Ante la expectativa generada por el posible comportamiento del fenómeno de El Niño y sus efectos sobre la producción agropecuaria, especialistas remarcan que, más allá de intentar controlar las condiciones climáticas, el principal desafío del sector será fortalecer su capacidad de adaptación mediante planificación, monitoreo y aplicación de tecnologías.
Durante el Foro Técnico: Riesgos y Desafíos del Super Niño, realizado para analizar posibles escenarios climáticos y su impacto sobre la agricultura boliviana, el gerente general de la empresa Profel, Antonio Antezana, explicó que el fenómeno forma parte de procesos naturales de regulación climática que ocurren a escala planetaria.
El Niño como parte del equilibrio climático global
Antezana señaló que los océanos desempeñan un papel determinante en la regulación térmica del planeta y que fenómenos como El Niño y La Niña forman parte de dinámicas naturales de equilibrio.
Explicó que estos procesos responden a variaciones en las temperaturas oceánicas que influyen sobre el comportamiento del clima y generan cambios en variables como precipitaciones, temperatura y disponibilidad de agua.
Según indicó, el fenómeno de El Niño presenta un comportamiento cíclico que históricamente ha sido asociado con intervalos variables de ocurrencia.
“Algunos hablan de ciclos de tres, cuatro o incluso siete años. Más allá del periodo exacto, lo importante es comprender que son procesos naturales que modifican el comportamiento climático y generan impactos que deben ser gestionados”, sostuvo.
Pronósticos y posibles escenarios para la producción
Durante su intervención, el especialista señaló que los datos analizados actualmente muestran condiciones relativamente favorables para el periodo invernal; sin embargo, advirtió que existe atención sobre el comportamiento que podría registrarse durante el verano.
Entre los principales riesgos vinculados a estos escenarios climáticos se encuentran los excesos de lluvia y los períodos de déficit hídrico o sequía, factores que tienen efectos directos sobre el desempeño agrícola.
Antezana recordó que la producción agropecuaria mantiene una relación estrecha con la disponibilidad de agua, por lo que cualquier alteración climática puede traducirse en cambios en productividad, sanidad y manejo de cultivos.
No obstante, destacó que el avance científico y el desarrollo de herramientas agronómicas permiten reducir parte de estos riesgos.
Adaptación y monitoreo, las herramientas que sí están bajo control
El especialista enfatizó que los fenómenos climáticos no pueden evitarse, pero sí pueden gestionarse sus consecuencias mediante decisiones oportunas.

“Si se presentan escenarios de inundación o sequía, no podemos controlar el fenómeno en sí. Lo que sí podemos controlar son nuestras respuestas y nuestra capacidad de adaptación”, explicó.
En ese sentido, recomendó utilizar los pronósticos climáticos como una herramienta de contexto para orientar decisiones productivas y reforzar el monitoreo permanente dentro de cada unidad agrícola.
Indicó que cada cultivo responde de manera diferente a los cambios climáticos y que existen etapas críticas de desarrollo donde una afectación temporal puede generar consecuencias importantes sobre el rendimiento.
Según explicó, en muchos casos los periodos de mayor vulnerabilidad pueden concentrarse entre 20 y 30 días, por lo que el seguimiento oportuno y las decisiones técnicas durante esas ventanas pueden marcar diferencias en los resultados productivos.
Agricultura multidimensional y uso de tecnología
Antezana sostuvo que la agricultura moderna requiere una visión integral para responder a los desafíos climáticos.
Explicó que la producción agrícola ya no depende únicamente del suministro de agua, sino de la interacción entre múltiples factores como suelo, manejo agronómico, características del cultivo y uso eficiente de recursos.
“La agricultura es una ciencia multidimensional. El productor debe integrar distintas disciplinas para resolver los problemas y aprovechar mejor las condiciones disponibles”, señaló.
Asimismo, destacó que actualmente existen tecnologías orientadas a mejorar el aprovechamiento del agua, optimizar el manejo del suelo y aumentar la eficiencia de los cultivos incluso bajo condiciones climáticas menos favorables.
Entre estas herramientas mencionó la importancia del manejo del perfil del suelo, el conocimiento de su textura, la selección adecuada de variedades y el uso de tecnologías que permitan incrementar la eficiencia del recurso hídrico.
Finalmente, remarcó que uno de los principales desafíos para el sector no será reaccionar cuando aparezca el problema, sino prepararse con anticipación y utilizar el conocimiento disponible para disminuir los riesgos.
Fuente: Antonio Antezana
Redacción: Publiagro




















