
Pedro Pellegrino, presidente de Asosemillas, advierte que muchos productores eligen variedades no autorizadas creyendo que la biotecnología garantiza mayor rendimiento, poniendo en riesgo la calidad y trazabilidad de la producción de soya


El presidente de Asosemillas, ingeniero Pedro Pellegrino, explicó en una entrevista las cifras y desafíos que enfrenta el sector semillero de soja de cara a la próxima campaña de verano, y advirtió sobre el crecimiento del uso de semillas no autorizadas que ponen en riesgo la trazabilidad, la inversión y la seguridad genética de los cultivos.
Según Pellegrino, la estimación de superficie para la campaña es de 1.300.000 hectáreas, lo que implica una necesidad de aproximadamente 85.000 toneladas de semilla, calculadas a razón de 65 kilos por hectárea. Frente a esa necesidad, la oferta del sector formal resulta claramente insuficiente: Asosemillas ofrece entre 14.000 y 14.500 toneladas de semilla certificada para esta campaña, monto que representa apenas cerca del 16% de la demanda estimada.
La asociación que preside Pellegrino comercializa 26 variedades de semilla de soja certificadas, adaptadas a diversos ambientes —norte, este y sur de Santa Cruz— así como a los ambientes de Beni y Yacuiba. En el país existen 35 empresas semilleras legalmente establecidas que producen estas variedades, aseguró el dirigente.
Respecto a la demanda, el dirigente apuntó que ésta se ha reducido en comparación con el año pasado debido a una menor estimación de superficie para grano: “la demanda es menor porque la estimación de siembra para grano baja unas 50.000 hectáreas”, explicó Pellegrino, sin dejar de enfatizar la brecha entre lo requerido y lo disponible.
Un problema crítico que detalló el presidente de Asosemillas es el avance de las semillas ilegales o no registradas. “El uso de semillas ilegales es preocupante”, afirmó, y describió dos situaciones que agravan la problemática: por un lado, la no declaración por parte del agricultor del uso propio de semillas registradas, que evitan así pagar la licencia al obtentor; por otro, la introducción y uso de variedades no autorizadas con eventos transgénicos o con caracteres como resistencias a herbicidas, muchas veces producidas dentro del territorio y, en gran medida, ingresadas de forma ilegal por contrabando.
“Hemos escuchado por redes sociales que todos piden biotecnología, porque confunden biotecnología con rinde, y no es así. La biotecnología es una herramienta de protección a la planta”

Pellegrino advirtió sobre las consecuencias económicas para el semillero formal: “El semillerista no puede producir más cantidad porque no tiene la posibilidad de ventas. Quedaríamos con stock y tendríamos que enviar la semilla a la industria”, lo que deja claro el efecto adverso que la ilegalidad tiene sobre la oferta legal y la inversión en calidad.
El dirigente defendió además la capacidad técnica del sector semillero nacional: “El sector semillero está totalmente con capacidad de ofrecer calidad y cantidad para abastecer, solo que el agricultor decide por variedades no autorizadas que el semillero no puede producir”, explicó Pellegrino, llamando a reforzar controles y políticas que incentiven el uso de semilla certificada.
Sobre la adopción de tecnologías, Pellegrino señaló que existe una confusión pública entre biotecnología y rendimiento: “Hemos escuchado por redes sociales que todos piden biotecnología, porque confunden biotecnología con rinde, y no es así. La biotecnología es una herramienta de protección a la planta”. En su opinión, la promoción indiscriminada desde distintos sectores termina fomentando la demanda de variedades ilegales.
Al cierre, el presidente de Asosemillas pidió mayor claridad en la comunicación y medidas que protejan la cadena formal de semillas, para asegurar la disponibilidad de materiales homologados y el correcto funcionamiento del mercado semillero, claves para la sustentabilidad productiva del país.
Fuente: Pedro Pellegrino (Asosemillas)
Redacción: Publiagro













