El Ing. Juan Vallejos, representante de la Fundación Proinpa, sostiene que se trata de dos granos con un alto contenido de proteína, originario de las montañas andinas que suministra grandes beneficios a las personas que lo consumen.

Para muchas personas es posible que la palabra tarwi sea desconocida, no obstante, se le conceptualiza como un cultivo andino ancestral que es trabajado por el personal de la Fundación Proinpa para sacarle el mayor provecho ante los grandes beneficios nutricionales que ofrece a las personas.
El Ing. Juan Vallejos representante de la Fundación Proinpa, encargada de desarrollar tecnología para el manejo agroecológico de cultivos, explicó las bondades de estas dos variedades de tarwi al ser entrevistado por Publiagro desde la ciudad de Cochabamba en el marco del lanzamiento de cinco variedades de cultivos que impulsa el Iniaf con la finalidad de promover la producción de estas variedades que mejoran los rendimientos de los agricultores.
«Ninguna institución había percibido las bondades del tarwi y una de ellas es el alto contenido de proteína (casi un 50%) que posee este cultivo, y por sobre todo es un fertilizador de tierras, aspecto que está validado en artículos científicos» resalta el experto.
Y va más al fondo al señalar que el tarwi en sus raíces fija nitrógeno y forma unos nódulos. Parte de ese nitrógeno se queda en el suelo para la posterior siembra.
Por esas razones el entrevistado afirma que es un cultivo muy importante para las zonas andinas, al igual que para los valles.
Desarrollar tecnología para el manejo agroecológico de cultivos.
¿El tarwi puede ser utilizado para la rotación de cultivos o solo como cultivo virgen?
«Yo diría que se lo utiliza con mayor propiedad para la rotación de cultivos, porque en terrenos vírgenes desarrolla bastante biomasa y hay poca producción, entonces, después del cultivo de un cereal es recomendable esta variedad de tarwi para nuevamente fertilizar el suelo y así empieza el sistema de rotación», subrayó el entrevistado.

Acotó que en este caso es necesaria una leguminosa y allí el tarwi entra en el sistema de rotación. Es por ello que siempre le recomienda a los agricultores que usen el tarwi por considerar que otros cultivos como el de las habas o las arvejas son sembrados en pequeñas superficies y estas son atacadas por fenómenos abióticos como lo son las heladas o granizadas.
Sostiene que en algunos casos no obtienen algún rendimiento, por ello el tarwi es bastante tolerante y resistente a la sequía por la raíz pivotante que posee por lo cual penetra lo que llamó horizontes profundos de donde extrae la raíz y las coloca en la superficie para aprovechar los siguientes cultivos.
¿Qué es la chejchita?
«En el mundo existen cerca de 400 especies de lupinos y de ellas solo son cuatro las que se han trabajado o domesticado. De estas tres pertenecen a la parte mediterránea de Europa y en la zona andina se cuenta con una sola especie: la lupino notabilus que tiene un crecimiento largo de diez meses y en condiciones semiáridas puede producirse en 4 a 6 meses, el consumo es de un alto contenido de proteína”, dice Vallejos.
Esto permite tener unas ventajas bastante comparativas respecto al ecotipo local que se tiene en Bolivia.
Esa es la razón por la que estaban registrando esa variedad en virtud a las condiciones que ofrece la misma caracterizadas por la precocidad, alto rendimiento y el alto contenido de proteína.
La Jatunta es otra especie de tarwi que se está empezando a trabajar en la parte mediterránea de Europa. Se trata de un grano de calibre más grande y también esta especie fija bastante nitrógeno y proteína.
«Por eso nosotros la recomendamos para los desayunos escolares, ya que es una alternativa positiva. Es muy parecida al trigo, es decir se cosecha y se puede llevar al molino donde se le mezcla con harina de trigo y se pueden elaborar pan, tortas, etc, muy nutritivos», precisó.
Redacción: Publiagro













