A través de la investigación genética y la biotecnología, el CIAT trabaja en la creación de variedades más productivas, tolerantes a enfermedades y adaptadas a las condiciones climáticas

El Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT) cumple un rol estratégico en el fortalecimiento del sector agropecuario boliviano, en particular en el cultivo de trigo, un alimento básico que tiene un alto impacto en la seguridad alimentaria y la economía nacional. Bolivia, como muchos países de la región, enfrenta múltiples desafíos en la producción triguera, entre los que se destacan las variaciones climáticas, las plagas, las enfermedades y la necesidad urgente de mejorar la productividad para reducir la dependencia de las importaciones.

Consciente de estos retos, el CIAT ha enfocado su trabajo en la investigación, el mejoramiento genético y la validación de nuevas variedades de trigo adaptadas a las condiciones agroclimáticas locales. Gracias a estos esfuerzos, se han logrado significativos avances que benefician directamente a los productores agrícolas, permitiéndoles acceder a semillas mejoradas que combinan sanidad, rendimiento y adaptabilidad.

Yeison Rojas, responsable del Proyecto Trigo CIAT, destacó algunas de las variedades que actualmente lideran la producción en el país. “Las variedades destacadas y que son las más sembradas son, por ejemplo, la variedad Motacú, que es la más sembrada en el departamento, representando aproximadamente el 75% de la superficie triguera”, señaló Rojas. Esta variedad se ha convertido en la favorita de los agricultores debido a su alto rendimiento, adaptabilidad y sanidad.

Otra variedad importante es la Penoco, que según Rojas, es similar a la Motacú, solo que de ciclo más largo, pero en sanidad y rendimiento es excelente también, lo que la convierte en una alternativa viable para diferentes sistemas de producción. A estas se suma la variedad Tarumá, que ha sido desarrollada a partir de un cruce con una variedad proveniente de Paraguay y que fue liberada recientemente, el año pasado, mostrando excelentes resultados en el campo. Además, la variedad Jarajorechi destaca por ser “una variedad de espiga grande, de porte alto, que tiene buena sanidad”, lo que la hace atractiva para productores que buscan volumen y resistencia en sus cultivos.

“Las variedades destacadas y que son las más sembradas son, por ejemplo, la variedad Motacú, que es la más sembrada en el departamento, representando aproximadamente el 75% de la superficie triguera”
 
Foto: Ciat
Foto: Ciat

El proceso de creación y liberación de cada nueva variedad es largo y riguroso. Rojas explicó que “nosotros para liberar una variedad tardamos entre 5 a 6 años”, tiempo en el cual se realizan ensayos de campo, análisis de rendimiento, pruebas de resistencia a enfermedades y validación agronómica. Además, enfatizó que “todas las variedades que tenemos para el agricultor son tolerantes a las principales enfermedades, para que el agricultor no tenga necesidad de hacer mucha aplicación de fungicida”, contribuyendo así no solo a reducir los costos de producción, sino también a minimizar el impacto ambiental derivado del uso excesivo de agroquímicos.

El Programa Trigo del CIAT no se limita únicamente a la mejora genética convencional. Actualmente, el equipo de investigación también está explorando el uso de biotecnología para desarrollar variedades que presenten resistencia a la sequía y a enfermedades como la piricularia (Pyricularia grisea), un hongo que puede causar importantes pérdidas en los cultivos. “Ahora también estamos investigando en el uso de biotecnología resistente a sequía y a enfermedades como la piricularia”, indicó Rojas, señalando que la innovación tecnológica es una herramienta clave para enfrentar los efectos del cambio climático y las nuevas amenazas sanitarias que afectan al trigo en la región.

Gracias a estos avances, el CIAT no solo busca mejorar los rendimientos y la sanidad de los cultivos, sino también aportar a la sostenibilidad de la agricultura boliviana, generando variedades que se adapten a las necesidades de los agricultores locales y que permitan fortalecer la producción nacional de este cereal estratégico.

Fuente: Yeison Rojas
Redacción: Publiagro