El seguimiento productivo, la selección rigurosa y el manejo nutricional permiten desarrollar animales capaces de superar los 18.000 litros por lactancia

En la producción lechera moderna, alcanzar altos niveles de rendimiento no es fruto del azar, sino del manejo técnico y la toma de decisiones basada en datos. Así lo explica Robert Frerking, de Agropecuaria Las Maras, quien destaca que el control lechero y la evaluación constante de los animales son pilares fundamentales para lograr ejemplares de alto potencial genético.

“El conocer la producción de leche permite mejorar genéticamente el hato y evaluar los índices zootécnicos de la propiedad”, señala Frerking. Este enfoque incluye el análisis de la alimentación, la salud ruminal y el estado nutricional de cada vaca, factores clave que inciden directamente en la productividad.

Uno de los pilares de este sistema es el control lechero periódico. En Las Maras, se realiza cada 15 días, lo que permite construir curvas de lactancia individuales, medir la persistencia productiva y evaluar el desempeño en diferentes etapas (primer, segundo, tercer parto y posteriores). Esta información es esencial para seleccionar los mejores individuos y definir cuáles serán destinados a la reproducción.

Desde el punto de vista técnico, la curva de lactancia es un indicador clave que describe la evolución de la producción de leche desde el parto hasta el secado. Una vaca de alto rendimiento no solo debe alcanzar un pico elevado, sino también mantener una buena persistencia, es decir, una disminución gradual y sostenida de la producción. Este comportamiento está estrechamente relacionado con la genética, pero también con el manejo nutricional y sanitario.

Un ejemplo concreto es Garapa FIV Zamboni, una vaca con cinco partos que ha sido monitoreada desde su primera lactancia. Su desempeño la ha convertido en una “donante”, es decir, un animal seleccionado para la reproducción avanzada mediante técnicas como la fertilización in vitro (FIV), permitiendo multiplicar su genética superior en el hato.

“La combinación de datos, genética y manejo técnico transforma el potencial productivo en resultados concretos dentro de la lechería moderna”

El uso de biotecnologías reproductivas como la FIV y la transferencia de embriones ha revolucionado la producción lechera, permitiendo acelerar el mejoramiento genético. Estas herramientas posibilitan obtener múltiples crías de una vaca élite en un corto periodo, maximizando el impacto de los mejores genes en la población.

Los resultados de este trabajo sistemático son evidentes. Frerking destaca el caso de Amanda Fitz de Las Maras, una vaca que actualmente ostenta un récord nacional con un pico de 112 litros diarios y un promedio de 95 litros por día. Asimismo, otro ejemplar desarrollado en sociedad ha alcanzado más de 18.000 litros en 305 días, un estándar internacional utilizado para medir la producción total de una lactancia.

Estos niveles de producción requieren no solo genética superior, sino también una nutrición de precisión. Las dietas deben ser balanceadas en energía, proteína, fibra efectiva, minerales y vitaminas, garantizando una adecuada función ruminal. La salud del rumen es determinante, ya que es el principal órgano digestivo en los rumiantes y donde se transforma el alimento en energía utilizable para la producción de leche.

Además, el manejo sanitario juega un rol clave. Programas de vacunación, control de enfermedades metabólicas y monitoreo constante permiten evitar caídas en la producción y asegurar la longevidad de los animales.

Finalmente, el enfoque integral que combina genética, nutrición, sanidad y manejo de datos permite a las cabañas no solo mejorar su productividad, sino también tomar decisiones estratégicas. “El control lechero nos permite identificar las vacas más productivas y tomar decisiones en alimentación, reproducción y sanidad”, concluye Frerking.

En un contexto donde la eficiencia es clave, la lechería moderna demuestra que el éxito está en los detalles: medir, analizar y seleccionar para construir, generación tras generación, animales de verdadera élite productiva.

Redacción: Publiagro