Dos familias, generaciones y décadas de esfuerzo se reflejan en animales de alta genética y en un compromiso que trasciende corrales

En el corazón del sector agropecuario boliviano, donde el esfuerzo diario se mezcla con la tradición y la esperanza, existen historias que no solo hablan de producción, sino de legado. Así es el camino que han recorrido la Agropecuaria Las Maras y la hacienda Curichi Grande, dos referentes de la lechería nacional que, con trabajo silencioso y constante, han logrado construir mucho más que hatos de alta genética: han forjado una herencia que hoy continúa viva en las nuevas generaciones.

Ambas agropecuarias comparten algo más profundo que su dedicación a la producción de leche. Comparten valores, historia y una visión que ha sido transmitida de padres a hijos, generación tras generación. El trabajo con las razas Gyr y Girolando no es casualidad; es el resultado de años de compromiso, de decisiones acertadas y de una pasión que se ha mantenido intacta en el tiempo.

Para Eduardo Eguez, propietario de la hacienda Curichi Grande, esta conexión entre ambas familias es evidente. No solo los une una amistad sólida, sino también una forma similar de entender el campo y la vida. “Somos agropecuarias ambas empresas, no solamente hacemos leche, tenemos otras actividades de agricultura, de pecuaria, de genética, y creo que nos hemos complementado muy bien”, expresa con orgullo. Esa complementariedad se refleja hoy en la calidad de los animales que producen, una genética que no se queda en sus corrales, sino que se comparte con otros productores a través de espacios como el remate Legado Lechero.

La historia de Curichi Grande se remonta a 1956, cuando Glober Eguez inició este sueño que hoy, más de 70 años después, sigue creciendo bajo la guía de su familia. Es una historia marcada por el esfuerzo, la constancia y el amor por el campo, valores que han sido el pilar para alcanzar los niveles de excelencia actuales.

“Somos agropecuarias ambas empresas, no solamente hacemos leche, tenemos otras actividades de agricultura, de pecuaria, de genética, y creo que nos hemos complementado muy bien”

Este es otro ejemplar de alta genética perteneciente a agropecuaria Las Maras/ Foto: Publiagro
Este es otro ejemplar de alta genética perteneciente a agropecuaria Las Maras/ Foto: Publiagro

Por su parte, Agropecuaria Las Maras tiene sus raíces aún más atrás, en 1938. Ricardo Frerking, propietario, destaca que lo que hoy se ve es el resultado de décadas de trabajo arduo. “No nos olvidemos que esto no es fruto de la noche a la mañana, es un trabajo de años, de sacrificio para mostrar el resultado que vemos hoy”, afirma. Y ese resultado es contundente: animales que alcanzan registros de hasta 95 litros de leche, reflejo de un potencial genético que no solo beneficia a la empresa, sino a todo el sector.

Hoy, la tercera generación ya está tomando la posta en Las Maras, aportando nuevas ideas sin perder la esencia que sus antecesores construyeron. Es la continuidad de un sueño que se renueva, pero que mantiene intacto su propósito.

Ambos productores coinciden en que, más allá de los logros productivos, lo que verdaderamente llena de satisfacción es el camino recorrido. “Esto llevamos muchos años y con mucha satisfacción”, señala Frerking, recordando además el reconocimiento otorgado por la industria PIL por 39 años de entrega ininterrumpida de leche, un hito que refleja compromiso y responsabilidad.

Historias como las de Las Maras y Curichi Grande demuestran que el éxito en el agro no se mide solo en cifras, sino en la capacidad de construir futuro sobre la base del esfuerzo, la familia y la pasión. Son ejemplos vivos de que cuando el trabajo se hace con dedicación y visión, los resultados no solo se ven en el presente, sino que se proyectan hacia las próximas generaciones.

Hoy, ese legado continúa creciendo, compartiéndose y fortaleciendo al sector lechero boliviano, recordando que detrás de cada litro de leche hay una historia, una familia y un sueño que sigue vigente.

Redacción: Publiagro

Foto: Publiagro
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Klaus Frerking y Eduardo Eguez, la tercera generación encargada del trabajo/ Foto: Publiagro
Klaus Frerking y Eduardo Eguez, la tercera generación encargada del trabajo/ Foto: Publiagro