La FAO advierte que cerrar la brecha de género en el agro podría aumentar la producción, reducir el hambre y fortalecer toda la cadena alimentaria

Las mujeres agricultoras se han convertido en un pilar fundamental de los sistemas agroalimentarios a nivel mundial, aunque su aporte continúa siendo subestimado. Así lo advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que en el marco del Año Internacional de la Mujer Agricultora 2026 pone en agenda la urgencia de reducir las brechas de género en el sector.

Según el organismo, las mujeres representan aproximadamente el 41% de la fuerza laboral en los sistemas agroalimentarios, desempeñando funciones clave en la producción de cultivos, cosecha, almacenamiento, comercialización local y procesamiento de alimentos. Su rol es particularmente relevante en sistemas de agricultura familiar, que sostienen buena parte del abastecimiento de granos en regiones como África subsahariana y Asia del Sur.

Pese a su protagonismo, las mujeres enfrentan limitaciones estructurales que impactan directamente en su productividad. Entre las principales barreras se encuentran el acceso restringido a la tierra, el crédito, los insumos agrícolas y la tecnología. Esta situación no solo reduce los rendimientos en campo, sino que también genera ineficiencias a lo largo de toda la cadena productiva.

Uno de los puntos críticos se encuentra en la etapa poscosecha. La falta de infraestructura adecuada para el secado, almacenamiento y manejo de granos incrementa las pérdidas y afecta la calidad del producto. Esto repercute directamente en industrias como la molinería, que dependen de materia prima homogénea y de buena calidad para optimizar sus procesos.

“Las mujeres representan el 41% de la fuerza laboral agroalimentaria global, pero siguen enfrentando limitaciones estructurales. Reducir esta desigualdad podría ser clave para mejorar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad productiva”

A nivel económico, el impacto de cerrar estas brechas es significativo. La FAO estima que igualar las condiciones entre hombres y mujeres en productividad y salarios podría incrementar el Producto Interno Bruto (PIB) mundial en hasta 1 billón de dólares y reducir la inseguridad alimentaria en al menos 45 millones de personas.

El cambio climático agrava aún más esta situación. Eventos extremos como altas temperaturas y lluvias irregulares afectan de manera desproporcionada a las mujeres agricultoras, reduciendo el valor de sus cultivos y aumentando la vulnerabilidad de sus sistemas productivos. Esto pone en riesgo la estabilidad del suministro de alimentos en regiones ya sensibles.

Desde la FAO advierten que excluir a las mujeres de la inversión, la formulación de políticas y los espacios de liderazgo compromete la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios. Su participación activa no solo es una cuestión de equidad, sino una necesidad estratégica para mejorar la resiliencia del sector.

En este contexto, el organismo internacional impulsa políticas con enfoque de género, mayor acceso a recursos y tecnologías, y la inclusión de las mujeres en la toma de decisiones. Estas acciones no solo permitirían mejorar la productividad a nivel de campo, sino también fortalecer las cadenas de valor y garantizar un suministro más estable y de calidad.

El mensaje es claro: empoderar a las mujeres agricultoras no es solo un acto de justicia social, sino una de las estrategias más efectivas para enfrentar el desafío global de la seguridad alimentaria.

Redacción: Publiagro