La Glaesserella parasuis es una bacteria que afecta principalmente a los cerdos y se encuentra distribuida a nivel mundial. Su impacto sanitario suele ser más evidente en los lechones de entre cuatro y ocho semanas de edad, etapa en la que los animales presentan mayor susceptibilidad a desarrollar problemas asociados a esta infección.
José de Jesús Hernández, jefe técnico comercial de Sanfer Salud Animal de México, explicó que la enfermedad puede presentarse en semanas diferentes, tanto antes como después de este periodo, aunque los casos más frecuentes se concentran entre la cuarta y octava semana de vida. También puede registrarse en animales adultos, pero con una incidencia considerablemente menor.
Ante la aparición de signos compatibles con la enfermedad, el especialista remarcó que el primer paso debe ser realizar un diagnóstico adecuado. La identificación del serotipo involucrado permite conocer qué variante de la bacteria está afectando a los animales y facilita la definición de una estrategia de control.
Asimismo, consideró fundamental realizar un antibiograma, debido a que el tratamiento de la enfermedad se basa principalmente en el uso de antibióticos. Esta prueba permite determinar cuáles son los principios activos frente a los que la bacteria presenta mayor sensibilidad y, de esa manera, orientar el tratamiento de manera más precisa.
“Cuando la enfermedad aparece en los lechones, lo primero que hay que hacer es un diagnóstico para determinar cuál es el serotipo que nos está afectando directamente y, otra cosa importantísima, es hacer un antibiograma para ver a qué antibiótico es más sensible”, señaló Hernández.
Sin embargo, el especialista advirtió que esta práctica todavía no es realizada de manera habitual por muchos productores, quienes en algunos casos optan por administrar antibióticos sin conocer previamente cuál es el tratamiento más efectivo frente a la bacteria.
La enfermedad genera pérdidas en la granja
La presencia de Glaesserella parasuis representa un impacto económico para la producción porcina. Hernández explicó que, cuando aparecen los signos de la enfermedad, generalmente la bacteria ya logró colonizar de manera importante al lechón y el sistema inmunológico del animal no consigue mantenerla bajo control.
Esta situación puede generar un incremento de la morbilidad y, como consecuencia, también de la mortalidad, provocando pérdidas económicas para la granja.


En este contexto, la necropsia adquiere un papel importante dentro del proceso de diagnóstico. El análisis de los animales permite determinar si los signos y lesiones corresponden efectivamente a Glaesserella parasuis o si existe la participación de otros agentes infecciosos.
“La necropsia siempre será el punto de partida para empezar a hacer los análisis adecuados para cualquier enfermedad”, explicó el especialista.
Bioseguridad y vacunas para prevenir
Para Hernández, la prevención debe comenzar con la implementación de medidas de bioseguridad, tanto dentro como fuera de la granja. El manejo adecuado de los animales, la limpieza y desinfección de las instalaciones y la capacitación permanente del personal forman parte de las acciones necesarias para reducir la circulación de agentes infecciosos.
La bioseguridad interna comprende aspectos que pueden controlarse diariamente dentro de la granja, como la limpieza, el lavado y la desinfección de las diferentes áreas. También incluye el uso adecuado de ropa exclusiva para el trabajo dentro de las instalaciones, así como botas y otros elementos destinados a evitar la movilización de agentes entre diferentes sectores.
En cuanto a la bioseguridad externa, el especialista señaló que se deben controlar los factores que ingresan desde el exterior y que pueden representar una fuente de contaminación, entre ellos vehículos, equipos, materiales, personal y la introducción de nuevos animales.
A estas medidas se suma la utilización de vacunas como herramienta preventiva. Hernández explicó que existen biológicos que contienen uno o varios serotipos, por lo que resulta importante conocer previamente cuál es el agente presente en cada granja para seleccionar una estrategia de inmunización acorde con la situación sanitaria.
El serotipo 4 figura entre los más frecuentes, aunque la identificación del serotipo presente en cada unidad productiva sigue siendo un elemento fundamental para establecer medidas de prevención y control.
De esta manera, el manejo de Glaesserella parasuis requiere una estrategia integral que combine diagnóstico, antibiograma, bioseguridad, capacitación del personal, manejo adecuado y vacunación, con el objetivo de reducir la incidencia de la enfermedad, proteger a los lechones y disminuir las pérdidas económicas dentro de las granjas porcinas.
Fuente: José de Jesús Hernández
Redacción: Publiagro


















