
Nutrición de alta biodisponibilidad, manejo ambiental y programas sanitarios fortalecen la vida productiva de las gallinas y la calidad del huevo

Mejorar la longevidad de las gallinas ponedoras y la calidad de la cáscara de sus huevos representa un desafío fundamental para la industria avícola, ya que ambos factores inciden directamente en la productividad y la rentabilidad de las explotaciones. Para alcanzar estos objetivos, es necesario adoptar un enfoque integral que abarque desde la nutrición y el manejo ambiental, hasta la salud y la genética de las aves, garantizando así condiciones óptimas para prolongar la vida productiva y obtener huevos con cáscaras resistentes y de alta calidad.
Carlos Paulo Henrique Ronchi, médico veterinario especializado en avicultura, destaca que «los cuatro principales pilares de la avicultura son nutrición, sanidad, manejo y genética, estos cuatro pilares vienen mejorando mucho, y mejoran la calidad de las gallinas, la longevidad de las gallinas, nutrición de alta performance, manejo adecuado de temperatura». Según Ronchi, el ave moderna produce más pero consume menos alimento gracias a la selección genética, lo cual es vital, considerando que «el alimento representa el 70 % del costo de una operación». Además, enfatiza que «el alimento que debemos proveer tiene que tener alta biodisponibilidad, lo que significa alta calidad de absorción y alta capacidad de retención».
Para mejorar la longevidad de las gallinas ponedoras y la calidad de la cáscara, se deben implementar varias acciones clave:
Nutrición adecuada
Proveer una dieta balanceada con niveles óptimos de calcio, fósforo, vitamina D3 y otros minerales esenciales, fortaleciendo la estructura ósea y la formación de cáscaras resistentes.
Controlar el balance energético y proteico para mantener la salud general del ave.

«El alimento representa el 70 % del costo de una operación». Además, enfatiza que «el alimento que debemos proveer tiene que tener alta biodisponibilidad, lo que significa alta calidad de absorción y alta capacidad de retención»


Manejo ambiental
Mantener condiciones óptimas de temperatura y ventilación para reducir el estrés térmico, que afecta negativamente la producción y la calidad del huevo.
Utilizar sistemas de iluminación adecuados para regular los ciclos reproductivos y mejorar la persistencia de postura.
Salud y prevención de enfermedades
Implementar programas de vacunación y bioseguridad para evitar infecciones que comprometan la salud ósea o reproductiva.
Realizar monitoreos periódicos para detectar y corregir problemas sanitarios a tiempo.
Genética y selección
Utilizar líneas genéticas seleccionadas por su resistencia, productividad y calidad de huevo, asegurando un buen desempeño durante la vida productiva.
Manejo del estrés y bienestar animal
Minimizar factores estresantes como el hacinamiento, el manejo brusco o ruidos fuertes, que pueden afectar la salud y productividad.
Garantizar acceso constante a agua fresca y limpia.
Monitoreo y control de calidad
Registrar datos de producción y calidad para detectar tendencias y aplicar mejoras continuas.
Inspeccionar la calidad de la cáscara durante la producción para tomar decisiones oportunas.
Entre los elementos nutricionales, los minerales orgánicos juegan un papel esencial en la longevidad de las aves. Ronchi explica que el selenio orgánico es fundamental porque «disminuye el proceso de muerte celular natural» mediante la activación de la enzima glutatión peroxidasa, que reduce la oxidación del citoplasma celular. Esto significa que «mientras más selenio orgánico haya disponible en la célula, más trabaja la glutatión peroxidasa y menos la célula muere por estrés». Además, el selenio contribuye al fortalecimiento del sistema inmunológico y debe aplicarse desde etapas tempranas para optimizar la respuesta inmunitaria durante las vacunaciones.
Calidad de la cáscara
En cuanto a la calidad de la cáscara, esta está compuesta en un 95% por carbonato de calcio. Hoy en día, se utilizan calcios orgánicos de alta biodisponibilidad, que se absorben eficientemente y se depositan primero en los huesos para luego ser transferidos al oviducto, donde se forma la cáscara. Ronchi subraya que «para que el huevo llegue en buen estado a su destino, mientras más calcio tenga la gallina, más resistencia tendrá la cáscara».
Implementando estas prácticas integrales, la industria avícola puede prolongar la vida productiva de las gallinas ponedoras y asegurar una producción constante de huevos con cáscaras fuertes, lo que se traduce en mayores beneficios económicos y mejor bienestar animal.
Fuente: Carlos Ronchi
Redacción: Publiagro














