La absorción del antiguo Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras por Desarrollo Productivo bajo el Decreto 5488 abre un debate sobre los riesgos y oportunidades para el sector agropecuario, en un momento clave para la producción y el diálogo multisectorial

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En un movimiento estructural que marca las prioridades del nuevo Gobierno, el Decreto Supremo 5488 reorganizó el gabinete del Ejecutivo boliviano, reduciendo el número de ministerios de 17 a 15. Entre los cambios más llamativos  está la fusión del antiguo Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras con el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural, dando origen al nuevo “Ministerio de Desarrollo Productivo, Rural y Agua”. Esta decisión ha sido recibida con optimismo por algunos por su promesa de eficiencia, pero con reservas por parte de actores del agro que temen que su voz se diluya entre otros sectores productivos.

Lo que busca la fusión

El decreto argumenta que la reorganización apunta a una mayor “eficiencia administrativa, coordinación interinstitucional y racionalidad funcional”. Al combinar dependencias, el Estado aspira a fortalecer la planificación, gestión y ejecución de políticas públicas con impacto, promoviendo la transparencia y la seguridad para la ciudadanía. En teoría, el nuevo ministerio absorberá funciones tanto productivas como rurales, lo que podría facilitar una visión más integral del desarrollo agropecuario.

Riesgos para el sector agropecuario

Sin embargo, para muchos productores la fusión representa una pérdida: la desaparición de un ministerio exclusivamente dedicado al agro significa menor protagonismo político. Al agrupar el agro con otros sectores “productivos”, ¿se corre el riesgo de que las políticas agropecuarias, especialmente las de desarrollo rural, se subordinen a otras prioridades industriales o urbanas?. Además, las demandas históricas de los agricultores —tierras, apoyo técnico, seguridad jurídica, abigeato, avasallamientos, crédito, agua— ¿podrían no recibir el enfoque detallado que un ministerio especializado proporcionaba? (aspecto que se debía mejorar en muchos aspectos).

En el pasado, ambos ministerios han trabajado con un Comité Técnico Interministerial, reflejado en resoluciones conjuntas entre Desarrollo Productivo y Desarrollo Rural. Por ejemplo, la Resolución Bi-Ministerial 005/2023 consolidó informes técnicos para coordinar acciones entre ambos despachos.

 “La reorganización ministerial que unió al agro con desarrollo productivo supone una apuesta a la eficiencia, pero también genera preocupación entre los productores sobre la pérdida de una cartera específica para sus demandas”

¿El Comité Multisectorial fue como un ejemplo para esta unión?

El llamado “bloque productivo” agrupado en el Comité Multisectorial, que incluye al sector agropecuario entre sus 68 entidades, ha ofrecido colaborar con el nuevo Gobierno para reactivar la economía nacional. Pero la relación no ha sido exenta de fricciones: este año, el Comité reclamó medidas concretas, especialmente sobre el diésel y la derogatoria de la Disposición Séptima del Presupuesto General del Estado (PGE), algo que los productores consideran estructural.

Algunos miembros del Comité incluso rechazaron reuniones convocadas por el Gobierno por considerarlas superficiales, denunciando que los compromisos no atacan el problema de fondo. 

Aunque el discurso de unidad productiva fue usado como justificación para una política de reestructuración, no está claro que haya existido un mandato explícito por parte del Comité Multisectorial para fusionar específicamente los ministerios agropecuarios con los productivos. Más bien, su llamado ha sido a trabajar en conjunto y a que el Estado escuche sus demandas.

Consecuencias potenciales

  • Positivas: la nueva cartera podría plantear políticas agroindustriales más integradas, fomentar cadenas de valor, optimizar recursos y coordinar mejor temas como riego, agua, tecnología y producción.
  • Negativas: podría diluirse la voz campesina; disminuir la inversión específica para proyectos rurales; perderse enfoque en tierras, sanidad animal y apoyo a agricultura familiar.

La fusión ministerial bajo el nuevo Gobierno es una jugada ambiciosa: aspira a modernizar el aparato estatal, pero ¿será que corre el riesgo de subordinar los intereses del agro a una visión más amplia de “desarrollo productivo”?. Para que no se convierta en un retroceso para los agricultores, será clave que el Ministerio de Desarrollo Productivo, Rural y Agua construya puentes sólidos con el sector, priorice sus necesidades y no pierda sensibilidad frente a la ruralidad.

La historia dirá si esta reorganización es el inicio de una era de mayor integración y eficiencia, o una pérdida de espacio para el rural profundo. Desde Publiagro, seguiremos atentos a cómo esta fusión se traduce en políticas concretas y si el agro logra mantener su peso en la agenda nacional.

 Redacción: Publiagro