sábado, agosto 29, 2026
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El manejo de vacunas define la eficiencia de la protección desde la incubadora

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Cadena de frío y capacitación: claves para una vacunación eficiente en incubadoras/ Foto: Publiagro
Cadena de frío y capacitación: claves para una vacunación eficiente en incubadoras/ Foto: Publiagro

Temperatura, trazabilidad, tiempo de aplicación y capacitación del personal son factores determinantes para conservar la calidad de los biológicos

La correcta conservación, manipulación y aplicación de vacunas se ha convertido en un componente fundamental para garantizar la protección sanitaria de las aves desde las primeras etapas de vida. En este contexto, las plantas de incubación requieren protocolos estrictos de cadena de frío, trazabilidad y capacitación permanente del personal.

Patricia Quiroga, integrante de la red comercial de Invetsa (Inversiones Veterinarias), explicó que la empresa desarrolla desde hace aproximadamente 12 años un programa de capacitación dirigido a plantas de incubación, con charlas magistrales y formación técnica orientada a fortalecer el manejo de los procesos de vacunación.

“El programa que desarrollamos permite que las plantas de incubación tengan una participación. Hacemos capacitaciones y charlas magistrales para tratar temas importantes de la planta y mantener siempre al personal capacitado”, señaló.

Conservación según el tipo de vacuna

Uno de los principales factores que determinan la eficacia de una vacuna es el mantenimiento de las condiciones de almacenamiento recomendadas por el fabricante. Quiroga explicó que Invetsa cuenta con cámaras de frío especializadas para conservar productos biológicos, además de termos criogénicos destinados a las vacunas que requieren nitrógeno líquido.

En el caso de las vacunas congeladas o asociadas a células, la conservación se realiza en nitrógeno líquido a aproximadamente -196 °C. Esta temperatura permite mantener la estabilidad de los componentes biológicos hasta el momento de su utilización.

Por otro lado, las vacunas liofilizadas e inactivadas requieren generalmente una cadena de frío entre 2 y 8 °C, de acuerdo con las especificaciones correspondientes de cada producto.

La especialista remarcó que el control de temperatura no debe limitarse al almacenamiento. Al momento de entregar los productos a las plantas de incubación o a otros clientes, también se realiza una verificación para garantizar que las condiciones de conservación se hayan mantenido durante la distribución.

Tiempo y manejo durante la aplicación

Las vacunas que requieren conservación en nitrógeno líquido demandan especial cuidado durante su manipulación. Según Quiroga, una vez retiradas del sistema de conservación, se recomienda trabajar con rapidez y respetar el tiempo establecido para su aplicación.

“En las vacunas nitrogenadas recomendamos un máximo de 45 a 60 minutos para la aplicación”, explicó.

El objetivo es reducir el tiempo durante el cual el producto permanece fuera de las condiciones óptimas de conservación y evitar alteraciones que puedan comprometer su capacidad inmunogénica.

Por esta razón, el personal debe planificar previamente la cantidad de dosis que serán utilizadas, disponer de los equipos necesarios y minimizar la exposición innecesaria de los frascos y materiales a condiciones ambientales.

“Trabajamos con seres vivos, en este caso los pollitos, y el factor humano siempre va a estar muy limitado para poder hacer un trabajo al 100%. Lo ideal es hacerlo al 100%, pero sabemos que no va a existir por el hecho de que trabajamos con animales vivos”

Registro control de las vacunas/ Foto: Publiagro
Registro control de las vacunas/ Foto: Publiagro

Trazabilidad: saber qué vacuna se utiliza

La trazabilidad constituye otro componente esencial dentro del manejo de productos biológicos. En las plantas de incubación se debe mantener un registro de las vacunas almacenadas, incluyendo tipo de producto, número de lote, cantidad disponible y fecha de vencimiento.

En el caso de las vacunas conservadas en nitrógeno líquido, la documentación permite conocer qué producto se encuentra almacenado, a qué lote pertenece y cuál es su fecha de vencimiento.

El mismo principio se aplica a las vacunas liofilizadas e inactivadas almacenadas en cámaras de refrigeración.

Un sistema adecuado de trazabilidad facilita el control de inventarios, evita el uso de productos vencidos y permite realizar un seguimiento ante cualquier eventualidad sanitaria o retiro de un lote.

Calidad del agua y preparación de vacunas

Quiroga también destacó la importancia de utilizar agua destilada cuando el protocolo de preparación de determinadas vacunas biotecnológicas así lo establece. La calidad del diluyente puede influir en la estabilidad del producto y en la correcta reconstitución de la vacuna.

En este tipo de procedimientos, el agua utilizada debe cumplir con las especificaciones indicadas para el producto, evitando sustancias que puedan interferir con los componentes de la formulación.

Asimismo, el control de la temperatura durante la preparación y aplicación debe ajustarse estrictamente a las recomendaciones del fabricante, ya que las vacunas son productos biológicos sensibles a condiciones ambientales inadecuadas.

El factor humano en la eficiencia de vacunación

En las plantas de incubación, la eficiencia de vacunación depende no solo de la calidad del biológico, sino también del manejo, los equipos y la capacitación del personal.

La aplicación de vacunas a pollitos implica trabajar con animales vivos, por lo que existen variables que pueden afectar la uniformidad del proceso. Entre ellas se encuentran la preparación de la vacuna, calibración de los equipos, dosificación, tiempo de aplicación, manipulación de las aves y cumplimiento de los protocolos.

Quiroga señaló que el objetivo debe ser alcanzar la máxima eficiencia posible, aunque reconoció que el factor humano siempre introduce un margen de variabilidad.

“Trabajamos con seres vivos, en este caso los pollitos, y el factor humano siempre va a estar muy limitado para poder hacer un trabajo al 100%. Lo ideal es hacerlo al 100%, pero sabemos que no va a existir por el hecho de que trabajamos con animales vivos”, explicó.

Por ello, la capacitación continua adquiere un papel estratégico. La estandarización de procedimientos, el entrenamiento del personal y el monitoreo de los resultados permiten reducir errores y mejorar la uniformidad de la vacunación.

Una cadena que comienza en la incubadora

La protección sanitaria del ave comienza desde sus primeras horas de vida y requiere que cada etapa del proceso se ejecute correctamente. Desde la recepción y almacenamiento del biológico hasta su preparación, aplicación y registro, todos los procedimientos forman parte de una misma cadena de calidad.

El mantenimiento de la cadena de frío, la trazabilidad, el control de temperatura, la correcta preparación y la capacitación del personal son factores que, en conjunto, permiten preservar las características de las vacunas y contribuir a una respuesta inmunitaria adecuada.

En este escenario, las plantas de incubación se consolidan como un punto estratégico para la prevención de enfermedades aviares, ya que una vacunación correctamente ejecutada permite iniciar el ciclo productivo con una base sanitaria más sólida.

Fuente: Patricia Quiroz 

Redacción: Publiagro