
Una correcta nutrición, manejo y estimulación lumínica durante el levante define la productividad futura de gallinas y gallos reproductores

La etapa de recría representa una de las fases más determinantes en la vida productiva de los animales destinados a la reproducción, tanto en hembras como en machos de líneas pesadas. Esta fase, que abarca desde el destete hasta la pubertad o el inicio de la actividad reproductiva, no solo define el desarrollo estructural y funcional del animal, sino que también condiciona su futuro desempeño genético, reproductivo y productivo.
Durante esta etapa, los desequilibrios nutricionales, problemas sanitarios, errores de manejo o la falta de una selección adecuada pueden comprometer el potencial de los futuros reproductores, afectando directamente la eficiencia global del sistema. En el caso de las hembras, un mal manejo puede traducirse en fallas en el inicio de la pubertad, ciclos irregulares o baja fertilidad. Para los machos, los efectos pueden reflejarse en un escaso desarrollo testicular, baja calidad seminal o comportamientos reproductivos deficientes.
Rodrigo Damen, gerente de servicio técnico para Aviagen en Sudamérica, subraya que es fundamental que esta etapa se aborde con criterios técnicos rigurosos, considerando factores clave como la nutrición balanceada, el control sanitario preventivo, el bienestar animal y una evaluación genética y fenotípica constante, especialmente en programas de selección de reproductores.
“La recría es la etapa crítica donde vamos a formar a las gallinas y a los gallos que vamos a ver en producción, y de cierta manera es crítico porque vamos a determinar la performance de los lotes en la producción”.
Durante esta fase, es esencial lograr aves que sigan el perfil recomendado de peso para la línea genética correspondiente, manteniendo la mayor uniformidad posible en condición corporal. Esto implica que las aves tengan un mismo peso, mismo tamaño, mismo desarrollo de pechuga y similares reservas de grasa, de modo que al momento del traslado lleguen con una madurez sexual pareja, tanto hembras como machos.
Damen enfatiza el valor del monitoreo técnico como herramienta de gestión eficiente.
“Todo es un trabajo de registro, seguimiento y análisis de datos, viendo los lotes que mejor funcionan, qué características tienen y tratando de replicar esto en el resto de los clientes”.
Uno de los aspectos con mayor influencia en el éxito de esta etapa es la nutrición, que debe ir de la mano con un manejo adecuado. Una alimentación bien planificada tiene un impacto significativo en lo que las hembras y machos serán capaces de expresar durante su vida productiva, permitiendo un control más preciso y eficiente.

“La recría es la etapa crítica donde vamos a formar a las gallinas y a los gallos que vamos a ver en producción, y de cierta manera es crítico porque vamos a determinar la performance de los lotes en la producción”


En ese sentido, el levante se convierte en un proceso fundamental dentro del ciclo productivo avícola. Esta fase comprende el periodo desde el nacimiento del ave (pollito) hasta que alcanza la madurez sexual. Para aves ponedoras, este lapso va desde el primer día hasta aproximadamente las 16-18 semanas de edad, momento en el cual se inicia la producción de huevos. En el caso de las aves de carne (pollos parrilleros), el levante es más corto, pero igualmente crucial para el desarrollo.
“Para ello la línea Aviagen tiene estrategias nutricionales para acompañar el manejo y que las aves en cada etapa tengan un control de peso. En la recría, darle un alimento especial va a permitir que las aves depositen grasa durante la etapa de producciones. Estos alimentos van a permitir mantener el peso de huevo, permitir que las hembras tengan un crecimiento controlado de la pechuga”.
Para los machos, la alimentación específica también juega un rol vital. El alimento formulado exclusivamente para ellos permite cubrir todos los requerimientos nutricionales a lo largo de la producción, ayudando así a mantener la actividad sexual durante todo el ciclo.
Otro elemento clave en esta fase es la iluminación, utilizada como estímulo fisiológico y conductual. La luz es esencial para preparar a las aves para la producción:
“Es fundamental como estimulación para las aves para la producción, por eso durante los primeros días se tendrá mucha duración con una alta intensidad para estimular la actividad y que tengan un buen consumo; el resto de la recría serán pocas horas de luz de día con baja intensidad para control del comportamiento y también para hacer que las aves respondan al estímulo lumínico a las 22 semanas al fin de la recría”.
Finalmente, Damen reconoce el esfuerzo técnico que se realiza en Bolivia, destacando el compromiso y la rigurosidad en el manejo:
“En Bolivia son muy aplicados en lo que es manejo y a raíz de esto, muy buenos resultados. Por ahí una posibilidad es ir implementando también algunos equipamientos que van a permitir mejorar aún más los manejos y los resultados”.
Fuente: Rodrigo Damen
Redacción: Publiagro














