sábado, mayo 25, 2019

El terremoto de Sipe Sipe de 1908 derrumbó viviendas, abrió grietas en las calles y causó pánico entre los pobladores, pero no pudo con el campanario del templo que resistió el sismo. Por eso, 110 años después, los hermanos Germán y Andrea Garnica Terrazas decidieron llamar a su empresa de cultivos hidropónicos con un nombre que rinda homenaje a este tradicional ícono de este poblado del valle bajo de Cochabamba.

 

El Campanario es una empresa que apunta a ofrecer verduras y frutas cultivadas con el método hidropónico en los diversos mercados cochabambinos.

 

Por ahora, explica Andrea, los esfuerzos están encaminados a la producción de lechugas.

 

La primera cosecha se logró a mediados de enero. Fueron unas 350 bolsas, de entre 350 y 400 gramos cada una, que se pusieron a la venta a 6 bolivianos en mercados locales como el de la Villarroel y Humboldt.

 

La empresa ahora busca distribuidores mientras se da a conocer al público en los centros de abasto y ferias de fin de semana.

Método hidropónico

 

En Cochabamba existen seis empresas que comenzaron a apostar por los cultivos hidropónicos, unos aéreos verticales u horizontales (porque no tocan el suelo). Este método permite una producción sin necesidad de utilizar tierra; sino agua potable y enriquecida con nutrientes. De esta manera, la lechuga está libre de microorganismos nocivos y puede ser consumida de forma inmediata una vez que se saca de la bolsa, resalta Garnica.

 

Además, la emprendedora resalta que la producción hidropónica permite aprovechar los espacios y desarrollar cultivos más seguros.

Procedimiento

 

Cada semilla se coloca en una esponja que recibe agua con los nutrientes necesarios para que la planta crezca. Luego de 20 días, una vez que se haya producido la germinación, los almácigos son llevados a un sistema de tubos de PVC conocidos como camas, donde siguen su crecimiento y son regados dos veces por semana durante un mes.

 

El agua, enriquecida, está en un tanque cerrado con capacidad de 3 mil litros que utiliza una bomba eléctrica que funciona con un costo mínimo de energía. Además, la técnica aplicada por El Campanario permite recuperar el líquido para reutilizarlo en el riego. Todo se produce en un vivero instalado en un terreno de 150 metros cuadrados.

 

El objetivo de la empresa es conseguir mercado para las lechugas a la par que se piensa diversificar los productos: tomates, pimentones y frutas están entre los planes. La idea es ofrecer al público alimentos libres de aditivos artificiales y provenientes de cultivos seguros.

 

Fuente: Periódico Cambio La Prensa

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