La lechuga es considerada un potencial defensor del organismo

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Foto: Cucinare

Este rico alimento que mayormente consumido en ensaladas posee innumerables beneficios para la salud, entre ellos propiedades diuréticas: es una hortaliza que ayuda a combatir la retención de líquidos, además previene las enfermedades cardíacas.

Si se habla de una hortaliza que rinde altos beneficios al cuerpo humano, la lechuga (Lactuca sativa) ocupa un lugar primordial. En tal sentido se debe apreciar solo una pequeña lista de sus virtudes conocidas: tiene propiedades diuréticas e igualmente es una hortaliza que ayuda a combatir la retención de líquidos.

Pero no se queda solo allí ya que estudios científicos han comprobado que cuida el corazón por cuanto contiene flavonoides, fundamentalmente quercetina, que tiene la propiedad de disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas y como si fuera poco protege la mucosa gástrica.

En Bolivia, un trabajo de la Facultad de Agronomía de la Universidad Mayor de San Andrés señala que las familias campesinas están incrementando la superficie cultivada, debido a la demanda de la hortaliza en el mercado local, significando una fuente de ingreso para los agricultores.

Un trabajo publicado en el portal de la especialista en temas de salud, María Laura García sostiene que la lechuga es un vegetal ligero, que aporta 17 kilocalorías por cada 100 gramos, y su principal componente es el agua, en un 95%, siendo el más ideal para el verano. Además, tiene un bajo contenido energético, por su escasa cantidad de hidratos de carbono, proteínas y grasas.

De la lechuga, se destacan tres antioxidantes que según los expertos son esenciales para cuidar la piel y beneficiar la visión. 

Además, es rica en ácido fólico, algo a tomar en cuenta en el embarazo y aporta minerales como el potasio, hierro, fósforo y calcio.

Se trata de uno de los alimentos más consumidos en el mundo, ya que es el principal ingrediente de las ensaladas. Y estas se utilizan como acompañante de casi cualquier plato, ya sea pescado o carne. 

Sostiene en la nota publicada en el portal de la especialista que de igual forma las ensaladas más elaboradas pueden ser la comida principal y única sin necesidad de más elaboraciones. De hecho, es algo muy habitual para los que prefieren cenas ligeras y para los que están a dieta. 

Mientras más verde sea el color de la hoja de la lechuga, esta es más rica en vitaminas y minerales. Este vegetal tiene su origen en el sur de Europa, aproximadamente hace 2.000 años. Actualmente, el principal productor de este alimento es China.

La lechuga tiene propiedades para adelgazar. Según los expertos, está la prevención del estreñimiento, su alto contenido de fibra y agua para controlar la anemia.

Este vegetal, según algunos conocedores en la materia, se usó durante muchos años con fines medicinales. Su uso cocido, para la preparación de cremas y purés, hace que las personas puedan aprovechar sus propiedades relajantes.

Como tal, está dentro del grupo indicado para bajar de peso, pues  forma parte de la «cultura de la dieta», que se implantó hace años. Sin embargo, comer mucha lechuga no es sinónimo de perder peso.

Exceptuando alergias, la lechuga es uno de los alimentos con menos efectos secundarios. Solo hay una premisa que se debe cumplir, explica la profesional y eso es asegurar siempre que está completamente limpia. Incluso si se adquiere lista para consumir, nunca está demás lavarla nuevamente.

La lechuga casi siempre se come cruda y es perfecta para bocatas, lo que nos proporciona muchos micronutrientes que no se encuentran en los alimentos cocidos o procesados.

Los suelos para los cultivos

En el portal Infoagro se establecen los suelos ideales para cultivar la lechuga. Al respecto señala las siguientes orientaciones:

Los suelos preferidos por la lechuga son los ligeros, arenosos – limosos, con buen drenaje, situando el pH óptimo entre 6,7 y 7,4.

En los suelos humíferos, la lechuga vegeta bien, pero si son excesivamente ácidas será necesario encalar.

Este cultivo, en ningún caso admite la sequía, aunque la superficie del suelo es conveniente que esté seca para evitar en todo lo posible la aparición de podredumbres de cuello.

En cultivos de primavera, se recomiendan los suelos arenosos , pues se calientan más rápidamente y permiten cosechas más tempranas.

En cultivos de otoño, se recomiendan los suelos francos, ya que se enfrían más despacio que los suelos arenosos.

En los de verano, es preferible los suelos ricos en materia orgánica, pues hay un mejor aprovechamiento de los recursos hídricos y el crecimiento de las plantas es más rápido.

Fuente: CuidatePlus / Infoagro

Redacción: Publiagro