Especialistas destacan la importancia del monitoreo integral para mejorar la eficiencia productiva

fisiología y el desempeño productivo de las aves, debido a que ambos órganos funcionan de manera estrechamente interconectada dentro del denominado eje intestino–hígado. El intestino no solo cumple funciones esenciales en la digestión y absorción de nutrientes, sino que además actúa como una primera línea de defensa inmunológica frente a agentes patógenos. Por su parte, el hígado recibe directamente los nutrientes absorbidos a través de la circulación portal, donde los procesa, los transforma y regula su distribución hacia los distintos tejidos del organismo.

En este contexto, el médico veterinario Hernando Morales López, quien trabaja para Nuproxa como consultor técnico global en sanidad, explica que en la avicultura moderna esta interacción adquiere una relevancia crítica, ya que cualquier alteración en la salud intestinal repercute de manera inmediata sobre la función hepática. Un intestino inflamado o en estado de disbiosis puede generar una mayor carga de toxinas, endotoxinas y metabolitos indeseables que llegan al hígado, sobrecargándolo y reduciendo su capacidad metabólica. 

Esta situación se traduce en una menor eficiencia alimenticia, disminución del crecimiento, baja uniformidad en los lotes y una mayor predisposición a enfermedades metabólicas que afectan directamente la productividad.

¨Básicamente dentro del intestino está todo lo que es el sistema inmune en el caso de las aves. Y el intestino es un ente gobernante de otros órganos, entre ellos el hígado. El hígado depende muchísimo de lo que el intestino le manda a través de su sistema sanguíneo y de su sistema portador. Si el intestino falla, seguramente el hígado también va a fallar¨.

“Básicamente dentro del intestino está todo lo que es el sistema inmune en el caso de las aves. Y el intestino es un ente gobernante de otros órganos, entre ellos el hígado. El hígado depende muchísimo de lo que el intestino le manda a través de su sistema sanguíneo y de su sistema portador. Si el intestino falla, seguramente el hígado también va a fallar”

Asimismo, Morales López identifica varios factores críticos que afectan este equilibrio intestinal y hepático en la producción avícola. Entre ellos, señala en primer lugar el mal manejo de temperatura y humedad en las plantas de incubación, lo cual puede provocar un deterioro significativo en la colonización bacteriana del intestino. 

En segundo lugar, menciona la colonización por bacterias no propias del tracto intestinal, que alteran la microbiota normal. 

Como tercer factor, advierte el uso indiscriminado de antibióticos, y finalmente, destaca la falta de comprensión adecuada de las dietas, especialmente en las etapas iniciales de vida de las aves, cuando estas son más exigentes y vulnerables.

En relación con el manejo sanitario y productivo, el especialista señala que el monitoreo debe realizarse de manera integral. Este proceso incluye, en primer lugar, la observación macroscópica de posibles alteraciones tanto intestinales como hepáticas. En segundo lugar, la utilización de análisis de laboratorio para la evaluación de proteínas y la confirmación de casos específicos. Y, en tercer lugar, la determinación del peso y su seguimiento en momentos clave del ciclo productivo avícola, lo que permite evaluar el desempeño de manera más precisa.

Morales López también advierte que en la avicultura actual se observa un manejo desestructurado, en el que no siempre existen programas claros de orientación técnica que permitan establecer qué acciones deben realizarse en determinados momentos del ciclo productivo ni con qué parámetros comparativos evaluar los resultados.

Finalmente, plantea la necesidad de implementar programas integrales que incluyan estrategias de incorporación de productos, esquemas adecuados de vacunación, protocolos de diagnóstico de patologías aviares mediante necropsias y un uso más frecuente de herramientas de laboratorio a nivel molecular, microbiológico e histológico. Estas acciones permitirían detectar problemas de manera temprana, mejorar la toma de decisiones y optimizar la salud intestinal y hepática de las aves, con un impacto directo en la eficiencia productiva del sistema avícola.

Redacción: Publiagro