
Durante esta época disminuye la protección natural que proporciona la capa mucosa del pez, facilitando la adherencia de organismos externos.
Entre las señales más frecuentes se observan:
– Peces que se frotan contra las paredes del estanque
– Respiración acelerada
– Exceso de mucosidad
– Menor crecimiento
Asimismo, pueden aparecer infecciones bacterianas oportunistas, como las asociadas al género Aeromonas, que producen inflamaciones, lesiones superficiales y deterioro corporal.
El oxígeno: otro factor silencioso que amenaza la producción
Además de las enfermedades infecciosas, los especialistas advierten sobre el riesgo de disminución del oxígeno disponible en el agua.
Durante el invierno, la acumulación de materia orgánica y una baja renovación del estanque pueden generar condiciones de estrés para los peces.
Cuando esto ocurre, es común observar:
– Peces agrupados cerca de entradas de agua
– Permanencia en superficie
– Menor actividad
– Pérdida de condición corporal
El monitoreo constante del agua se convierte en una práctica esencial para prevenir mortalidades.
Durante esta temporada el enfoque del productor cambia. Más allá del crecimiento acelerado o el rendimiento productivo, el objetivo prioritario pasa a ser conservar la salud del sistema.
“En invierno es importante tener el estanque lleno, y el único objetivo es que el pez no se muera o que no se llegue a enfermar. Para eso estamos al servicio del productor, para dar el asesoramiento gratuito y decirle qué debe hacer en esta temporada crítica”, señala Rivera.
Entre las principales recomendaciones se encuentran mantener niveles adecuados de agua, evitar sobrepoblación, controlar la alimentación y realizar seguimiento permanente al comportamiento de los peces.
La prevención y el manejo oportuno continúan siendo las principales herramientas para atravesar una de las etapas más exigentes para la piscicultura.
Fuente: Yoel Rivera
Redacción: Publiagro




















