
El exceso de humedad retrasa la recolección de soya en la zona norte, donde aún falta un 20% por cosechar; productores temen afectaciones también en la preparación de la campaña de verano

Las intensas precipitaciones registradas en los últimos días en el departamento han agudizado los problemas que enfrenta el sector agrícola, que se encuentra en una etapa clave del calendario productivo: concluir la cosecha de invierno y preparar los suelos para la campaña de verano.
El exceso de humedad en los campos ha dificultado el ingreso de la maquinaria y, en muchos casos, ha ocasionado pérdidas en cultivos que estaban listos para ser cosechados. Los productores expresan su preocupación ante la posibilidad de que, si las lluvias continúan, se retrase la planificación de la próxima siembra, afectando así los rendimientos del siguiente ciclo.
De acuerdo con los pronósticos del agrometeorólogo Luis Alberto Alpire, “desde el jueves, sábado ya no lloverá, aunque se esperan chubascos nuevamente para el domingo”. Sin embargo, el especialista advierte que la situación actual ya está generando complicaciones en varias zonas productivas del departamento.
“Hay dificultades por esta lluvia persistente; en la zona norte está el problema de la soya, que son unas 350 mil hectáreas sembradas y que aún falta un 20% por cosechar y que podría verse afectada por las lluvias”, explicó Alpire, remarcando que las condiciones climáticas podrían incidir negativamente en la calidad del grano y en la rentabilidad de los productores.
En este contexto, el sector agrícola continúa atento a la evolución del clima, mientras las asociaciones de productores piden apoyo técnico y logístico para evitar mayores pérdidas en un momento decisivo para la economía agrícola regional.

“Hay dificultades por esta lluvia persistente; en la zona norte está el problema de la soya, que son unas 350 mil hectáreas sembradas y que aún falta un 20% por cosechar y que podría verse afectada por las lluvias”

El problema es el diésel
El problema no es el agua, es la falta de diésel. Sin combustible, los tractores no avanzan y las sembradoras se detendrán. Mientras los pronósticos indican lluvias continuas, el campo necesita moverse rápido en cada ventana de sol. No hacerlo implicará un daño irreparable: la pérdida de siembras de los cultivos de 1.3 millones soya, maíz (100 mil ha) y sorgo (100 mil ha), que sostienen la seguridad alimentaria del país.
El Gobierno saliente no tuvo la capacidad y el productor no puede ni cosechar ni sembrar. Los tractores se apagan, las cañas quedan en pie, y la soya —que alimenta las tres principales cadenas de proteína del país— comenzará a escasear. No habrá carne, bovina, ni de cerdo, ni de pollo, ni leche sin combustible. Y cuando eso ocurra, lo que faltará en el campo se sentirá en cada plato de las mesas de los bolivianos.
Bolivia ya conoce este guion: inflación, escasez y excusas. Pero esta vez la crisis no viene del mercado internacional, viene del abandono interno. La falta de diésel oportuno y la improvisación estatal pueden costarle al país una de sus peores crisis alimentarias en décadas.

Fuente: Luis Alberto Alpire
Redacción: Publiagro














