Glifosato no se degrada y se queda en el ambiente

El pesticida conocido comercialmente como Roundup es altamente persistente en el ambiente y suelo, lechos de los cursos de aguas superficiales, establecieron científicos en una publicación aparecida en mayo de 2018

 

Durante más de 30 años, la empresa Monsanto sostuvo con información falsa en sentido que el pesticida glifosato, el más resistido en el mundo, era biodegradable. Esta es una de las conclusiones de la publicación Antología Toxicológica del Glifosato, publicado en 2018, y en el que se recopilan las más amplias y diversas investigaciones recientes sobre el temido herbicida.

 

Decenas de trabajos científicos que forman parte de la Antología que salió a la luz pública a mediados del año pasado demostraron que el agrotóxico no se degrada ni con agua ni con el paso del tiempo. Al contrario, se trata de un agrotóxico altamente persistente en el ambiente, en el suelo, en los lechos de los cursos de aguas superficiales y en ellas mismas o que se degrada en un metabolito denominado AMPA.

 

Con esa información científica objetiva, la empresa Monsanto fue condenada en Francia, en el año 2007, a retirar la falsa característica de biodegradabilidad en las etiquetas de los formulados comerciales con el principio activo del agrotóxico glifosato. Un jardinero de Estados Unidos acaba de ganar un millonario proceso contra latransnacional y según el director de Probioma, una entidad ambientalista, Miguel Crespo, hay 11.000 juicios interpuestos contra la compañía que fue adquirida por el grupo Bayer de Alemania.

 

El gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior IBCE, Gary Rodríguez, aseveró que el pesticida era degradable en contacto con el agua y el medioambiente. Sin embargo, la investigación demostró todo lo contrario.

APLICACIONES

 

El glifosato es un agrotóxico herbicida que se utiliza para eliminar hierbas. Es de contacto, es decir no es absorbido por las raíces. La patente del Glifosato perteneció a la empresa Monsanto hasta el año 2000. El modelo agroindustrial introdujo el uso masivo del glifosato en la agricultura, con un aumento exponencial, a partir de la técnica de siembra directa y de cultivos modificados genéticamente para el tratamiento del aérea cultivable y el control químico de las hierbas consideradas por el agronegocio como “malezas”. No es un fitosanitario, dado que no brinda ningún tipo de sanidad vegetal, precisa la publicación.

 

Monsanto avala la seguridad ambiental e inocuidad del glifosato, en ensayos en laboratorio que solo se han realizado por plazos de 90 días, en ratas. Se ha demostrado por trabajos científicos recopilados en esta misma Antologia que las conclusiones de esos estudios son muy endebles al no comprender el ciclo total de vida (o al menos la mitad) de los animales, en este caso roedores, cuyo promedio de vida es de 24 meses.

 

Los estudios e investigaciones científicas que se han proyectado a largo plazo (todo el ciclo de vida de los animales), en relación a los agrotóxicos, están demostrando claramente los efectos crónicos y carcinogenéticos que pueden tener sobre la salud humana cuando la población queda expuesta en el tiempo a estas sustancias.

 

La Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (OCDE), en el año 2009, creó los protocolos 452/453 de evaluaciones de riesgos crónicos y cancerígenos, tanto de los químicos como de los OGM, a plazos de 1 y 2 años, respectivamente, los cuales comenzaron a tener vigencia para los países miembros de la OCDE, a mediados de 2011.

MOSANTO, MAYOR DISTRIBUIDOR EN ARGENTINA

 

En Argentina están autorizados para su comercialización y uso en el sistema agroalimentario 410 formulados comerciales que llevan como principio activo el agrotóxico giflosato, y que se distribuyen entre 105 empresas titulares. El listado es encabezado por la Empresa Monsanto Argentina SRL con 30 registros.

 

La última revisión de seguridad ambiental e inocuidad alimentaria que se realizó del glifosato en Argentina fue en el proceso de reválida que se llevó a cabo entre los años 1996 y 2000. Se advierte, que para ese entonces, no existían protocolos para evaluar los riesgos crónicos y cancerígenos de los agrotóxicos.

 

Los estudios y evaluaciones que presentaron las empresas para obtener las autorizaciones, no son seguros, dado que fueron realizados con protocolos absolutamente inadecuados para indagar sobre los efectos crónicos y cancerígenos de los agrotóxicos.

 

Fuente: Periódico El Diario