El campesino se alegró cuando su pariente Nilo Aguirre le dijo que una parcela de tierra salió a su nombre autorizada por el INRA (ver listas). Pero la sonrisa se fue rápido cuando el mismo Nilo le pidió 500 dólares como comisión para el INRA y los dirigentes. Ese sería solo el primer pago que les demandarían a él y a otros beneficiarios por mantener su nombre en la comunidad.
Anacleto frena su relato y hace una suma simple que deja ver la magnitud del botín que se reparten estos piratas: “Somos 90 personas que figuramos y nos pidieron 500 dólares a cada uno, es mucho dinero”. Son 45 mil dólares de comisiones en una sola autorización de asentamiento.
Al menos una decena de comunarios entrevistados en diferentes zonas de la Chiquitania hablaron de los mismos cobros de los dirigentes, quienes los obligan a pagar en bolivianos el equivalente a 500 dólares por solo ingresar como miembros de y de una comunidad (ver capítulo II). Negarse al pago tiene un costo: la expulsión de la comunidad. Anacleto fue sacado del predio junto con otras tres personas de su familia que tenían parcelas a su nombre y encima fue amenazado por los dirigentes. El cabecilla fue el encargado de su comunidad y dirigente de , Simón Apata Quispe.
Anacleto peregrinó con su denuncia “por cobros ilegales y por tráfico de tierras” durante años. “Allá en el predio la gente vende las parcelas (50 hectáreas) a 10 mil dólares y también las alquila a 100 dólares la hectárea. Fui a ver a Henry León y a todos los dirigentes de , pero ellos me amenazaron y me dijeron que me quedara callado. Les contesté que los demandaría porque son unos corruptos”, relata.
Álvaro la Torre, abogado de otros casos de tráfico de tierras y corrupción en el INRA, tomó la causa de Anacleto y armaron una denuncia contra Sergio Imana, director del INRA en Santa Cruz, quien no hizo caso a la acción del campesino y ni siquiera quiso recibirlo.
La ley indica: “De evidenciarse avasallamientos, venta o tráfico de tierras fiscales en el área autorizada, el INRA de oficio o a denuncia iniciará las acciones administrativas y/o penales contra los autores, cómplices, encubridores e instigadores”. Esta fue la norma claramente incumplida por Imana, pero Anacleto sentía que no había esperanzas, debido a los contactos que Imana tenía con la justicia.
Todo cambió cuando Evo Morales renunció a la Presidencia el 10 de noviembre y dejó el país luego de ser acusado de fraude electoral, y entró un gobierno de transición que prometía investigar los casos de corrupción del MAS. Imana ingresó a prisión preventiva el 26 de noviembre de 2019. Su encarcelamiento fue muy anunciado por las nuevas autoridades del gobierno transitorio como una señal de transparencia en el INRA.
Sin embargo, cuando los autores de esta investigación fueron a buscar a Imana a la cárcel en enero de 2020, este ya había salido en libertad bajo fianza. Álvaro la Torre, cuenta: “Le dieron la posibilidad de poner un bien como fianza para salir. Fue una audiencia de más de cinco horas con cuatro cuartos intermedios, algo muy extraño. Quien la llevó a cabo fue la vocal de la sala penal Arminda Méndez, diputada en el primer periodo del gobierno de Evo Morales”.
La libertad de Imana no trascendió a los medios de comunicación ni la opinión pública. Se intentó contactar más de una decena de veces a su abogado para tener su versión, pero sin éxito.
También se trató de hablar con el dirigente Adolfo León, quien aceptó una entrevista, pero no acudió a la cita. Luego de las denuncias contra Henry, Adolfo dejó de contestar el teléfono.
