
La escasez de combustible compromete la cosecha, el transporte y la industria, con impactos directos en la canasta familiar

La escasez de diésel se ha convertido en una de las principales amenazas para la producción de alimentos en el país. La crisis golpea con fuerza a los sectores lechero, oleaginoso y maicero, que dependen directamente del combustible para mover maquinaria agrícola, transportar insumos y garantizar el funcionamiento de las plantas procesadoras.
En el caso del sector lechero, la situación es crítica. El presidente de la Federación Departamental de Productores de Leche (FEDEPLE), Juan Manuel Rojas, alertó que, de no resolverse el problema en los próximos días, la planta que abastece el 78% del alimento balanceado se verá obligada a cerrar, poniendo en riesgo el suministro de leche a nivel nacional.
“Si el Gobierno no soluciona la crisis del diésel en los próximos días, la planta de alimentos será cerrada, poniendo en riesgo el 50% del abastecimiento de leche en el país”, advirtió Rojas.
El dirigente explicó que el sector lechero ya sufrió una caída del 30% en los últimos dos años, debido al encarecimiento de insumos y las dificultades logísticas derivadas de la escasez de combustible. Advirtió que la falta de soluciones inmediatas puede derivar en un desabastecimiento de leche en los mercados y pérdidas irreparables para cientos de productores familiares.
Oleaginosas en riesgo
El panorama no es diferente en la industria oleaginosa. Jorge Amantegui, presidente de la Cámara de Industrias Oleaginosas de Bolivia (CANIOB), expresó su preocupación y recordó que toda la cadena productiva depende del acceso oportuno al diésel.
“Nosotros que somos los transformadores necesitamos que llegue ese producto a las industrias y después poder procesarlo y entregarlo al sector pecuario, avícola, porcicultor, productor lechero. Si no hay diésel nos vamos a ver perjudicados todos”, sostuvo Amantegui.
El representante industrial hizo hincapié en que, si el agricultor no logra cosechar el grano por falta de combustible, las industrias tampoco tendrán qué transformar, lo que provocará un efecto dominó sobre la producción pecuaria y, en consecuencia, sobre el abastecimiento de la canasta familiar.
“Se necesita del grano que el agricultor va a cosechar porque, si no, no hay qué transformar y se tendrá que cerrar las industrias. El sector pecuario tampoco tendrá alimentación, lo que deriva en un desabastecimiento a mediano y largo plazo si el problema de diésel no se soluciona”, advirtió.

«Nosotros que somos los transformadores necesitamos que llegue ese producto a las industrias y después poder procesarlo y entregarlo al sector pecuario, avícola, porcicultor, productor lechero. Si no hay diésel nos vamos a ver perjudicados todos”


Sector maicero: cosechas retrasadas
En el sur del país, el sector maicero atraviesa una situación particularmente delicada. El presidente de Promasor, Mario Moreno, informó que la falta de diésel, sumada a la escasez de maquinaria y transporte pesado, ha retrasado el cronograma de cosecha, que podría extenderse hasta septiembre.
“Hay un retraso, hasta la fecha la cosecha está en 80%, pero hemos tenido problemas por el abastecimiento de diésel que no ha sido oportuno y tampoco llega a las provincias”, explicó.
Según Moreno, el aporte de la zona sur alcanzará al menos 450 mil toneladas en esta campaña, pero se estima un déficit de 500 mil toneladas, el cual deberá ser cubierto con importaciones. A este panorama se suma la presión del contrabando, tanto el que ingresa al país como el que sale de manera ilegal hacia Argentina y Perú.
El diésel: el talón de Aquiles de la producción boliviana
El diésel es el insumo energético más sensible para la producción de alimentos en Bolivia. Más del 90% de la maquinaria agrícola y del transporte pesado depende de este combustible. Según estimaciones del sector productivo:
Agricultura: se requieren entre 1,2 y 1,5 millones de litros de diésel por día en épocas de siembra y cosecha para maquinaria agrícola, principalmente en la producción de soya, maíz, trigo y caña de azúcar.
Sector lechero y pecuario: demanda aproximadamente 250 mil litros diarios, destinados al transporte de forraje, insumos y leche desde las zonas productoras hacia las plantas y centros de consumo.
Industria oleaginosa: consume cerca de 300 mil litros por día para el funcionamiento de plantas procesadoras y transporte de granos.
Transporte pesado nacional (que mueve alimentos e insumos entre departamentos): requiere en promedio más de 3 millones de litros diarios.
Bolivia importa más del 60% del diésel que consume, lo que genera una alta dependencia externa y costos significativos para el Tesoro General del Estado por el subsidio al combustible. La actual escasez, atribuida a problemas de logística e importación, está estrangulando la producción en varios eslabones de la cadena agroalimentaria.
Un futuro incierto
Si la situación no se soluciona en el corto plazo, los sectores productivos advierten un escenario de parálisis progresiva, con riesgos de desabastecimiento en leche, carne de pollo, cerdo y derivados oleaginosos, productos que representan la base de la alimentación en el país.
El mensaje de los productores es claro: sin diésel no se mueve el campo ni la industria, y con ello se compromete la seguridad alimentaria de Bolivia.
Redacción: Publiagro














