La falta de compra por parte de la Empresa Boliviana de Alimentos pone en jaque a más de 700 productores del Chaco chuquisaqueño

La producción apícola en el municipio de Monteagudo, en el Chaco chuquisaqueño, atraviesa una de sus etapas más críticas en los últimos años. Actualmente, al menos 230 toneladas de miel permanecen almacenadas sin destino comercial, generando preocupación e incertidumbre entre los productores.

El problema radica principalmente en la disminución de compras por parte de la Empresa Boliviana de Alimentos (EBA), que históricamente fue el principal canal de comercialización para los apicultores de la región. Según dirigentes del sector, en la actual campaña 2025-2026 la empresa estatal no ha adquirido ni un solo kilo, lo que ha obligado a los productores a vender su miel a precios muy por debajo del mercado, llegando incluso a Bs 20 o 27 el kilo por necesidad.

Monteagudo es uno de los principales polos apícolas del país, con alrededor de 400 toneladas de producción anual y más de 700 productores organizados en 17 asociaciones, además de otros apicultores independientes. Esta actividad no solo genera ingresos, sino que también cumple un rol clave en la conservación ambiental y la polinización.

Dependencia de un solo mercado

Durante años, los apicultores fortalecieron su producción incentivados por programas estatales y el respaldo de EBA, incluso accediendo a créditos para ampliar colmenas. Sin embargo, esta relación generó una alta dependencia de un solo comprador, lo que hoy evidencia su vulnerabilidad.

En la campaña anterior, EBA apenas absorbió el 13% de la producción, muy por debajo de lo esperado, profundizando el problema de sobreoferta.

“El estancamiento de la miel en Monteagudo refleja la fragilidad del mercado apícola y abre un escenario crítico si no se generan alternativas comerciales urgentes”

¿Qué pasaría si EBA no compra?

El escenario más preocupante es que la estatal no retome niveles significativos de compra. De mantenerse esta situación, las consecuencias serían profundas:

  • Caída de precios: el exceso de oferta seguiría presionando los precios a la baja, afectando la rentabilidad del productor.
  • Endeudamiento creciente: muchos apicultores adquirieron créditos para expandir su producción, lo que podría derivar en incumplimientos financieros.
  • Reducción de la actividad: productores podrían abandonar la apicultura por falta de ingresos sostenibles.
  • Impacto ambiental: la disminución de la actividad apícola afectaría la polinización y, por ende, otros sistemas productivos.
  • Saturación del sistema productivo: con la nueva cosecha próxima, no hay envases disponibles porque los actuales siguen llenos de miel sin vender.

Alternativas urgentes

Ante esta situación, el sector plantea la necesidad de diversificar mercados. Entre las opciones destacan la incorporación de la miel en programas como el desayuno escolar, la apertura de canales de exportación y la promoción del consumo interno, que actualmente es bajo en Bolivia en comparación con otros países.

Asimismo, el compromiso de EBA de adquirir al menos 60 toneladas representa un alivio parcial, pero insuficiente frente al volumen acumulado.

La crisis en Monteagudo evidencia un problema estructural: la falta de una estrategia integral de comercialización para el sector apícola. Sin una intervención oportuna, el riesgo no solo es económico, sino también social y ambiental para una de las actividades más sostenibles del país.

Redacción: Publiagro