La crianza de terneras constituye uno de los pilares fundamentales para garantizar la productividad futura de cualquier explotación ganadera. Los primeros 60 días de vida representan una etapa crítica en la que se define gran parte del potencial productivo del animal, ya que durante este periodo se establecen las bases de su inmunidad, crecimiento y desarrollo digestivo.
Cada decisión tomada en esta fase tiene repercusiones directas sobre el desempeño futuro de la ternera y, en consecuencia, sobre la rentabilidad del sistema productivo. Un manejo adecuado desde el nacimiento permite formar animales más sanos, eficientes y capaces de expresar plenamente su potencial genético.
El calostro: la primera línea de defensa
La inmunidad de una ternera comienza desde el momento en que recibe el calostro tras el nacimiento. Este alimento es considerado la primera y más importante fuente de protección contra enfermedades durante las primeras semanas de vida.
Un calostro de alta calidad, rico en anticuerpos y suministrado oportunamente, contribuye significativamente a reducir la incidencia de diarreas neonatales, mejorar la ganancia de peso y brindar una protección inmediata frente a diversos agentes patógenos. Las primeras horas después del nacimiento son determinantes, ya que durante ese tiempo el organismo de la ternera tiene una mayor capacidad para absorber las inmunoglobulinas necesarias para lograr una adecuada transferencia de inmunidad pasiva.
Por esta razón, garantizar el suministro oportuno y en cantidades adecuadas de calostro es una de las prácticas más importantes dentro del manejo neonatal.
Nutrición temprana y desarrollo del sistema digestivo
Además de la inmunidad, la nutrición temprana desempeña un papel fundamental en el desarrollo gastrointestinal de la ternera. Una alimentación equilibrada y correctamente planificada favorece la absorción eficiente de nutrientes, estimula el consumo precoz de alimento iniciador y promueve el adecuado desarrollo del rumen.
Los beneficios de una nutrición temprana adecuada van más allá del crecimiento inicial. Diversos estudios han demostrado que durante esta etapa se producen cambios metabólicos y epigenéticos que pueden influir significativamente en el rendimiento productivo futuro del animal.
Esto significa que una buena alimentación en los primeros meses de vida contribuye a mejorar la capacidad de la ternera para expresar todo su potencial genético, generando impactos positivos que se reflejarán durante toda su vida productiva.
Manejo neonatal: pequeños detalles que marcan la diferencia
El éxito de la crianza comienza desde el día cero y requiere una atención constante a múltiples factores. El manejo neonatal involucra prácticas esenciales como el suministro oportuno de calostro, la correcta curación y desinfección del ombligo, la higiene de las instalaciones y utensilios, una nutrición adecuada y el monitoreo permanente del estado de salud de los animales.
Aunque algunas de estas acciones puedan parecer simples, su correcta ejecución es determinante para prevenir enfermedades y garantizar un crecimiento óptimo. En la práctica, son precisamente los pequeños detalles los que suelen generar las mayores diferencias en los resultados productivos obtenidos años más tarde.
Un manejo cuidadoso durante esta etapa reduce los riesgos sanitarios y crea las condiciones necesarias para que la ternera alcance un desarrollo adecuado.

«Si bien la genética constituye el punto de partida para alcanzar altos niveles de productividad, por sí sola no garantiza el éxito. Para que una ternera pueda expresar completamente su potencial genético es indispensable complementarla con un manejo adecuado, una nutrición estratégica, una correcta transferencia de inmunidad y un entorno sanitario favorable desde el nacimiento»


La salud pre-destete y su impacto a largo plazo
La salud durante el período pre-destete tiene efectos que trascienden ampliamente los primeros meses de vida. Los episodios de enfermedad registrados en esta etapa pueden generar consecuencias permanentes sobre el desempeño productivo del animal.
Entre los principales efectos negativos se encuentran una menor ganancia diaria de peso, retrasos en la edad al primer servicio y al primer parto, mayores costos asociados a tratamientos veterinarios, incremento del riesgo de descarte prematuro y una disminución de la producción de leche durante la primera lactancia.
Por ello, la prevención y el control oportuno de enfermedades no solo representan una medida sanitaria, sino también una estrategia productiva y económica para maximizar el rendimiento futuro del hato.
Crianza eficiente: mayor rentabilidad para el productor
Una crianza eficiente se traduce directamente en mejores resultados económicos para el productor. Los animales que crecen en condiciones adecuadas presentan menores costos médicos, mejores tasas de crecimiento, una mayor eficiencia en el aprovechamiento de los alimentos y un desarrollo más acorde con sus capacidades genéticas.
Estos beneficios permiten obtener animales más productivos y longevos, capaces de generar mayores ingresos y contribuir a la sostenibilidad económica de la explotación ganadera.
Invertir en una correcta crianza no solo mejora los indicadores productivos, sino que fortalece la competitividad del sistema ganadero en el largo plazo.
Más allá de la genética
Si bien la genética constituye el punto de partida para alcanzar altos niveles de productividad, por sí sola no garantiza el éxito. Para que una ternera pueda expresar completamente su potencial genético es indispensable complementarla con un manejo adecuado, una nutrición estratégica, una correcta transferencia de inmunidad y un entorno sanitario favorable desde el nacimiento.
La combinación de estos factores es la que permite transformar un buen potencial genético en resultados productivos concretos.
Construyendo las vacas del futuro
La crianza de terneras no debe entenderse únicamente como una etapa de crecimiento, sino como el proceso de construcción de las futuras vacas que sostendrán la productividad y rentabilidad de la ganadería.
Cada inversión realizada durante los primeros meses de vida genera beneficios que acompañarán al animal durante toda su trayectoria productiva. Por ello, una buena crianza no debe verse como un gasto, sino como una inversión estratégica que contribuye a formar animales más sanos, eficientes y rentables, capaces de responder a las demandas de una ganadería moderna y competitiva.
Fuente: Agrocampo
Redacción: Publiagro

















