La presión de selección y el uso repetido de un mismo modo de acción explican la disminución del control químico en campo

La resistencia a pesticidas es un fenómeno biológico que ocurre cuando una población de plagas —incluyendo insectos, malezas y hongos— es capaz de sobrevivir y reproducirse tras la exposición repetida a un producto fitosanitario que, en condiciones normales, debería controlarla. Este proceso representa uno de los principales desafíos para la sostenibilidad de la producción agrícola moderna, debido a su impacto directo en la eficiencia del control químico y en el incremento de los costos de producción.

Desde el punto de vista de técnicos de Rainbow, la resistencia se desarrolla como resultado de la presión de selección ejercida por el uso continuo y no estratégico de los mismos modos de acción. En cada aplicación, los individuos más susceptibles son eliminados, mientras que aquellos con variaciones genéticas que les permiten tolerar el producto sobreviven y transmiten esa característica a su descendencia, incrementando progresivamente la proporción de individuos resistentes en la población.

Existen diferentes mecanismos mediante los cuales las plagas desarrollan resistencia. Uno de ellos es la resistencia conductual, en la que los organismos modifican su comportamiento para evitar el contacto con el pesticida, reduciendo así su exposición. Otro mecanismo es la resistencia por reducción de penetración, asociada a cambios en la cutícula o superficie externa del organismo, que disminuyen la absorción del ingrediente activo.

También se reconoce la resistencia metabólica, caracterizada por un aumento en la capacidad enzimática de detoxificación, lo que permite descomponer o neutralizar el compuesto químico antes de que este ejerza su efecto biológico. Finalmente, la resistencia en el sitio de acción ocurre cuando se presentan mutaciones genéticas que alteran el blanco biológico del pesticida, impidiendo que la molécula se una o actúe de manera efectiva.

La aparición de resistencia no depende únicamente del producto utilizado, sino también de factores agronómicos y de manejo. Entre los principales factores se incluyen el uso repetitivo de un mismo grupo químico, dosis inadecuadas, falta de rotación de modos de acción, aplicaciones innecesarias y ausencia de monitoreo poblacional de plagas.

La aparición de resistencia no depende únicamente del producto utilizado, sino también de factores agronómicos y de manejo. Entre los principales factores se incluyen el uso repetitivo de un mismo grupo químico, dosis inadecuadas, falta de rotación de modos de acción, aplicaciones innecesarias y ausencia de monitoreo poblacional de plagas

Para reducir el riesgo de desarrollo de resistencia, el manejo agronómico recomienda disminuir la presión de selección mediante la rotación de ingredientes activos con diferentes mecanismos de acción, la aplicación de tratamientos únicamente cuando los umbrales económicos lo justifiquen y la integración de herramientas complementarias de control.

El enfoque de manejo integrado de plagas (MIP) constituye una estrategia clave, ya que combina control químico, biológico, cultural y mecánico, reduciendo la dependencia exclusiva de pesticidas. Asimismo, la conservación de enemigos naturales contribuye a mantener el equilibrio ecológico del agroecosistema, disminuyendo la presión de las poblaciones de plagas.

Otro aspecto fundamental es la correcta interpretación de etiquetas y la aplicación precisa de dosis recomendadas, ya que subdosificaciones o aplicaciones excesivas pueden acelerar los procesos de selección de resistencia o generar fallas de control.

En términos de sostenibilidad, el manejo de la resistencia se considera una herramienta esencial para preservar la eficacia de los productos fitosanitarios disponibles en el mercado, garantizando su uso a largo plazo y evitando pérdidas significativas en la productividad agrícola.

En síntesis, la resistencia a pesticidas es un proceso evolutivo inevitable, pero su velocidad y magnitud pueden ser controladas mediante estrategias técnicas adecuadas, basadas en la diversificación de herramientas de manejo y en la aplicación responsable de tecnologías de protección de cultivos.

Fuente: Rainbow

Redacción: Publiagro