El especialista Daniel Delitte, recomienda utilizar medidas para proteger la salud de los animales, pero además señala que también deben cuidarse los suelos que producen los alimentos.

El método freestall busca que los animales tengan áreas específicas en el lote, mejora la temperatura en los corrales en especial en zonas tropicales bajas armonizando aproximadamente en los 18°, entre los muchos beneficios que brinda, sin embargo, debe aplicarse con mucha precisión para evitar daños irreparables, de acuerdo a los datos aportados en el portal La Finca de Hoy.
En Bolivia, el técnico Daniel Delitte se refiere a esta técnica durante una entrevista concedida a Publiagro, nos da a conocer interesantes aspectos de esta herramienta utilizada en la ganadería y nos cuenta sus experiencias.
¿Es complicado hacer Freestall en Bolivia?
«Empezar con ese tema fue complicado y eso lo pudimos apreciar con el primer Freestall instalado en el país por cuanto se cometieron muchos errores debido a los pocos conocimientos que teníamos sobre este tema y al aplicarlo en trópico húmedo y caliente resultó un gran desafío. Hasta ahora pagamos los errores cometidos al principio», manifiesta el entrevistado.
Concretamente señala que se cometieron errores en la orientación del Freestall, toda vez que los datos que tenían eran equivocados en virtud a que deberían estar orientados al este y oeste, pero estaban ubicados de norte a sur.
“Este error hacía que el sol se levantara muy temprano en la mañana y tardíamente desapareciera en el Freestall en la noche y esto era contraproductivo para el caso de las estancias ganaderas ubicadas en el trópico húmedo caliente”.
No obstante, estima que el Freestall es una solución hasta llegar a los extremos, tras señalar que en él se tienen vientos de tres metros por segundo, como mínimo. Así mismo explica que la temperatura y la humedad son factores climáticos muy relevantes para la producción de leche y para la sanidad animal.
«En tiempos de ITH que oscila entre 82 a 84, la diferencia de temperatura entre afuera y adentro es de tres grados centígrados, entonces si estamos en 37 , dentro del Freestall estaríamos con 34 grados lo que produce estrés calórico. Por suerte, son unos cuantos días al año, si acaso una semana, pero esa semana nos cuesta mucho», asevera.
En ese sentido, manifiesta que ese estrés calórico sufrido en cierta temporada del año se paga después durante cinco meses, porque el crecimiento de las células criminales dentro de los ovarios de las vacas demoran 180 días.
Así, al recibir el animal una semana de calor intenso, el crecimiento de las células referidas lo castigan durante cinco meses y eso le produce problemas de fertilidad.
Se debe proteger al animal, sin olvidarse del suelo
Por otra parte, manifiesta que uno de los grandes pecados de muchos sistemas productivos es que son solo extractivos, lo que afecta a los suelos, por lo cual recomienda que hay que proteger al animal sin olvidarse de buscar alternativas para que los suelos sigan produciendo alimentos durante muchos años más.
«Para ello es necesario aplicar todas las leyes de agronomía disponibles con la finalidad de que esos terrenos se mantengan produciendo por muchos años», reiteró.
Agregó que a la naturaleza le costó miles de años construir este suelo y el hombre fue capaz de destruirlo en unos cuantos años. Por ello, manifiesta que los suelos deben ser recuperados apelando también a las medidas tradicionales como lo son las heces fecales, orines, y otros.
No obstante, sostiene que los excrementos de los porcinos, por ejemplo, contienen mucho cobre y por ello si se utiliza solo ese excremento se estará intoxicando el suelo con cobre y eso es mortal para los terrenos. Por ello recomienda monitorear constantemente para saber si se están haciendo bien las cosas, de forma agronómica y respetando todas las leyes para mantener el nivel de materia orgánica, el nivel nutritivo, pH del suelo y lograr que el suelo esté activo y vivo.
Recomienda mayor digestibilidad en la alimentación de los animales
En cuanto a la alimentación de los animales señaló que es necesario que los silos de maíz tengan una digestibilidad de más del 72%. Así, la variedad de maíz que se va a utilizar en el campo es la que determinará la digestibilidad que se tendrá en ese silo de maíz.
Destaca que si se utiliza una semilla equivocada se tendrá poca digestibilidad y eso se refleja en el promedio de producción de leche, por cuanto no se debe olvidar que el maíz entra en un 40% de la ración total de la alimentación de los animales.
«Por ello tengo que estar atento a todos los pasos que doy y evaluar en forma permanente no solo la cantidad de leche producida, sino la calidad de alimento que estoy entregando y hacer los ajustes sobre los alimentos que entrego a los fines de poder corregir si es necesario, con lo que se mantendrá la producción», subrayó.

El henolaje
También se refirió al tema del heno seco y la digestibilidad que se produce en los animales señalando que se deben, en este caso, aplicar las técnicas que se encuentran disponibles.
“Nadie habla de la digestibilidad por ejemplo los henos, existe una gran polémica de los henos secos. Hicimos un trabajo comparando la digestibilidad de un pasto x con otro, con la mayoría de los henos disponibles en el oriente y la diferencia en digestibilidad son realmente mínimas”.
Señala que si se habla de un bagazo de 47%, el heno será 49.
“No se llega al 50% entonces, por eso digo tal vez el camino es más el henolaje donde podemos agarrar el pasto más tierno, más joven y con más digestibilidad. Está la técnica disponible, hay que aprovechar estas técnicas para tener mayor digestibilidad, no vamos a poder producir leche a pasto si no mejoramos la digestibilidad de las pasturas”, dice en su recomendación final.
Fuente: Publiagro













