
La correcta elección del momento, el manejo del suelo y los cuidados iniciales son claves para asegurar la adaptación y crecimiento de las plantas en campo definitivo


El trasplante del palto a su campo definitivo representa una de las etapas más determinantes en la producción de esta fruta reconocida por su alto valor económico y nutricional. Una vez que las semillas han germinado y las plántulas han desarrollado raíces fuertes y brotes vigorosos en vivero, llega el momento de trasladarlas al terreno donde crecerán y producirán de manera permanente. Este proceso demanda una cuidadosa planificación, una adecuada preparación del suelo y una serie de cuidados técnicos que garanticen que las plantas se adapten con éxito y alcancen su máximo potencial productivo.
El ingeniero agrónomo Gustavo Palomino explicó que “el trasplante debe realizarse cuando la plántula ha alcanzado un desarrollo óptimo, con raíces bien formadas y un tamaño que permita su manejo sin afectar su crecimiento futuro”. Agregó que es fundamental elegir sitios con suelos profundos, bien drenados y con buena exposición solar, además de realizar una correcta preparación de los hoyos y emplear sustratos adecuados que favorezcan la fijación de las raíces y la nutrición inicial del árbol.
Preparación del terreno
Para garantizar el éxito del trasplante, Palomino recomienda una preparación previa del terreno que asegure las condiciones ideales para el establecimiento del cultivo. “Para hacer el trasplantado hay que realizar primero una buena preparación del terreno incorporando materia orgánica de 10 a 15 kilos, ponerle unos 100 gramos de fertilizante de descomposición lenta y con eso estamos asegurando el éxito en el campo definitivo”, detalló.
El especialista señaló que el palto se desarrolla mejor en suelos franco arenosos, aunque también puede adaptarse a otras texturas siempre que se trabaje en el mejoramiento del suelo. Este manejo es clave para que el cultivo reciba los nutrientes necesarios y no enfrente limitaciones en su crecimiento.

“El trasplante debe realizarse cuando la plántula ha alcanzado un desarrollo óptimo, con raíces bien formadas y un tamaño que permita su manejo sin afectar su crecimiento futuro”

En cuanto al manejo hídrico, destacó que el riego debe ser frecuente pero ligero, ya que el sistema radicular del palto se encuentra cerca de la superficie. “La raíz está arriba, casi en la superficie del suelo, y es necesario el riego para humedecer tan solo el suelo”, explicó, haciendo énfasis en la importancia de mantener la humedad adecuada mediante el uso de cobertura orgánica que, además de conservar la humedad, promueve el crecimiento de raíces más fuertes y una mejor alimentación de la planta.
Edad y tamaño óptimo de la planta para el trasplante
El éxito del establecimiento en campo depende en gran medida de las condiciones fisiológicas de la plántula. Según las recomendaciones técnicas:
- Las plantas deben tener entre 25 y 40 centímetros de altura, con un tallo de aproximadamente 1 centímetro de diámetro y un sistema radicular bien desarrollado.
- El trasplante se realiza generalmente entre los 6 y 8 meses después de la siembra, cuando la planta muestra vigor y está lista para adaptarse al nuevo entorno.
- En caso de que la planta esté injertada, es esencial verificar que el injerto esté perfectamente soldado antes de proceder al trasplante.
Época ideal de trasplante
La época de trasplante también juega un papel clave en el éxito del cultivo. Los especialistas recomiendan realizarlo al inicio de la temporada de lluvias, cuando el suelo conserva buena humedad y las temperaturas son moderadas. En regiones productivas como los valles cruceños o los Yungas, el trasplante suele efectuarse entre noviembre y enero, aprovechando las condiciones favorables del clima.
Palomino advierte que se deben evitar los días de calor intenso o con vientos fuertes, ya que estas condiciones pueden provocar estrés hídrico y deshidratación de las plántulas, afectando su adaptación inicial y el desarrollo futuro del cultivo.
En conclusión, el trasplante del palto no sólo marca el inicio de la etapa productiva del cultivo, sino que también refleja la importancia de la planificación técnica y el manejo adecuado del suelo y del agua, factores que determinan la longevidad, sanidad y productividad del árbol en las próximas etapas de su desarrollo.
Fuente: Publiagro













