Cuando en la producción avícola aparecen señales como cáscaras débiles, huevos frágiles o problemas óseos, la reacción más común suele ser aumentar el nivel de calcio en la dieta. Sin embargo, este enfoque no siempre resuelve el problema de fondo. En muchos casos, la dificultad no radica en la cantidad de calcio que ingresa al organismo, sino en la capacidad real que tiene el ave para utilizarlo de manera eficiente.
Según explica Edwin Alexander Hurtado, técnico en nutrición animal, el proceso clave comienza en el hígado, órgano fundamental en la regulación metabólica. Es allí donde la vitamina D₃ se activa a su forma funcional, conocida como 25-OH-D₃, un paso indispensable para que el calcio pueda ser correctamente absorbido y aprovechado por el organismo.
Cuando el hepatocito se encuentra comprometido —ya sea por la presencia de micotoxinas, estrés oxidativo o condiciones como el hígado graso— esta activación se ve limitada. Como consecuencia, se genera una “deficiencia funcional”: aunque la vitamina D₃ esté presente en la dieta, el ave no logra convertirla en su forma activa.
Efecto en cascada: consecuencias fisiológicas
Este problema desencadena una serie de efectos en cadena dentro del organismo. La absorción intestinal disminuye, los niveles de calcitriol caen, se reduce la producción de proteínas transportadoras de calcio y, en definitiva, baja la biodisponibilidad real del mineral.
En palabras del especialista, ¨El organismo compensa movilizando calcio desde el hueso, lo que conduce a desmineralización progresiva, fragilidad ósea y peor calidad de cáscara¨, explicó.

No obstante, el hígado no actúa de manera aislada. El intestino cumple un rol determinante como ejecutor del proceso de absorción. Incluso cuando la señal hormonal es adecuada, una mucosa intestinal inflamada o una microbiota desequilibrada pueden limitar significativamente la eficiencia del sistema.
Es en este punto donde cobra relevancia el denominado eje hígado–intestino, que define en gran medida la capacidad del ave para aprovechar los nutrientes.
Enfoque correcto: restaurar la funcionalidad metabólica
A pesar de esta complejidad fisiológica, uno de los errores más frecuentes en campo sigue siendo la simple suplementación con mayores niveles de calcio. El enfoque más acertado, según los especialistas, es restaurar la funcionalidad metabólica del animal.
Esto implica proteger el hepatocito, controlar la presencia de micotoxinas, reducir el estrés oxidativo y garantizar una adecuada integridad intestinal.
¨Hoy, la productividad no depende sólo de formular nutrientes, sino de asegurar que el organismo pueda activarlos, absorberlos y utilizarlos eficientemente. Un hígado funcional no es un detalle… es el verdadero centro de control metabólico y productivo¨.
De esta manera, queda claro que todo parte de garantizar la salud y el correcto funcionamiento del eje hígado-intestino. Solo a partir de este equilibrio cualquier estrategia nutricional o productiva podrá ser efectiva.
La salud hepática, en este sentido, resulta tan o incluso más importante que la salud intestinal, ya que no puede existir un equilibrio metabólico, inmune o funcional si uno de estos componentes falla.
Redacción: Publiagro


















