La crisis del combustible y el incremento del precio del diésel golpean con fuerza a los pequeños y medianos productores de Cuatro Cañadas, donde parte de la cosecha de trigo permanece en los campos sin poder ser recolectada. Los productores aseguran que las dificultades para acceder a combustible, el aumento de los costos de producción y los problemas de almacenamiento están profundizando una situación que amenaza no solo sus ingresos, sino también la continuidad de sus familias en el campo.
Wilber Galán, productor de trigo de Cuatro Cañadas, expresó su preocupación por el impacto del Decreto Supremo 5676 y el incremento del precio del combustible. Para el agricultor, las nuevas condiciones están apagando las esperanzas de quienes durante años apostaron por producir alimentos para el mercado nacional.
“Realmente nos ha terminado el sueño de ser un buen productor. Prácticamente con eso ya no tenemos esperanza de poder darle un bienestar a nuestra familia”, manifestó.
Galán advirtió que el incremento del costo del diésel puede llevar a que pequeños, medianos e incluso grandes productores abandonen la actividad agrícola ante la imposibilidad de cubrir sus costos.
“La ciudad necesita alimento, pero el Gobierno no piensa en el lado de quien hace la materia prima para que puedan salir los derivados para el consumidor”, lamentó.
El viento se lleva el trigo mientras falta combustible
A la preocupación por el combustible se suman las pérdidas ocasionadas por los fuertes vientos registrados durante la temporada de cosecha. El productor explicó que el trigo debe ser recolectado en el momento oportuno y que retrasar la cosecha por varios días puede significar que el grano termine en el suelo.
Según su estimación, las pérdidas ya alcanzan aproximadamente el 30% o incluso un porcentaje mayor en algunas zonas, debido a los fenómenos naturales y a la imposibilidad de realizar la cosecha oportunamente por la falta de diésel.
El problema se agrava porque, incluso cuando los productores consiguen cosechar, enfrentan dificultades para almacenar y comercializar el grano. Galán señaló que las industrias han argumentado que no cuentan con suficiente espacio para recibir y acopiar trigo.
“El poco trigo que tenemos nos están desconociendo el almacenamiento. Y eso, ¿a dónde llevar”, cuestionó, reflejando la incertidumbre que existe entre los productores sobre el destino de su producción.
“Nos están quitando el pan de la boca”
La molestia también fue expresada por Jesús Velasco, ejecutivo de la Federación de Comunidades Productores Interculturales, quien afirmó que los pequeños productores atraviesan una situación crítica debido al incremento del precio del diésel.
“Es una molestia muy grande que tenemos nosotros como pequeños productores. Es un arma que ha utilizado el Gobierno para podernos matar”, sostuvo.
Velasco señaló que el incremento del combustible repercute directamente sobre los costos de producción y, posteriormente, sobre el precio de los alimentos que llegan a los hogares.
“La canasta familiar, el vivir bien, está quitando el pan de la boca a la gente”, afirmó.

El dirigente también describió la situación que atraviesan los productores de trigo. “Nuestro trigo está en el suelo, no estamos pudiendo cosechar. Las máquinas no pueden cosechar porque no tienen diésel. En ese sentido, estamos perdiendo, la verdad, todo”, denunció.
Productores declaran estado de emergencia
Ante la presión y el creciente malestar en las comunidades, la Federación de Comunidades Interculturales declaró estado de emergencia por la crisis que atraviesa el sector productivo.
Isidoro Barrientos, presidente de ACIPACC, afirmó que numerosos productores tienen su cosecha de trigo en diferentes puntos, desde los campos hasta carpas, camiones y otros espacios improvisados, debido a las dificultades para trasladar y almacenar el grano.
“Este Decreto 5676 nos acaba de matar. No era el momento, no era la época para que nos hagan esto a los productores”, manifestó Barrientos, al cuestionar el incremento del precio del diésel hasta 18 bolivianos por litro.
El dirigente alertó además sobre el nivel de endeudamiento que arrastra el sector. Explicó que muchos productores tienen compromisos pendientes con casas comerciales y entidades financieras, por lo que la actual situación pone en duda su capacidad para cumplir con sus obligaciones y, al mismo tiempo, sostener a sus familias.
Pérdidas de hasta 30% en sorgo y cosecha de trigo paralizada
Barrientos estimó que las pérdidas en sorgo alcanzan aproximadamente el 30% debido a los retrasos en la cosecha. Los fuertes vientos, que según el dirigente llegaron a velocidades de entre 70 y 80 kilómetros por hora, provocaron que parte de los cultivos termine en el suelo.
En el caso del trigo, señaló que alrededor del 60% ya fue cosechado, mientras que el 40% restante continúa en los campos o permanece almacenado temporalmente en carpas, camiones y otros lugares, sin que los productores tengan combustible suficiente para trasladarlo.
Insumos en dólares, producción pagada en bolivianos
Los productores también enfrentan un fuerte incremento de los costos de producción. Galán explicó que los agroquímicos y otros insumos son comercializados tomando como referencia el dólar, mientras que los agricultores reciben el pago por su producción en bolivianos.
Barrientos coincidió con esta preocupación y cuestionó la diferencia entre los costos de los insumos y el precio que reciben por sus cosechas.
“Los precios están a gallina muerta en bolivianos, no nos pagan en dólares. Pero los productos, los insumos son en dólares. Subió el dólar y al otro día subieron todo”, afirmó.
Para los productores, el problema trasciende la campaña actual. Muchos aseguran que ya arrastran deudas y no saben cómo podrán financiar la próxima siembra de verano.
Entre el trigo que permanece en el suelo, el grano que espera ser trasladado y los cultivos que se pierden por el viento, la preocupación crece en el campo. Los productores advierten que detrás de cada hectárea cultivada existen familias que dependen de la agricultura y que, sin condiciones para producir, cosechar y comercializar, el riesgo no solo recae sobre sus economías, sino también sobre la disponibilidad de alimentos para las ciudades.
Fuente:Wilber Galán, Isidoro Barrientos, Jesús Velasco
Redacción: Publiagro


















