
El fenómeno de El Niño genera atención entre los productores de cara a la campaña agrícola 2026-2027; sin embargo, el especialista en agroclimatología Eduardo Sierra pidió diferenciar las proyecciones sustentadas en indicadores climáticos de aquellas que anticipan un evento extraordinario. Según su análisis, las condiciones actuales apuntan hacia un “Súper El Niño fuerte”, pero todavía no existen fundamentos para hablar de un “Mega Niño”.
Durante su exposición, Sierra cuestionó las comparaciones con episodios históricos como el ocurrido en 1877 y remarcó que cualquier pronóstico de magnitud extraordinaria debe estar respaldado por indicadores concretos. En ese sentido, explicó que su evaluación se basa en el comportamiento de los indicadores del Pacífico, que actualmente se ubican dentro del rango correspondiente a un Súper El Niño, aunque sin alcanzar los niveles que permitirían clasificarlo como un evento excepcional.
“Yo lo que veo del Mega El Niño es un montón de afirmaciones y comparaciones. Que me digan que explore El Niño de 1877 me parece una mala comparación”, sostuvo el especialista, al insistir en la necesidad de fundamentar técnicamente las previsiones.
Un fenómeno que puede extenderse por varios meses
Sierra explicó que el ciclo de El Niño no debe analizarse como un fenómeno de corta duración, debido a que su evolución puede extenderse aproximadamente durante 18 meses. Los primeros indicios pueden comenzar a observarse alrededor de marzo, mientras que sus efectos sobre las diferentes regiones del mundo aparecen en distintos momentos y pueden prolongarse hasta marzo del año siguiente.
El especialista señaló además que el comportamiento no es uniforme a escala global. Mientras algunas regiones pueden experimentar condiciones asociadas a mayores precipitaciones, otras pueden enfrentar períodos más secos y temperaturas elevadas. Esta diferencia también se refleja dentro de Bolivia, donde el impacto dependerá de la región y de la cuenca hidrográfica.
De hecho, en agosto Sierra había señalado que el calentamiento del Pacífico se encontraba alrededor de 1,8 °C por encima del promedio, un nivel considerado intenso, pero todavía alejado de un episodio extraordinario. En ese momento también recomendó mantener un monitoreo periódico porque la intensidad del fenómeno podía continuar evolucionando.


Beni aparece como una de las zonas con mejores perspectivas de lluvia
Para Bolivia, el especialista identificó diferencias importantes entre las regiones. De acuerdo con la perspectiva presentada, el Beni concentraría uno de los principales focos de disponibilidad de lluvias, debido al ingreso de humedad desde el noroeste.
“Con los indicadores disponibles, el foco va a estar en el Beni”, explicó Sierra, al señalar que las lluvias ingresan por el noroeste, desde zonas como San Pedro, y avanzan hacia el área integrada, considerada una de las regiones con mejores condiciones pluviométricas.
En el caso de San Julián, el panorama se ubicaría dentro de parámetros considerados normales, mientras que hacia la Chiquitania las precipitaciones podrían situarse ligeramente por debajo de lo habitual.
Esta distribución diferenciada es especialmente importante para el sector agrícola, debido a que no todos los productores enfrentarán el mismo escenario durante la campaña. Sierra ya había señalado anteriormente que Bolivia, por su ubicación entre las cuencas Amazónica y del Plata, tendrá respuestas distintas frente al fenómeno.
El desafío será aprovechar las ventanas de lluvia
Más que anticipar un escenario uniforme, el especialista plantea la necesidad de que el productor siga de cerca la evolución de las condiciones climáticas y tome decisiones de acuerdo con el comportamiento de cada región.
En una reciente actualización, Sierra sostuvo que los indicadores disponibles apuntaban a un Súper El Niño y no a un Mega Niño, y consideró que las lluvias previstas podrían ser suficientes para sostener la producción, aunque con diferencias importantes entre zonas.
En este contexto, el monitoreo climático adquiere especial importancia para definir fechas de siembra, selección de cultivos, manejo de humedad y planificación de las labores agrícolas. La recomendación del especialista apunta a evitar decisiones basadas únicamente en escenarios extremos y, en cambio, utilizar información actualizada para ajustar las estrategias a medida que avance la campaña.
El escenario climático, por tanto, no representa una misma realidad para todo el territorio boliviano. Mientras algunas zonas podrían contar con mejores condiciones de humedad, otras tendrán que enfrentar períodos de menores precipitaciones y temperaturas más elevadas. Esta variabilidad convierte a la información agroclimática en una herramienta fundamental para que los productores puedan anticiparse y aprovechar de mejor manera las condiciones que presente la campaña 2026-2027.
Fuente: Eduardo Sierra
Redacción: Publiagro


















