viernes, octubre 2, 2026
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Trips: la plaga que deforma la papaya y reduce su valor comercial

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Productores de papaya deben intensificar el monitoreo/ Foto: Internet
Productores de papaya deben intensificar el monitoreo/ Foto: Internet

El monitoreo temprano y el manejo integrado durante la floración son fundamentales para evitar pérdidas ocasionadas por una de las principales plagas del cultivo

Los trips, pequeños insectos de apenas uno o dos milímetros de longitud, se han convertido en una de las plagas que más afecta la calidad de la producción de papaya, debido a que su ataque ocurre desde la etapa de floración y provoca deformaciones, cicatrices y pérdidas comerciales en los frutos. Especialistas recomiendan intensificar el monitoreo durante la floración para reducir el impacto de esta plaga y mejorar el rendimiento de los cultivos.

Aunque muchos productores atribuyen la aparición de frutos deformes a problemas de nutrición o fertilización, los técnicos advierten que, en numerosos casos, el origen del problema se encuentra en el daño ocasionado por los trips sobre las flores.

Estos insectos poseen un aparato bucal raspador-chupador con el que lesionan pétalos, estigmas y otras estructuras florales para alimentarse. Como consecuencia, la fecundación puede realizarse de forma incompleta, dando origen a frutos con formas irregulares, deformaciones y cicatrices permanentes que disminuyen significativamente su valor en el mercado.

Además del daño interno durante el proceso de formación del fruto, los trips también ocasionan lesiones superficiales conocidas como «bronceado», una coloración café o plateada que aparece principalmente alrededor del pedúnculo y sobre la piel de la papaya. Estas marcas afectan la apariencia del fruto, incrementando el porcentaje de descarte para mercados exigentes y reduciendo la rentabilidad del productor.

Monitoreo oportuno, la principal herramienta de control

Los especialistas señalan que el manejo integrado de esta plaga debe comenzar mucho antes de observar daños visibles en los frutos.

Una de las recomendaciones consiste en realizar inspecciones durante las primeras horas de la mañana, cuando los trips presentan menor movilidad. Para ello, se aconseja sacudir las inflorescencias sobre una hoja blanca, lo que facilita la observación de los insectos y permite determinar si la población alcanza niveles que justifiquen un control.

Asimismo, el uso de trampas cromáticas, principalmente de color azul o amarillo, instaladas a la altura de la floración, ayuda a monitorear la presencia y evolución de la plaga dentro del cultivo.

«Los técnicos también recomiendan proteger a los insectos polinizadores evitando aplicaciones indiscriminadas de insecticidas de amplio espectro durante la floración»

El daño empieza en la flor/ Foto: Internet
El daño empieza en la flor/ Foto: Internet

Otra medida importante es mantener el lote libre de malezas hospederas y reducir el exceso de sombra provocado por brotes o follaje muy denso, condiciones que favorecen el desarrollo y refugio de los trips.

Los técnicos también recomiendan proteger a los insectos polinizadores evitando aplicaciones indiscriminadas de insecticidas de amplio espectro durante la floración. Cuando el monitoreo confirme un incremento de la población de trips, los tratamientos deben dirigirse específicamente a los botones florales y flores, donde ocurre el daño inicial.

Flores sanas garantizan frutos de mejor calidad

El control oportuno de los trips permite mejorar el cuajado de los frutos y obtener papayas con una forma uniforme, piel lisa y sin cicatrices profundas ni zonas bronceadas.

De esta manera, disminuye el porcentaje de fruta descartada durante la clasificación, aumenta el volumen de fruta apta para comercialización y se aprovecha de mejor manera la inversión realizada en fertilización y manejo nutricional del cultivo.

Los especialistas recuerdan que una adecuada nutrición por sí sola no corrige los daños ocasionados por la plaga si las flores ya fueron afectadas durante la fecundación.

Producción de papaya en Bolivia

La papaya constituye una de las principales frutas tropicales cultivadas en Bolivia y representa una importante fuente de ingresos para pequeños y medianos productores. Su producción se concentra principalmente en los departamentos de Santa Cruz, Cochabamba, La Paz (Yungas), Beni y Pando, donde las condiciones de temperatura y humedad favorecen su desarrollo.

Santa Cruz lidera la producción nacional, especialmente en municipios como San Julián, El Torno, Yapacaní, Montero, Buena Vista y otras zonas del norte integrado, donde la fruta abastece tanto al mercado interno como a centros de comercialización de otras regiones del país.

Sin embargo, el cultivo enfrenta diversos desafíos fitosanitarios. Además de los trips, los productores deben combatir ácaros, mosca de la fruta (Anastrepha spp.), pulgones, mosca blanca, enfermedades virales como el virus de la mancha anular de la papaya (PRSV) y enfermedades fúngicas como la antracnosis y la pudrición por Phytophthora. Estas plagas y enfermedades pueden reducir considerablemente el rendimiento y la calidad de la fruta si no se implementan programas de manejo integrado.

Especialistas coinciden en que el monitoreo permanente del cultivo, el manejo sanitario preventivo y las buenas prácticas agrícolas son fundamentales para mantener la productividad y la competitividad de la papaya boliviana, cuya demanda continúa creciendo tanto en los mercados nacionales como en la agroindustria destinada a la elaboración de jugos, pulpas y productos procesados.

Fuente: Monte Agro, MDRyT, FAO, Iniaf y Senasag

Redacción: Publiagro