Teodoro Mamani, secretario general de la CSUTCB, fue el único que accedió a una entrevista y salió en defensa de su institución y del proceso de autorización de tierras de Morales: “Antes del hermano Evo ningún campesino tenía acceso a la tierra, era todo para terratenientes”. También asegura: “Hasta el momento no existe ni un caso de que la tierra (dotada a comunarios) se venda. Tampoco hay comunidades fantasmas. Puede ser que los compañeros vuelvan por una temporada a sus lugares de origen, pero su tierra sigue cumpliendo su función económica y social. Lo que pasa es que el nuevo gobierno busca excusas para sacarnos nuestras tierras, pero no nos vamos a dejar”. Las declaraciones de Mamani son dadas desde La Paz a más de mil kilómetros de Santa Cruz. Desde allí, asegura que todo está ajustado a la ley, aunque admite que no ha hecho supervisiones en terreno, sino que se basa en reportes de sus subalternos en Santa Cruz.
Mientras tanto, la injusticia que sufrió Anacleto muestra el abuso de poder y la ilegalidad que campea entre los dirigentes de estas instituciones. Y aún así está lejos de ser lo más oscuro que encontramos entre los dirigentes de la comunidad Los Cedros. La lista de integrantes de esta comunidad guarda un secreto: Simón Apata Quispe, dirigente de la CSUTCB que encabezó el asentamiento de Los Cedros, fue denunciado por la violación de una menor de 13 años con el agravante de ser su hijastra y de que la víctima terminó embarazada.
La denuncia fue interpuesta por la madre de la niña, Paulina Ramos Saigua, quien poco después firmó un Acta de Desistimiento del proceso. Hoy, Paulina figura como beneficiara de una parcela de tierra de Los Cedros y la Torre denuncia que el expediente desapareció del juzgado de Warnes donde fue presentado. El abogado apunta esto como otro ejemplo de cómo las influencias de estos dirigentes pesan ante la justicia, que parece ponerse un parche en el ojo para juzgarlos.
La mafia de la tierra no solo afecta y utiliza a su antojo a campesinos sino también a propietarios de haciendas. El testimonio de la abogada Marianela Bozo, en otro caso, permite ver el mismo modus operandi de los dirigentes y la complicidad del INRA, también en la zona de Pailón. La doctora Bozo fue contratada por la Asociación de Pequeños Productores Agropecuarios Colonia Menonita Neuland. Esta asociación denunció a Evo Morales y a César Cocarico (entonces presidente y ministro) porque sus tierras, compradas de buena fe y con la documentación legal para corroborarlo, habían sido declaradas tierras fiscales en 2017 y al poco tiempo una comunidad apareció en el lugar con autorización de asentamiento del INRA.
“Realicé mi investigación y descubrí un grupo bien organizado que se dedicaba a pedir dinero a los productores de la zona. En Pailón se ubicaban propiedades (sin importar que tengan todos sus papeles en orden y cumplan la función económica y social) y se les recortaban partes que se declaraban tierra fiscal. Los dirigentes de la zona conformaron comunidades con las cuales ingresaban a los predios y el INRA les daba la resolución de autorización de asentamiento”, cuenta Bozo.
Esta abogada sufrió las consecuencias de denunciar al INRA y sus tentáculos entre los dirigentes campesinos: dos encapuchados lanzaron una bomba molotov en su despacho cuando ella apenas había tomado la causa.
“Existen muchísimos casos y muchas veces los propietarios y los productores pagan para evitarse problemas. A mí me pidieron 50 mil dólares, pero a otros clientes de asociaciones más grandes les han pedido hasta un millón de dólares por solucionar sus asuntos”, finaliza la doctora, quién a pesar de las amenazas no fue acallada. Actualmente, y ante el nuevo contexto de un gobierno transitorio, Bozo está comenzando un juicio a Rogelio Cocarico, hermano del exministro César Cocarico por un litigio de unas tierras en Beni, departamento amazónico del país. Este y otros casos dan señales de que la Chiquitania fue solo el primer botín de la repartija de tierras y que la Amazonia sería la próxima X en el mapa de los piratas.
Fuente: Periódico Los Tiempos