Productores y especialistas resaltan la importancia de una alimentación adecuada, genética y buenas prácticas para obtener cerdos más saludables y productivos

La alimentación y la nutrición son pilares fundamentales para potenciar el desempeño y el manejo eficiente de los porcinos en cualquier sistema de producción. Una dieta balanceada y adaptada a cada etapa productiva no solo favorece el crecimiento óptimo y la salud de los animales, sino que también mejora la eficiencia alimenticia, reduce los costos de producción y maximiza los rendimientos económicos, aspectos claves para la rentabilidad y sostenibilidad de las granjas porcinas.

En el caso específico de la porcicultura moderna, una correcta nutrición debe garantizar el aporte adecuado de energía, proteínas, vitaminas y minerales, cubriendo las necesidades específicas de cada categoría animal, desde lechones, pasando por los cerdos en crecimiento, hasta las reproductoras en gestación o lactancia.

“Una alimentación bien planificada es la base para lograr cerdos más sanos, con mejores tasas de conversión alimenticia y mayor calidad de carne”, destaca Felipe Alves, profesional en nutrición porcina, haciendo énfasis en que la alimentación no solo impacta en la ganancia de peso, sino también en la calidad final del producto y en la salud general del hato.

Por su parte, Felipe Alves, explicó la importancia de trabajar en escenarios de alta eficiencia productiva, especialmente cuando se trata de cerdos modernos, y detalló qué estrategias aplicar tanto en el ámbito nutricional como en el no nutricional, considerando factores como la energía de la dieta, la densidad animal por corral y las condiciones ambientales.

Cuando se habla de cerdos modernos, Alves señala que se trata de animales genéticamente más eficientes, con una capacidad de ganancia de peso muy rápida, pero que al mismo tiempo son más sensibles a los cambios ambientales y alimenticios.

“Presentamos cambios nutricionales por el tema del consumo, ya que es un animal que consume menor alimento, sobre todo en la recría, y es muy sensible a las condiciones. Es una integración compleja pero importante para tener resultados económicos eficientes”, afirmó.

“Los cambios nutricionales y genéticos están pasando de manera muy rápida. Es natural que lo que se hacía antes, quizás no sirva o no funcione, entonces la información es clave para basar la toma de decisiones”
 
Foto: Publiagro
Foto: Publiagro

Alves subrayó que un cerdo moderno tiene como base una buena genética, y que el manejo debe ser siempre en respuesta a las necesidades de esa genética, lo que ha cambiado notablemente con el paso del tiempo. Por ello, destaca la necesidad de una interacción permanente entre la nutrición, la infraestructura de alojamiento, el ambiente y, por supuesto, la genética.

“Imagina que cada granja tenga su genética, porque no todas trabajan con la misma; tampoco es la misma alimentación, los mismos granos ni los mismos costos. Por eso es necesario mirar de manera muy puntual para tener la máxima eficiencia y mejor rentabilidad para el negocio”, explicó.

El especialista enfatizó que todo depende del trabajo diario que se realice en la granja, siempre acompañado de asesoramiento profesional, con apuntes, monitoreo constante y ajustes finos. Por ello, Alves siempre recomienda a los productores estar en constante actualización y búsqueda de información.

“Los cambios nutricionales y genéticos están pasando de manera muy rápida. Es natural que lo que se hacía antes, quizás no sirva o no funcione, entonces la información es clave para basar la toma de decisiones”, advirtió.

De igual manera, tal como sucede en la producción de ganado bovino, en la porcicultura actual también se trabaja en mejorar la eficiencia alimenticia, es decir, desarrollar animales que consuman menos alimento pero que sean igualmente eficientes en su desarrollo, que ganen peso rápidamente y que generen carne de calidad en menos tiempo. Alves considera que esta tendencia es una respuesta natural a la selección genética por eficiencia, donde los animales tienden a consumir menos sin perder su capacidad de desarrollo.

Además, se ha observado que incluso en las hembras reproductoras se busca lograr un equilibrio entre la prolificidad y la musculatura, ya que un exceso de músculo podría afectar la fertilidad. Sin embargo, gracias a los avances genéticos, la selección actual se enfoca en garantizar que la musculatura sea solo un efecto colateral de la selección por alta prolificidad, sin comprometer la capacidad reproductiva de las hembras.

En conclusión, todo se basa en una correcta selección genética y en un manejo adecuado de la nutrición y el ambiente, lo que permitirá obtener animales más eficientes, sanos y productivos, generando así mayor rentabilidad para el productor y consolidando sistemas productivos más sostenibles y competitivos.

Fuente: Fernando Alves
Redacción: Publiagro