
El futuro de una vaca lechera comienza desde sus primeros días de vida. Bajo esta premisa, el Plan Kaliber, enfocado en la crianza de terneras, busca fortalecer las bases productivas del rebaño mediante un manejo adecuado de nutrición, sanidad y bienestar animal.
Según Diego Marcel Ogoshi, médico veterinario y nutricionista de rumiantes de De Heus Brasil, el objetivo del programa es garantizar que las terneras reciban los cuidados necesarios durante las primeras etapas de desarrollo, una fase determinante para el desempeño futuro del animal.
«El Plan Kaliber, en realidad, es un plan de crianza de terneras, para que podamos brindarles los cuidados iniciales que necesitan. Toda la inversión que realicemos en estos animales durante sus primeras etapas de vida dará frutos cuando se conviertan en animales productivos, es decir, en vacas lecheras», explicó.
El especialista señaló que todo el manejo aplicado desde la etapa de ternera, pasando por la novilla hasta llegar al primer parto, tiene un impacto directo en la productividad y rentabilidad del animal durante sus primeras lactancias.
«La ternera nace con un potencial genético de producción previamente establecido. No hay nada que podamos hacer para aumentar ese potencial. Sin embargo, si no le brindamos las condiciones adecuadas durante las primeras etapas de la crianza, tanto a la ternera como a la vaquilla, podemos perjudicar su desarrollo», afirmó.
En este sentido, Ogoshi destacó que errores durante la crianza pueden limitar la expresión del potencial genético del animal, principalmente cuando existen fallas relacionadas con la alimentación o el manejo sanitario.
«Todo ese potencial genético que el animal tenía para expresar puede perderse debido a errores en el manejo durante la crianza, ya sea por deficiencias nutricionales o por un manejo sanitario inadecuado de la ternera o de la vaquilla», indicó.
Nutrición desde los primeros días
Uno de los pilares del desarrollo de una futura vaca lechera es una alimentación equilibrada desde el nacimiento. El especialista remarcó la importancia de suministrar proteínas y energía en cantidades adecuadas, además de garantizar un correcto consumo de calostro.
«Debemos procurar suministrar a este animal proteínas y energía de forma equilibrada. También es fundamental proporcionar el calostro en la cantidad, calidad y momento adecuados desde el nacimiento, garantizar un alimento concentrado de buena calidad desde los primeros días de vida y, por supuesto, brindarle la misma atención que tendría un recién nacido», señaló.
El manejo durante esta etapa incluye aspectos básicos, pero determinantes, como la higiene, las condiciones sanitarias y un ambiente adecuado para el crecimiento.
«Esto implica mantener una buena higiene, condiciones sanitarias apropiadas y un ambiente que permita al animal desarrollarse de manera saludable. Ese es el camino para asegurar una buena crianza y el futuro desempeño productivo del animal», sostuvo.

El rumen, una pieza clave en el desarrollo
El desarrollo del rumen es otro de los factores fundamentales en la crianza de terneras. De acuerdo con Ogoshi, el suministro temprano de concentrado permite estimular la formación de las papilas ruminales, estructuras esenciales para la absorción de nutrientes.
«Es fundamental suministrar alimento concentrado desde los primeros días de vida, ya que este será el responsable de estimular la formación de las papilas ruminales», explicó.
Asimismo, destacó la importancia del aporte de fibra mediante forrajes de calidad para favorecer el crecimiento del rumen.
«Es importante proporcionar forrajes, como heno de buena calidad, para favorecer la distensión del rumen y permitir que este órgano aumente su volumen. De esta manera, se busca desarrollar un rumen funcional, capaz de absorber eficientemente los ácidos grasos volátiles, pero también con una alta capacidad de consumo de alimento, de modo que la futura vaca lechera pueda alcanzar un óptimo desempeño productivo», indicó.
La fibra cumple una función esencial en esta etapa inicial, ya que contribuye al desarrollo físico del rumen y a la preparación del animal para su futura vida productiva.
«La principal función de la fibra en esta fase es estimular la expansión del rumen, favorecer el desarrollo de la capacidad digestiva y aumentar el volumen de este órgano», explicó.
Sanidad y prevención desde el nacimiento
El manejo sanitario durante las primeras semanas de vida es determinante para reducir enfermedades y garantizar animales saludables. El especialista explicó que durante este periodo el sistema inmunológico de la ternera aún está en formación.
«Debemos tener mucho cuidado, especialmente durante las primeras dos o tres semanas de vida, ya que en este período el sistema inmunológico del animal aún no está completamente desarrollado», señaló.
Durante esta etapa, la ternera depende inicialmente de la inmunidad pasiva recibida a través del calostro, mientras desarrolla progresivamente sus propias defensas.
«Es precisamente en esta etapa cuando se presenta la mayor incidencia de enfermedades, como diarreas y problemas respiratorios, entre ellos la neumonía», advirtió.
Por ello, recomendó reforzar las medidas de higiene y manejo para evitar la presencia de agentes patógenos.
«Se deben mantener instalaciones secas y limpias, garantizar una adecuada higiene de los corrales, bebederos, comederos y mamaderas, con el fin de evitar que el animal entre en contacto con patógenos, especialmente microorganismos oportunistas que aprovechan este período de baja inmunidad para provocar enfermedades», explicó.
Además, durante épocas de mayor presencia de garrapatas, es necesario incrementar la vigilancia sanitaria para detectar enfermedades a tiempo.
«Como mencioné, el cuidado debe ser similar al que se brinda a un recién nacido: es necesario vigilar al animal constantemente. Ante la aparición de los primeros síntomas de enfermedades como la babesiosis, la anaplasmosis o la tristeza parasitaria bovina, el tratamiento debe iniciarse de inmediato para evitar la pérdida del animal», manifestó.
Una inversión que genera resultados
Para Ogoshi, el cuidado durante las primeras etapas de vida representa una inversión estratégica para el productor lechero, ya que permite obtener animales más sanos, eficientes y rentables.
«Debemos brindar el máximo cuidado durante esta etapa para que la inversión realizada en el animal durante sus primeras fases de vida se traduzca en una mayor rentabilidad cuando alcance su etapa productiva», concluyó.
La crianza adecuada de terneras se convierte así en un factor decisivo para construir un rebaño competitivo. Una correcta alimentación, manejo sanitario, higiene y bienestar permiten que cada animal exprese su potencial genético y alcance mejores niveles de producción, generando beneficios económicos para el productor a mediano y largo plazo.
Fuente: Diego Marcel Ogoshi
Redacción: Publiagro




















